miércoles, 25 de enero de 2006

Bolitas

Para los que tienen miedo
Vamo´, arriba, tengan fé
Pa´ los que ya se la juegan
No se olviden lo que fue
Pa´ los que están enterrados
Más allá del socavón
Hay que darle coca al tío
Y laburar con su perdón

Potosí - La vela puerca

“. . . A mi solo me mataréis, pero mañana volveré y seré millones”
El 15 de Noviembre de 1781, un hombre lanzaba esta sentencia a los rostros de sus verdugos. El territorio de lo que hoy es Bolivia acababa de conocer una de las revoluciones indias más grandes de su historia, la ciudad de La Paz había sido cercada dos veces, un fuego de rebeldía invadía valles y altiplano.

El movimiento de independencia de la América española se inició con el 'grito de chuquisaca' el 25 de mayo de 1809. Se constituyó una junta formada por delegados de diversos territorios y presidida por el patriota boliviano Pedro Domingo Murillo. Vencidos los insurrectos por los españoles en la batalla de Chacaltaya en octubre de aquel mismo año, Murillo y otros patriotas fueron pasados por las armas. Las últimas palabras del héroe boliviano fueron:
"La tea que dejo encendida nadie podrá apagarla".


Casi sitiado por la vorágine cotidiana de su mudanza eternamente inconclusa, el tipo se tiró en el sofá y puso uno de los canales que transmitían en directo. Casi de casualidad, con curiosidad más que otra cosa, el tipo pescó la ceremonia ancestral de Tiahuanaco.
Banalizada por su condición de espectáculo mediático, al igual que las guerras y los desastres naturales de los últimos quince años, de pronto, sin embargo, tomó cuerpo. En uno de esos instantes fugaces en que uno "sabe", el tipo adquirió repentinamente conciencia de que estaba presenciando un hecho histórico por cualquier parámetro que se eligiera.
Era impresionante la cantidad de gente reunida, pero mucho más lo era la causa que la reunió.
El segundo presidente aborigen de la historia de las repúblicas de América tomó el micrófono para hablar a esa multitud espontáneamente reunida, y la Puerta del Sol lo enmarcó. Desde ahí llamó a su gente a empujarlo si se frenaba y convocó a los pueblos de latinoamérica a participar en el cambio. "Hay que pasar de la resistencia a la toma del poder", aseveró.
Cuando el Presidente Electo de la República hermana de Bolivia hizo la lista de los antecedentes de los cuales se considera tributario y albacea -"vamos a cumplir las tareas que nos dejaron pendientes" dijo ahí, y pidió un minuto de silencio para ellos al otro día en el Congreso- el tipo sintió la emoción estrujarle la garganta y algunas lágrimas correr por el rostro.

viernes, 13 de enero de 2006

Vivir solo cuesta vida

El tipo había estado charlando con una amiga sobre actos, impulsos y consecuencias. "Me desconcertaste, la mayoría de los tipos no piensan así", había dicho ella. El tipo le había dicho que no hizo algo que realmente quería hacer porque pensó en las consecuencias a mediano plazo.
Días después el tipo meditaba sobre si invitar o no a alguien a probar un vino que compró. O mejor dicho: sobre si darse por aludido por la frase de ella cuando el tipo le sugirió que se lo compre porque era muy rico -"primero tendría que probarlo", había dejado picando unos días antes con desparpajo la casi treintañera-. El tipo sabía de antemano que no iba a darse por aludido pero el solo poder considerar la posibilidad producía un efecto satisfactorio en su autoestima.
En eso andaba el tipo cuando se encontró en un blog con el siguiente párrafo, obviamente referido a alguna gente mayor, escrito por alguien probablemente muy joven:
Yo las comprendo porque se que voy a llegar ahí y voy a sentir el mismo pesar y la misma ansiedad. Cada día realmente puede ser el último. A la vuelta de la esquina ya no hay un choque fortuito con el hombre de tu vida, lo que hay a lo sumo es un vendedor de celulares. La vida no es algo especial y el corazón ya no sufre estampidas.
Es cierto que a mucha gente se le ha encallecido el alma con el correr del tiempo, las desilusiones, los infortunios y tantos otros avatares de la existencia. A algunos, incluso, desde edad temprana.
Pero la mayoría sigue soñando con que a la vuelta de la esquina esté el choque fortuito con el hombre o la mujer de tu vida -si es que todavía ese choque no se produjo-, sigue pensando que la vida es algo especial y el corazón sigue sufriendo estampidas.
Lo que ocurre es que "vida" a partir de determinada edad ya no es la promesa del futuro interminable. El horizonte está a la vista.
Como cada día puede ser el último, ese algo especial que es la vida puede acabarse mañana. "Para toda la vida" puede significar para hoy y mañana. Y el corazón en estampida puede desbarrancarse en el abismo de la nada antes de haber logrado tomar impulso.
Ganas e ilusiones sigue habiendo. En todo caso, algo menos de confianza ciega en la propia infalibilidad, después de una dosis apropiada de cagadas. Lo que no hay es tanto tiempo para desperdiciar. El tipo ha visto sesentones largos empezar nueva vida y nueva familia y beberse los vientos y veinteañeros tan cagones que dan vergüenza ajena.
Puestas las cosas en esa perspectiva, la diferencia sigue siendo, a cualquier edad, la que hay entre la inconciencia y el valor, entre la cobardía y la mesura, entre el resentimiento y la esperanza.