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Harold Pinter: Arte, verdad y política

Hace unos días leí en su versión en inglés el discurso grabado que envió el escritor Harold Pinter a la ceremonia de entrega de los Nobel para recibir el suyo de Literatura. Hoy lo encontré en español . No tiene desperdicio. Para abrirles el apetito, acá van un par de parrafitos...: "La invasión directa de un estado soberano nunca ha sido el método favorito de Estados Unidos. En la mayoría de los casos, han preferido lo que ellos han descrito como “conflicto de baja intensidad”. Conflicto de baja intensidad significa que miles de personas mueren pero más lentamente que si lanzases una bomba sobre ellos de una sola vez. Significa que infectas el corazón del país, que estableces un tumor maligno y observas el desarrollo de la gangrena. Cuando el pueblo ha sido sometido - o molido a palos, que viene a ser lo mismo – y tus propios amigos, los militares y las grandes corporaciones, se sientan confortablemente en el poder, tú te pones frente a la cámara y dices que la democracia ha pre...

Eterno resplandor...

Sábado a la tardecita. El tipo se había puesto a esperar el bondi cerca de Plaza Congreso. El bondi llega, pero para como veinte metros antes. La gente baja. La morocha pasa delante del bondi. El tipo la mira, ella mira al tipo. Fijo. Cruza la calle. El tipo sonríe y cruza en su dirección. La saluda con la mano. Ella sonríe y devuelve el saludo. - "Hola". - "Hola. ¿Te conozco?" - "Sí, claro, M., vos sos A." - "No me acuerdo..." - "¿No?" El bondi se va, sin el tipo... - "En serio, no..." - "¡Uh! ¡Es como en la peli esa con Drew Barrymore!" - "..." - "Tesplico: Resulta que yo estaba ahí esperando el bondi. El bondi llegó, pero paró como veinte metros antes. Vos te bajaste..." - "¡Ajajajaaa...! ¿Y cómo sabías que yo era A.? " - "Por la medallita en el cuello..." El tipo y A. se van charlando.

Entre las cuerdas

Me enredaste. Me enredaste en mí. En mi mismo enredo. No fue a traición, pero fue de improviso. Tendrías un plan. Pero mi desconcierto, pienso ahora, lo desbarató. Te empujé con el sabor amargo de mi desconcierto, supongo, al sabor amargo de tu laberinto. Cuando pude reaccionar ya estabas en el brete. Es que a vos te gustaba que te mientan un poquito y yo no miento. Vos pareciste resignarte a tu laberinto y yo de los laberintos salgo por arriba. Vibramos al mismo tiempo pero sin concierto. Lo que pudo ser un arpegio fascinante fue dos melodias sonando armónicas pero en compases distintos. O un contrapunto. Pero eso no es lo más importante. Tañiste un instrumento que había estado mudo mucho tiempo. Y todavía estaba afinado. Gracias por eso.

Porque lo que es ya no era...

Uno no termina con la nariz rota por escribir mal; al contrario, escribimos porque nos hemos roto la nariz y no tenemos ningún lugar al que ir. Anton Chejov vacío hastío no escribir de más no poner lo que sabés no saber lo que ponés no decir lo que sentís no sentir lo que decís no buscar lo que no tenés no tener lo que buscás no callar lo que querés no seguir mintiéndote y entonces un nuevo momento volver a empezar lo que no terminaste volver a decir lo que debe decirse volver a comprobar lo olvidado, plenamente recuperado: que tu nariz se cura.

Antitéticas

La rubiecita había subido al bondi primero. Una clásica universitaria veinteañera. Ojos claros de mirada atenta aunque lejana, saquito negro sobre remera sobre musculosa, pantalón negro tipo vaquero, cartera tipo alforja y carpetas. La morocha subió después. Retacona, con obvia ascendencia guaraní. Un poco rellenita, prácticamente sin cintura. Con una pollera cortísima que dejaba ver las piernas, siempre delgadas, de ese tipo de mujer. Pechos firmes, generosos pero no grandes, cuyas tres cuartas partes quedaban ostentosamente a la vista, levantados por un pushup y apenas cubiertos por un top fucsia cruzado, alevosa e intencionalmente abierto. El tipo notó su presencia cuando levantó los ojos en un descanso de su lectura y revoleando la vista se encontró primero con su escote y luego con la mirada intensamente violenta de sus ojos oscuros. La morocha buscaba hacerse notar, ostensiblemente. No con esa actitud falsamente seductora de las prostitutas, sino con acentuada agresividad. Miraba...

En camino

El tipo había llegado a la parada para tomar el bondi. Eran cerca de las diez de la noche. Cinco o seis personas ya hacían cola. Una de ellas había prendido un pucho recién. Justificando la leyenda urbana, en la esquina dobla el bondi y arrima a la parada. La mina tira el pucho para subir. De la entrada de un local surgen dos pibes. Uno aparenta alrededor de los 10 u 11, así que debe tener 13 o 14. El otro aparenta 14 o 15, así que debe andar por los 16 o 17. El más chico se apresura a levantar el pucho casi entero. Lo saborea con fruición, sobreactuando el gesto. Un cuadro de Alonso el rostro enjuto. Los ojos marrones enormes y esa sonrisa increíblemente fresca de que son capaces esos pibes a veces, en medio de la mugre que los cubre, mucho más literalmente de lo que quisieramos. Otro pasajero ve la escena y lo mira al tipo con una cara de preocupación simpática, semisonriente, que encierra todo un mundo de reflexiones. El tipo, distraído por la escena, al ir a subir no ve el caño de ...

What the f...??

El tipo luego de un recorrido inusual llegó al banco. Se sentó al escritorio donde lo esperaban. Leyeron un montón de papeles, firmaron un montón de formularios, blah. La guita cambió de mano, el destinatario revisó morosamente todos y cada uno de los billetes. En definitiva, que el tipo oficializó su carácter de propietario de su nueva casa. Cuando todo parecía concluído, el escribano pela un talonario de formularios y se lo pone delante. "Por favor, tiene que llenarme esto". El tipo dudó. Un instante, nomás. Porque el escribano es el de su familia, lo conoce hace quichicientos años y no daba ni para putearlo ni para cagársele de risa en la jeta. El encabezado del formulario rezaba "Unidad de Investigaciones Financieras - AFIP" o algo por el estilo. Todos los datos personales del tipo, ocupación, bla bla. Qué compra, qué vende, por qué, para qué... Una vez que el tipo termina, el escribano saca la hojita y le pasa el formulario a la jermu del tipo. El tipo, que y...