martes, 27 de diciembre de 2005

Llamado a la solidaridad

Otrosidigo: Esta nota de Eduardo Fabregat y los comentarios asociados tampoco tienen desperdicio...

Dentro de tres días se cumple un año de Cromañón.
Mucho se dice y se escribe. Yo dije lo mío al calor de los hechos y un par de veces más. Hoy me encuentro con esta nota de Clarín, que me gusta para darle un posible cierre. Porque pinta un fresco amplísimo no sólo de lo que pasó ahí, sino de algunas otras cosas que pasaron antes y durante todo el año después. Vayan, lean y lagrimeen un poco. Como siempre, para abrirles el apetito, acá un pedacito:

En 18 años de periodismo, la mitad de mi vida, aprendí que el destino suele preparar emboscadas. Uno puede ir hacia un lugar seguro, pero de pronto, algo que nos empuja a cambiar de dirección. Hace más de un año preparaba una nota sobre la Campaña Nacional de Alfabetización, que iba a convocar a voluntarios independientes de la política. Para poder contar la experiencia, en noviembre de 2004, hice el curso de capacitación en el Palacio Sarmiento. En Florencio Varela, una beba dormía en el pecho de su padre, debajo de un ventilador. Tenían un amor de caricias y miradas, ausente de palabras. Ella no tendría tiempo de aprender ninguna, ni siquiera "papá".

—¿Y qué te parece si te ponés al frente de un curso, hay siete adultos que viven cerca de tu trabajo y tienen ganas de aprender? —me tentaron.

Tenía que reacomodar horarios, suspender actividades y pasar más tiempo fuera de casa. Mi hijo, de cuatro años, me sorprendía con la lectura de las primeras letras. Corría el riesgo de perderme esos momentos.

Ya parado al lado del pizarrón, con historias de pobreza que me miraban desde los pupitres, era tarde para arrepentirse. Sólo tuve tiempo para renunciar por escrito a los viáticos de 50 pesos que daban por mes. Luego de nueve encuentros, con el curso avanzado y los alumnos toreando a la ignorancia, recibí un llamado inesperado, que denotaba suma preocupación:

—Tenemos un caso muy delicado, un sobreviviente de Cromañón que perdió a su esposa y a su hija, y no sabe leer ni escribir. Es un pedido especial del Presidente... ¿vos te animás?

jueves, 22 de diciembre de 2005

Harold Pinter: Arte, verdad y política

Hace unos días leí en su versión en inglés el discurso grabado que envió el escritor Harold Pinter a la ceremonia de entrega de los Nobel para recibir el suyo de Literatura. Hoy lo encontré en español. No tiene desperdicio. Para abrirles el apetito, acá van un par de parrafitos...:


"La invasión directa de un estado soberano nunca ha sido el método favorito de Estados Unidos. En la mayoría de los casos, han preferido lo que ellos han descrito como “conflicto de baja intensidad”. Conflicto de baja intensidad significa que miles de personas mueren pero más lentamente que si lanzases una bomba sobre ellos de una sola vez. Significa que infectas el corazón del país, que estableces un tumor maligno y observas el desarrollo de la gangrena. Cuando el pueblo ha sido sometido - o molido a palos, que viene a ser lo mismo – y tus propios amigos, los militares y las grandes corporaciones, se sientan confortablemente en el poder, tú te pones frente a la cámara y dices que la democracia ha prevalecido. Esto fue lo normal en la política exterior de los Estados Unidos durante los años de los que estoy hablando.

La tragedia de Nicaragua fue un ejemplo muy significativo. La escogí para exponerla aquí como un ejemplo claro de cómo ve Estados Unidos su papel en el mundo, tanto entonces como ahora.

Yo estuve presente en una reunión en la embajada de los EEUU en Londres a finales de los 80.

El Congreso de Estados Unidos estaba a punto de decidir si dar más dinero a la Contra para su campaña contra el estado de Nicaragua. Yo era un miembro de una delegación que venía a hablar en nombre de Nicaragua, pero la persona más importante en esta delegación era el Padre John Metcalf. El líder del grupo de EEUU era Raymond Seitz (por aquel entonces el ayudante del embajador, más tarde él mismo sería embajador). El Padre Metcalf dijo: “Señor, dirijo una parroquia en el norte de Nicaragua. Mis feligreses construyeron una escuela, un centro de salud, un centro cultural. Vivíamos en paz. Hace unos pocos meses un grupo de la Contra atacó la parroquia. Lo destruyeron todo: la escuela, el centro de salud, el centro cultural. Violaron a las enfermeras y las maestras, asesinaron a los médicos, de la forma más brutal. Se comportaron como salvajes. Por favor, exija que el gobierno de EEUU retire su apoyo a esta repugnante actividad terrorista.”

Raymond Seitz tenía muy buena reputación como hombre racional, responsable y altamente sofisticado. Era muy respetado en los círculos diplomáticos. Escuchó, hizo una pausa, y entonces habló con gravedad. 'Padre', dijo, 'déjame decirte algo. En la guerra, la gente inocente siempre sufre'. Hubo un frío silencio. Le miramos. Él no parpadeó."

lunes, 19 de diciembre de 2005

Eterno resplandor...

Sábado a la tardecita.
El tipo se había puesto a esperar el bondi cerca de Plaza Congreso.
El bondi llega, pero para como veinte metros antes.
La gente baja. La morocha pasa delante del bondi.
El tipo la mira, ella mira al tipo. Fijo.
Cruza la calle. El tipo sonríe y cruza en su dirección.
La saluda con la mano. Ella sonríe y devuelve el saludo.
- "Hola".
- "Hola. ¿Te conozco?"
- "Sí, claro, M., vos sos A."
- "No me acuerdo..."
- "¿No?"

El bondi se va, sin el tipo...

- "En serio, no..."
- "¡Uh! ¡Es como en la peli esa con Drew Barrymore!"
- "..."
- "Tesplico: Resulta que yo estaba ahí esperando el bondi. El bondi llegó, pero paró como veinte metros antes. Vos te bajaste..."
- "¡Ajajajaaa...! ¿Y cómo sabías que yo era A.? "
- "Por la medallita en el cuello..."

El tipo y A. se van charlando.

viernes, 9 de diciembre de 2005

Entre las cuerdas

Me enredaste. Me enredaste en mí. En mi mismo enredo.
No fue a traición, pero fue de improviso.
Tendrías un plan. Pero mi desconcierto, pienso ahora, lo desbarató.
Te empujé con el sabor amargo de mi desconcierto, supongo, al sabor amargo de tu laberinto.
Cuando pude reaccionar ya estabas en el brete.
Es que a vos te gustaba que te mientan un poquito y yo no miento.
Vos pareciste resignarte a tu laberinto y yo de los laberintos salgo por arriba.
Vibramos al mismo tiempo pero sin concierto.
Lo que pudo ser un arpegio fascinante fue dos melodias sonando armónicas pero en compases distintos. O un contrapunto.
Pero eso no es lo más importante.
Tañiste un instrumento que había estado mudo mucho tiempo.
Y todavía estaba afinado.
Gracias por eso.