Estábamos en la casa de G. Era un departamento precioso a una cuadra del Congreso que tenía dependencias de servicio y balcón terraza. G. era el único varón de la familia, así que esas dependencias (un cuartito con baño propio y con la salida de servicio al lado) se habían convertido en su propio monoambiente con la cocina compartida. El balcón terraza con barandal de madera hacía de patio. G. no andaba muy bien de ánimos. Se había peleado con una novia, o una mina no había querido salir con él, algo así… Él y yo éramos amigos desde los 13, más o menos, cuando nos conocimos en una vereda de Barracas. Yo vivía en la ochava y él pasaba por ahí todos los domingos con su familia cuando iban a la iglesia que estaba a mitad de cuadra. Ahora él tenía 19 y a mí me faltaban tres meses para cumplirlos. A G. le gustaba autodefinirse como “tracción a sangre”. Combinaba con naturalidad un dominio exquisito de la técnica –era técnico instrumentista egresado de la Escuela Fábrica de la Shell de Dock...
Me lo afané de acá . OPTIMISMO Y PESIMISMO El tipo se hace pesimista, por lo general, a fuerza de ir viendo lo que les pasa en la vida a los optimistas. Hay un optimismo capaz de producir pesimismos: y es el de los optimistas que enajenan el presente, que desatienden la hora en que se vive a fuerza de anticiparse un futuro prodigioso de esa hora. Aspirar a la plenitud es un modo de conspirar contra ella. Quien aspira a mucho, en efecto, siempre se siente defraudado por lo que pudo, luego, conseguir. Cada hora de la vida tiene una riqueza, un significado y un sentido. Cuando el tipo no aprovecha esa riqueza, no advierte ese significado, no entiende ese sentido, ha sufrido una pérdida que ya con nada podrá compensar. No es optimismo auténtico el de quien espera confiado a que la realidad llegue a tener el tamaño de sus sueños: lo es, en cambio, aquel capaz de vivir su sueño como una realidad. Esperar a que una ilusión se realice, es una falta de respeto para con la ilusión. Esperar a ...
El paso del tipo por la Empresa estuvo signado –entre otras cosas más relevantes y perdurables- por varias casualidades: * El jefe del tipo se crió a la vuelta manzana de su casa. * Uno de sus compañeros hizo toda la secundaria con uno de sus mejores amigos. * Otro estudió en el mismo industrial al que el tipo concurrió de noche. * Una compañera se lo encontró en colectivo y horario completamente inusuales para ambos, máxime considerando que ella estaba fuera de su rumbo cotidiano y el tipo se fue a tomar un bondi que se le piantó y se conformó con ese. Bueno. Un día, cuando ya no laburaba en la Empresa, el tipo –hijo atento y cariñoso- se fue con su vieja a Rodó, en San Juan y Boedo, para elegir una nueva heladera para ella. Aclaremos que, en realidad, la cita original era para dos días antes, pero el encuentro fue postergado en el último minuto. Luego de los usuales trajines y una vez resuelta la selección y compra, el tipo, que ya pensaba rajar para el laburo, escucha a su madre qu...
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