Entradas

Mostrando las entradas con la etiqueta Mirando atrás

Mirando atrás: Rumbo a lo desconocido

A partir del episodio del micro el tipo quedó un tanto amoscado y logró comportarse casi normalmente. Además poco a poco iba adueñándose de los sistemas que estaban a su cargo, lo que en alguna medida lo mantenía ocupado. Un día cualquiera finalmente lo invitaron a almorzar a la mesa común de un grupo de compañeros, así que tenía quién le diera charla y mantuviera su atención un tanto alejada del devenir de ella. Una mañana notó cierto revuelo en el piso: una compañera de laburo con licencia por maternidad había venido de visita con su retoño. En la isla de su izquierda, se armó una conversación entre varios. Ella, que atinaba a pasar por ahí, comentó algo acerca de "mi piojita", en ese tono un tanto forzado que denota el interés de que alguien nos oiga. El tipo registró el dato y al mismo tiempo registró que no sabía nada de ella, excepto que debía tener unos quince años menos que él y que a pesar de sí misma se lo tragaba como un remolino. A la hora del almuerzo pasó por el...

Mirando atrás: Nos siguen pegando abajo.

Con el correr de los días, el tipo y ella fueron encontrando un protocolo medianamente aceptable: hasta aproximadamente cinco metros, ni siquiera se miraban. A partir de esa distancia, no dejaban de mirarse. Por supuesto, no lograban hablarse. A duras penas cambiaban un hola lanzado a todos y a nadie y algún que otro monosílabo -si era inevitable y siempre que hubiera al menos otra persona presente-. Durante los viajes se seguían rastreando, mientras alternativamente hacían como que charlaban con alguien, como que leían, como que dormían, o como que miraban el paisaje. En el viaje de ida, el tipo había encontado un asiento bastante adelante, al lado de una rubiecita cuya principal virtud consistía en estar dormida ya cuando el tipo subía y dormir todo el viaje. Eso le ahorraba al tipo la incomodidad de la charla mientras tenía la cabeza en otra parte. De todos modos, cada mañana podía ver la cabeza pelirroja estirarse para verificar si subía. En el viaje de vuelta, el tipo descubrió qu...

Mirando atrás: Si sabía no venía...

A la semana siguiente del desopilante almuerzo , el tipo había llegado a su escritorio. Encendió la compu y la dejó arrancar (era uno de los carromatos clásicos). Se fue hasta la cocina a prepararse el brebaje matinal (mate cocido o café: todavía no se había llevado su equipito de mate). Venía saliendo cuando, al final del larguísimo pasillo, la vio venir. El tipo midió la distancia que lo separaba de su escritorio y calculó que llegaba a tiempo para no cruzarla, así que se apresuró a volver a su cubículo, que compartía con otro. Él se sentaba a la izquierda, el otro a la derecha, casi dándose la espalda y dejando un pasillo entre ambos, perpendicular al de entrada. El tipo intentó enfrascarse en el estudio del sistema que debía mantener, pero permaneció atento a verla pasar. Ella no pasó. Escuchó que entraba en una de las oficinas al otro lado del pasillo y saludaba. Luego la escuchó emitir un "buenos días" de esos que se lanzan al aire cuando uno no sabe bien a quién saluda...

Mirando atrás: ¿Qué hago acá?

La segunda imagen que el tipo tenía grabada correspondía a un almuerzo. Recién llegado, el tipo había sido invitado a sumarse al tradicional morfi findeañero. Había aceptado ipso facto, ya que en esos eventos es donde uno empieza de a poco a romper el cubito -Ginzburg dixit- con sus nuevos cumpas de laburo. Desorientado como adán el día de la madre, el tipo montó en un vehículo al que le ofrecieron agregarse y aterrizó en el lugar elegido. La misma alma caritativa que lo llevó, lo ubicó cerca suyo en la mesa, donde el tipo todavía no distinguía pato de gallareta en el gentío. El tipo se levantó, plato y tenedor en mano, para ir a saquear alguno de los bien surtidos mostradores del tenedor libre cuando, entrando por el medio del salón, volvió a chocar con esa mirada intensa y altiva que, esta vez, vaciló por un segundo al cruzarse con la suya, que también vaciló. Dando gracias por la distancia que los separaba y maldiciéndose por su falta de aplomo, se dirigió a por el morfi. El tipo vo...

Mirando atrás: Estás en problemas

La primera imagen que el tipo tenía registrada correspondía al bondi en el que volvía de su nuevo laburo todas las tardes. El tipo estaría en su primera semana, o algo así. Esos períodos intolerables donde el que recién llega no tiene muy claro cómo integrarse a su nuevo grupo, ni el grupo logra ir modificándose lo suficiente sin perder autenticidad para dar cabida al nuevo. Y donde todos se dan cuenta de eso, pero no tienen otra solución que esperar que el tiempo pase, y a ver qué onda. Para peor la tensión del tipo se veía aumentada porque, por primera vez en casi quince años, se había propuesto que ese fuera su laburo único y permanente a largo plazo: ya había estado bien de rodar y rodar, pasando de múltiples ocupaciones que le absorbían doce o catorce horas al día a no tener ninguna, casi sin solución de continuidad. Quería terminar con la ansiedad de la carne de consultora, que hacía que aún con tres laburos el tipo leyera detenidamente todos los domingos los avisos agrupados y l...