viernes, 31 de diciembre de 2004

Donde mueren las palabras...

Ayer a la noche, el tipo seguía desde la notebook, en su casa, las peripecias del empaquetado final de un producto probablemente llamado a hacer historia en la informática (uno siempre cree eso...).
Quince minutos antes del desastre, alrededor de las 22:45, el tipo intercambió breves y eufóricos saludos con uno de sus cumpas que estaba en la oficina todavía, cuyo último comentario fue "...y nos vamos de vacaciones!!". "Seee", contestó el tipo.
Uno tras otro, fue viendo de un modo casi ritual, los "xxx signed off" de cada uno de los que iban apagando sus máquinas para irse de vacaciones luego de dos años de trabajo consecutivo e ininterrumpido. Había sido un parto que duró mucho más tiempo que el debido, y muchísimo, muchísimo tiempo más que el deseado.

Media hora después, su hijo menor apareció para darle la novedad "se incendió un boliche, por once". Al rato: "hay muertos". Se acabó la película que veían con el otro hijo en el comedor. Se acabó la euforia. "Estaba tocando Callejeros..." "Salí, como va a tocar Callejeros en un bolichito, si llenó una cancha..." "Es Cromañon". En fin.

Hasta la una de la mañana, la tele mostraba primero 9, después 11 muertos. Una notera tiró al aire "más de 100". Gentilmente, desde estudios la hicieron rectificar para que se atuviera a las cifras oficiales.

Alrededor de las 2, cuando la cifra llegaba a 134, el tipo recordó el post de Vir y se mandó a dejar un mensajito corto preguntando como estaba.
Después pasó por el blog de Bater a completar el balance con una puteadísima (gracias, Bater. No se me ocurrió mejor lugar).
Mi hijo llamó a su amigo, que sigue a Callejeros y, para su alivio, lo encontró en su casa, pero buscando a su vez a otros amigos que sí habían ido y de los que todavía no sabía nada.

El saldo final (hasta las 9 de la mañana): 175 muertos, casi 400 internados, muchos al borde de la muerte, cientos y cientos de heridos, shockeados, y vaya a saber uno cuánto más. Y un fin de año de mierda.

Me fui a dormir a las 3 de la mañana, con un nudo en la garganta y el corazón en la boca.
Esta mañana, hice un viaje en bondi desde Parque Patricios hasta Flores que fue terrible. Lagrimeando inconteniblemente y sin poder ver en todo el camino un solo rostro sonriente.
Todos bajo el peso aplastante de nuestra propia tragedia colectiva del comienzo del día de fin de año. O al menos, es la sensación que cargo hoy a cuestas.

Lo que apabulla, lo que desarma, es la increíble banalidad en la que se origina el hecho.
Ahora, seguramente, todos saldrán a la caza indiscriminada de culpables. El dueño del boliche culpará al inconciente que lanzó la bengala, la municipalidad al dueño del boliche, unos políticos a otros, etc., etc., etc.

Pero, precisamente, la pura y brutal banalidad del hecho pone al descubierto otras cosas, en primer lugar la lógica perversa de muchos mecanismos de la convivencia actual.

El o la que tiró la bengala es, seguramente, inimputable. Así como Vir se transó un chabón y se fumó un porro, es probable que este o esta haya hecho al revés, se haya fumado el porro primero y después, en lugar de flashear que la camioneta andaba en dos ruedas, haya flasheado que estaba al aire libre, no sé, cualquier cosa.

El que encadenó la puerta es, seguramente, inimputable. A él lo mandaron, seguramente, quienes llevaron ese grupo a ese local sabiendo desde el vamos que la demanda iba a ser mayor que la oferta (paradigma de los buenos negocios, si lo hay) y quisieron evitar colados. Y aunque se le habrá ocurrido lo irónico de encadenar, justamente, una salida de escape, habrá pensado "quién soy yo".

El dueño del boliche es, seguramente, inimputable. Su objetivo era mantener una buena relación entre su oferta y la demanda. Percibió el peligro. Tomó las medidas que las circunstancias ameritaban: palpado de los que entraban para revisar que no trajeran cosas indeseables y, a estar por un testigo en la tele, el día anterior habló como media hora para pedir que no se usara pirotecnia, porque "nos podemos quemar todos".

Los canales de TV presentes son, seguramente, inimputables. Su misión no es informar, no es entretener, ni mucho menos ser útiles en algo en medio de un desastre tal. La carrera entre los canales para ver quién lograba la toma más desgarradora o la mayor cifra de muertos antes está al servicio de su verdadero y excluyente objetivo: polucionar cerebros y vender minutos de aire.
Los noteros, por dios, los noteros. Son, definitivamente, inimputables. Su misión es dramatizar la realidad, no informar. Me produjeron la mayor carga de exasperación y bronca que tuve en muchísimos años.
Su nulidad absoluta e insanable para percibir las necesidades del momento, su incapacidad completa para usar ese potentísimo aparataje tecnológico para ayudar a organizar la atención del desastre, muestran su total orfandad. Competían por ver quién hacía la pregunta más imbécil y fuera de lugar, quién hacía el relato más escabroso, más corruptamente sensiblero mientras, probablemente, en su cerebrito filisteo se veían como la Mónica o el César del nuevo milenio. Curtidos en la década pasada, lanzados incansables a la búsqueda de un culpable a demonizar. Preguntando a cualquiera que pasara "había matafuegos?", "había seguridad?", "cómo eran las salidas?". Una imbecilidad tras otra.

Y en el medio de todo ese desastre mayúsculo, la única lucesita que ilumina el camino: la gente.
El vecino que sacó los baldes de agua para lavar heridas quemadas en el piso, el laburante que venía en el tren "de laburar lejísimo..." y entró y salió mil veces de ese edificio dantesco cargando cuerpos, el chabón que iba caminando por Rivadavia y cuando vió el desastre entró a sacar cuerpos que no sabía si estaban vivos o muertos. El ex-bombero que conocía el lugar y cuando vio fuego se imaginó el desastre.
Y los pibes y pibas que sacaron a patadas en el culo, literalmente, a los camarógrafos y noteros de los medios que estorbaban mucho y no ayudaban nada.
Y los pibes y pibas que, superado el pánico inicial, cuando lograron salir volvieron a entrar y sacaron cientos y cientos de personas de esa ratonera. Son incontables los relatos de víctimas que dicen "y después no me acuerdo de nada, alguien me sacó".
Dicen que había 6.000 personas adentro. Y todos salieron por una puerta, por lo que se sabe hasta ahora. Imagínense lo que pudo haber sido eso, sin el heroico arrojo de esos pibes que, junto con los transeuntes solidaros, son los que armaron los cordones, son los que más gente sacaron, sin ninguna duda, porque entre muertos y heridos, hubo que cargar unas 500 personas en algo más de dos horas, como mínimo.
Los mismos pibes y pibas, cualquiera de los cuales pudo haber sido el inconciente iniciador de esta tragedia. Porque eso somos los seres humanos, la suma de todas las posibilidades.
Como cantaba en un tiempo Silvio, "si alguien roba comida y después da la vida, qué hacer...".

Todo un símbolo de la complejidad de estos tiempos, este asunto.
Ajústense los cinturones de seguridad, en el 2005 nos queda mucho por hacer...
Y en el 2006, y en el 2007...

miércoles, 29 de diciembre de 2004

Deseos de fin de año

En este nuevo año...
...te deseo primero que ames, y que amando, también seas amado. Y que, de no ser así, seas breve en olvidar y que después de olvidar no guardes rencores.

Deseo pues, que sea así, pero que si no es, sepas "ser" sin desesperar.

Te deseo también que tengas amigos y que, incluso malos e inconstantes, sean valientes y fieles, y que por lo menos haya uno en quién puedas confiar sin dudar.

Y porque la vida es así, te deseo también que tengas enemigos. Ni muchos ni pocos, en la medida exacta, para que, algunas veces, te cuestiones tus propias certezas. Y que en los momentos malos, cuando no quede más nada, esa utilidad sea suficiente para mantenerte en pie.

Igualmente te deseo que seas tolerante; no con los que se equivocan poco, porque eso es fácil, sino con los que se equivocan mucho e irremediablemente, y que haciendo buen uso de esa tolerancia, sirvas de ejemplo a otros.

Te deseo que siendo joven no madures demasiado de prisa, y que ya maduro, no insistas en rejuvenecer, y que siendo viejo no te dediques a desesperar.
Porque cada edad tiene su placer y su dolor y es necesario dejar que fluyan.

Te deseo, de paso, que estés triste. No todo el año, sino apenas un día.
Pero en ese día descubras que la risa diaria es buena, que la risa habitual es sosa y que la risa constante es malsana.

Te deseo que descubras, con urgencia máxima, por encima y a pesar de todo, que existen, y que te rodean, seres oprimidos, tratados con injusticia y personas infelices.

Deseo también que plantes una semilla, por más minúscula que sea y la acompañes en su crecimiento, para que descubras de cuántas vidas está hecho un árbol.

Te deseo, además, que tengas dinero, porque es necesario para ser práctico.
Y que por lo menos una vez por año pongas algo de ese dinero frente a tí y digas: "Esto es mío" , sólo para que quede claro quién es el dueño de quién.

Te deseo también que ninguno de tus afectos muera, pero si muere alguno, puedas llorar sin lamentarte y sufrir sin sentirte culpable.

Te deseo por fin que tengas una buena pareja mañana y al día siguiente, y que cuando estén exhaustos y sonrientes, hablen sobre amor para recomenzar.

Si todas estas cosas llegaran a pasarte, no tengo nada que desearte.

Víctor Hugo

Sepan disculpar que apele a otro, pero recién vengo de un almuerzo de fin de año al que dudé en ir porque sabía que iba a volver como volví. No, la bebida no tuvo nada que ver...
(Y si, che, yo también puedo ser críptico a veces. Para que la diferencia sea más nítida, no...?)

lunes, 27 de diciembre de 2004

Espíritu festivo

Bueno, luego de tanta reflexión profunda, espíritu navideño, onda psi, devaneo literario, etc., no pude menos que compartir esto que me acaban de mandar.

A partir de este momento, la emisora continúa con su programación habitual.
De nada.

viernes, 24 de diciembre de 2004

Postales

El tipo va caminando por la vereda. Avenida muy transitada, mucha gente de compras por las fiestas. Una mujer viene caminando con dos criaturas de entre 3 y 6 años. De pronto, el tipo no sabe muy bien por qué, porque venía en otra, la mujer zarandea de mal modo a una de ellas, mientras le grita con voz impaciente.
Automáticamente, la docena de personas que circulan a su alrededor, incluyendo al tipo, se congelan en su sitio y la miran. La mujer, probablemente un tanto avergonzada de su propia explosión, se pone colorada, sigue hablándole en otro tono a la nena, con voz más bien confusa, y todos siguen su camino.

Al otro día, el tipo sube al bondi que lo lleva del laburo de vuelta a su casa.
Delante de él, dos mujeres con sendas niñas alrededor de los cuatro añitos están sacando sus respectivos boletos.
Las dos nenas se acomodan en el segundo asiento doble, las dos mamás detrás.
Quince minutos de comedida cháchara de las chiquitas, que vienen desmenuzando el mundo en sus comentarios.
Llega el momento de que una de ellas baje. La mamá se levanta, al pasar junto al asiento dice "vamos, Carolina" y se aproxima a la puera delantera para descender.
Carolina, ni noticias, todavía en medio de una extensa despedida, sazonada con abracitos, besitos y arrumacos varios con su amiga.
La mamá, desde la puerta, ya impaciente, urge "¡VAMOS, CAROLINAA!".
Carolina, ni mu. La mamá vuelve hasta el asiento, la toma abruptamente desde atrás por la cintura y baja refunfuñando entre desconcertada y divertida por la puerta delantera. Carolina sigue en la suya, haciéndole muecas y gestitos de despedida a su amiga.
El colectivero cierra la puerta y arranca para seguir su recorrido.

El tipo, desayunando en casa antes de irse a laburar, ve por la tele el caso de la nena que sospechosamente aparece en un bar de la Boca, y ante la duda de los parroquianos, éstos no dejan que los adultos que la acompañan se la lleven y de ese modo la madre reencuentra a su nena. Eso hizo que el tipo ate las tres cosas y se quede pensando en que, a pesar de todo, algunas cosas vienen cambiando con el tiempo y se van incorporando a nuestros hábitos, se van naturalizando.
Ninguna de esas anécdotas hubiera podido ocurrir veinte años antes. En el mejor de los casos, una o dos personas se habrían sorprendido de que una madre zamarreara a su hijo, y la madre hubiera reaccionado desafiante. Y esa o esas personas lo hubieran visto como totalmente natural. El colectivero, que probablemente en esa época hubiera venido contando billetes y monedas, escuchando la música a todo volumen y seguramente fumando, hubiera puteado en voz alta a la madre y a la nena, hubiera puesto primera violentamente y se las hubiera llevado un par de paradas más lejos para que aprendan a no hacerle perder tiempo. Y los parroquianos del bar boquense, aunque quisieran intervenir se hubieran guardado de hacerlo, ya sabemos todos por qué (y los que no: hace veinte años estábamos incluso antes del "felices pascuas, la casa está en orden..."; así de mal).

Dicen que si uno mete un sapo en agua hirviendo, el sapo salta porque se quema. Pero que si uno lo mete en agua fría y la calienta de a poco, el sapo muere hervido sin percibir el cambio de temperatura paulatino.
A lo bueno uno se acostumbra igual que a lo malo, sin darse cuenta cuando el cambio es paulatino e imperceptible. Pero, cada tanto, es bueno detenerse en ese cambio y traerlo al plano de la conciencia, para aprender a valorarlo si es bueno o a contrarrestarlo si es malo.
Feliz Navidá.

jueves, 23 de diciembre de 2004

Compartiendo...

El post de hoy de Reuben.
En todo sentido:
El contenido de su post, por lo que dice, por cómo lo dice. Al menos, a mí me encantó.
Y con las almas que por aquí circulen, para que no se lo pierdan...
Mirá vos. Segunda vez que esto es en primera persona, y ambas son para linkear a los visitantes a otro lado.
:-)
Ah. Y por algo que leí en uno de los comment a su post: no confundan arriba y abajo...

martes, 21 de diciembre de 2004

Piquete y cacerola

El tipo, como todos los días, sale del laburo a morfar afuera, porque sus cumpas mientras morfan hablan de laburo, y eso a él le revienta.
Así que el tipo se va hasta el bodegón de la esquina, pide un bife y una ensalada con una sevenap.
Mira distraídamente la calle (para ser más exactos, las personas que transitan por ella), mientras espera que le traigan el morfi.
Rato después, cuando el tipo ya va por la mitad del almuerzo y se terminó de servir hasta el borde de la copa la seven que quedaba, aparece en la ventana del lugar una mujer. Pinta de andar por los cincuenta -aunque vaya el tipo a saber, por ahí es más joven y la vida la cagó a palos, por ahí tiene más, pero no se le nota-, musculosa y vaquero holgados, le ofrece una de esas tarjetitas de felicidades luminosas.
El tipo niega y agradece.
Entonces la mujer, disculpándose, le pide al tipo un trago de sevenap.
El tipo le explica que sólo puede ofrecerle su copa, ya que no tiene otra, y ya se sirvió lo que quedaba.
La mujer acepta la copa, toma unos tragos, da las gracias mirándolo a los ojos y se va.
El tipo sigue escarbándose distraídamente con el escarbadientes y se termina la copa.
Paga, sale y se va a dar su vuelta habitual de diez o quince cuadras para bajar el morfi.
El sol está insoportable.

Certificado

El tipo se despertó muy temprano.
Antes, incluso, de que sonara el despertador de su celular.
Remoloneó un rato en la cama, pero finalmente se levantó.
El tipo se pegó una ducha, se hizo un café con leche, fue adelante a buscar el diario, pero no lo abrió. Después hizo su recorrido habitual por los links de su blog, a ver qué novedades había, aunque todo con cierto aire distraído.
A eso de las 10 de la matina, el tipo se puso un jogging y una remera, y se fue hasta el banco a sacar guita y pagar una cuota. A la vuelta, entró en el local de fotografía y compró unos rollos.
Once y media se disfrazó de persona civilizada y salió a tomar el bondi. Al rato de esperar, lo convencieron de recurrir a un taxi.
La ceremonia fue bastante corta, sobre todo porque el tipo andaba dándole al obturador de la cámara a lo loco.
Sobre el final, vinieron los consabidos "sí, acepto", y hubo lluvia de pétalos de rosa (almas caritativas deshojaron como 175 flores...!)
Una hora después, unas 30 personas morfaban pizza con cerveza y charlaban animadamente.
Y eso fue todo.
Desde ayer, el tipo es un suegro certificado oficialmente por autoridad competente.

domingo, 19 de diciembre de 2004

Bien mirado...

Es sabido que las estadísticas indican que la mayoría absoluta de los especímenes masculinos, interrogados sobre qué es lo primero que miran en una mujer, se divide entre sus turgencias anteriores superiores y sus turgencias posteriores inferiores (los pechos o la cola, bah...).
Ante la misma pregunta, casi el mismo porcentaje de féminas que el total de especímenes masculinos abarcados por el párrafo anterior, dice que a los tipos les mira los ojos.
Esto ha dado pábulo al surgimiento de multitud de interpretaciones acerca de la espiritualidad femenina, que -vea usté- busca el reflejo del alma en los ojos de los especímenes masculinos, mientras que estos, conducidos por la cabeza equivocada, no piensan más que en "eso"(?).
Pues bien, el tipo descubrió que no es así.

El tipo tiene la costumbre de hacer largas caminatas. Desde su casa hasta el centro o visceversa, de su casa hasta Flores (al laburo) o visceversa, desde su casa hasta el Puente Pueyrredón (a lo de su vieja) o visceversa. En esas caminatas, el tipo disfruta a pleno la grata visión de la fauna femenina con la que se cruza. Y después de unos cuantos años de caminatas y evaluaciones, el tipo terminó por elaborar una teoría personal:

Las féminas suelen sopesar la carnalidad de los especímenes masculinos con la misma fruición que ellos, sólo que desde más lejos. Cuando llegan a la distancia a la cual, a su vez, son evauladas, ellas, efectivamente, miran a los ojos de los especímenes masculinos. El tipo ha comprobado esto personalmente y observando miles de esos cruces de féminas con otros especímenes.
Pero el tipo también ha comprobado que si en ese momento, a su vez, las mira franca y directamente a los ojos -como para facilitarles el trabajo, vió-, la gran mayoría de las féminas mirarán para otro lado abruptamente, como sorprendidas en falta.
Y después de mucho cavilar, llegó a una conclusión: las féminas, competitivas y autoexigentes hasta el agotamiento, cuando miran a los ojos de los tipos en esos cruces no están buscando su espíritu (el de ellos, ¿no?). Bueno, no solamente, ni principalmente, al menos.
Lo que están registrando y apuntando metódicamente, es a qué parte de su anatomía se va dirigiendo la mirada de los especímenes masculinos, y en qué orden.
Qué conclusiones sacarán de eso, qué tan acertadas serán y qué uso les darán, escapa a la pobre y masculina comprensión del tipo. Pero casi se las puede oír, pensando "Ajá, bien... mirá ahí, see. Ahora, mirá esssooo, vamos. No, no, nabo, ¿por qué me habrá mirado la...?"

viernes, 17 de diciembre de 2004

Justificando lo injustificable

Hasta octubre de este año, el tipo no tenía idea de que el mundo blog existiera.
Por esa época, una amiga -bueh, alguien que el tipo sabía que nunca iba a ser otra cosa aunque alguno o ambos quisiera, pero que calificaba ampliamente para excelente amiga, aunque con el tiempo se reveló una habitante nativa de la burbuja de género del post de Let- le mandó por mail el cuentito del ascensor del blog de Dieguez (sorry, pero hace un par de días que el link no funca...).
El tipo se cagó mucho de risa -porque usar el techo del ascensor para transportar cosas es algo que alguna vez ha hecho-, y en breve lapso se volvió adicto al asunto de los blogs.
Rápidamente empezó a jugar con la idea de armar uno, pero... ¿to do what?
Unos días después, le relató a su... ¿conocida, diremos? el encuentro con su compañera de laburo que figura en este blog.
L., la que ¿sabe? de letras le hizo algún elogio a la "fuerza del relato" (?).
A los pocos días, el tipo le envió a su conocida éste relato.
Ella, para su sorpresa, le preguntó "¿éste cuentito va a ser parte de tu blog?".
A partir de allí, todo fue bastante simple. La primera piedra estaba lanzada.
Ahora, aguántenselo ustedes, porque ninguna de las personas mencionadas hasta el momento conoce que el blog existe (al menos, que el tipo sepa...).
Aunque... una duda lo corroe últimamente al tipo: ¿Debería mantener la tercera persona, o ya fue suficiente?
Esa es una de las causas principales de estos nueve días de silencio de radio.
¿Alguien tiene opinión al respecto? (No son tantos, pero, obviamente, el tipo sabe que 3 o 4 almas caritativas cada tanto pasan por aquí...)

martes, 7 de diciembre de 2004

Yo te banco...

Hoy el tipo tuvo que ir al banco a pagar una cuota.
Hecho el pago, le tenían que devolver 36 mangos.
El tipo le pide a la piba que los seis sean en monedas de uno.
La piba las cuenta y se las da. Después, en lugar de 30 mangos -digamos, uno de 10 y uno de 20-, la piba le alcanza 60.
El tipo se queda mirando el ticket y el vuelto, y le dice a la piba: "me estás regalando plata". La piba mira sin entender. "Yo chocho, pero vos vas a tener un mal cierre del día".
La piba pide de vuelta el ticket y la plata, revisa, y bastante desconcertada, cambia los 50 por veinte y dice "si, los iba a tener que poner yo". "Ya lo sé", le dice el tipo con una sonrisa. "Hasta luego", agrega, dándose vuelta para irse, cuando oye que la piba le dice en tono cuasi solemne, "Muchas gracias por su honradez", erguida en una postura de escolar que recita en el acto del 9 de julio.
Llegando a la parada del bondi, el tipo pensó: qué loco, no, que la piba reaccionara así y no sólo agradeciera, sino que solemnnizara un hecho que debería ser natural...
Como decía el cubano Polo Montañez, por eso estamos como estamos.

viernes, 3 de diciembre de 2004

¿Qué vas a ser cuando seas grande, Má...?

El día que a la vieja le dio el "dolorcito entre el pecho y la espalda", después de esperar bastante más de veinte minutos que saliera de hacerse el electro, apareció una enfermera y le dijo al tipo: "la señora está bien, pero el clínico quiere que la vea el cardiólogo, así que va a tener que esperar. Puede pasar".
El tipo pasó y la vió, acostada en la camilla de uno de los cubículos.
Otro rato esperando y aparece el cardiólogo. Repite punto por punto el interrogatorio de la doctorcita de la prepaga, y le recomienda exactamente lo mismo: respeto a la dieta (en lo posible, que ese día directamente no coma nada) y en vista de lo acontecido, estricto reposo.
"Hay dos alternativas:" -dice- "dejarla en observación, o dejarla ir, pero que haga lo que debe". Y se va.
La vieja, que estaba empezando a considerar que la vio cerca, hizo un comentario... ¿distractivo?: "qué querrá decir reposo, para el doctor...?".
Al tipo le quedaba poco aguante, así que le dijo que le preguntara al tordo.
"De la cama al sofá y del sofá a la cama", le contestó.
La vieja se vistió y salieron.
En la calle, la vieja amagó: "acá a unas cuadras pasa el colectivo".
El tipo le preguntó si estaba del tomate, y la hizo subir a un taxi.
A las diez o quince cuadras, el tipo escucha estupefacto que la vieja dice: "ahora llego, me termino de preparar la ensaladita, y me la como con un bifecito".
Ahí el tipo le dijo al tachero: "cuando agarre San Juan, a una cuadra está la estación del subte. Pare que tengo que irme para otro lado".
Se bajó y se fue a lo de su amigo, justo a tiempo para evitar estrangularla con el cinturón de seguridad.

miércoles, 1 de diciembre de 2004

No hay que explicar el porqué, verdad...?

Haloscan commenting and trackback have been added to this blog.

El tipo lo siente por peluca, autor del first comment ever.
Peluca dixit:
nada es casual, nada

Y el tipo respondió:
Ok. Peluca: Guau! First comment ever.
Lastima que no se ve. Me llegó por mail.
No creo que nada sea casual.
Hay de todo, vio.


...pero no se veía nada. Y de pronto se veía todo.
Encima, no se veía dónde agregar las url.
Así que el tipo, de golpe entendió todo y fue a por haloscan.

En este caso, como dice el citado ut-supra: "nada es casual, nada."

lunes, 29 de noviembre de 2004

Casualidades

El paso del tipo por la Empresa estuvo signado –entre otras cosas más relevantes y perdurables- por varias casualidades:

* El jefe del tipo se crió a la vuelta manzana de su casa.
* Uno de sus compañeros hizo toda la secundaria con uno de sus mejores amigos.
* Otro estudió en el mismo industrial al que el tipo concurrió de noche.
* Una compañera se lo encontró en colectivo y horario completamente inusuales para ambos, máxime considerando que ella estaba fuera de su rumbo cotidiano y el tipo se fue a tomar un bondi que se le piantó y se conformó con ese.

Bueno. Un día, cuando ya no laburaba en la Empresa, el tipo –hijo atento y cariñoso- se fue con su vieja a Rodó, en San Juan y Boedo, para elegir una nueva heladera para ella.
Aclaremos que, en realidad, la cita original era para dos días antes, pero el encuentro fue postergado en el último minuto.
Luego de los usuales trajines y una vez resuelta la selección y compra, el tipo, que ya pensaba rajar para el laburo, escucha a su madre que le dice “Vamos hasta la esquina, que quiero ir al baño. Pedite un par de cortados, en todo caso, porque si no, no te lo dejan usar”.
Dicho y hecho, cortado para la vieja y –ya que estaba- capuchino para él mediante, el tipo pierde otros 40 minutos no previstos.
Finalmente salen. Cuando la vieja se va a tomar el 53 en dirección a Constitución y él se va a ir hacia Carlos Calvo a tomarlo en la otra, cae en la cuenta de que ahí nomás, a 4 cuadras, pasa el 134, con lo que la vieja se ahorra un boleto.
Allá van, hacia la parada del 134 que va para la provincia.
El tipo espera el bondi, la vieja se sube. Él se va una cuadrita más, a tomar el 134 pero para Flores.
Llega a Boedo y Garay –destino inusual para él- y cuando está dando vuelta a la esquina, ¿quién está justo, justo, esperando para entrar al cajero automático del banco?
L.
Que desde el primero del mes está de licencia por maternidad y que, para más datos, cuenta, acaba de mudarse.
A 8 cuadras de la casa del tipo, literalmente a la vuelta manzana del gimnasio al que el tipo concurre.
Ahora, se pregunta uno, ¿cuáles serían las probabilidades de que en ese exacto instante en que el tipo pasa por esa esquina inusual, L. esté justo ahí, y no llegando, o yéndose, o adentro del cubículo del cajero…?
Si se acababa de mudar, ¿no sería mucho, pero mucho más probable que se la cruce cualquiera de los tres días de la semana en que va al gimnasio a 150 metros de la nueva casa de L…?

En fin, en tiempos en que la humanidad era (más) ignorante, este tipo de cosas alimentaba el misticismo.
En estos tiempos, en el peor de los casos, podría alentar cierta paranoia.
En el mejor, alienta a escribir estas huevadas…

miércoles, 24 de noviembre de 2004

¿Los últimos serán? ¿Los primeros? (*)

El tipo había ido a lo del mayorista a buscar un pedido para su boliche.
El mayorista había sido proveedor de su padre y de su abuelo, así que el tipo gozaba de prestigio y crédito.
El capo de ventas del mayorista era uno de esos chabones siempre de buena onda, que conocía el valor de un buen servicio a sus clientes. Siempre atento, siempre listo para la gauchada extra. Siempre tiempo para "tomate un cafecito". Un grande.
El tipo -joven, inexperto- no tuvo mejor idea ese día que preguntarle "D., ¿en qué rango estoy como cliente, de uno a diez?"
D., que andaría entonces por los cuarenta y pico, sonrió con su espectacular y cálida sonrisa de tipazo y contestó: "Mirá, nunca te preocupes por ser el primero, o el mejor. Vos dedicate a hacer lo tuyo, del mejor modo que seas capaz y te salga. Cuando llegues a ser el mejor, o el primero, o estés cerca, los demás se van a encargar de hacértelo saber".

No sólo es una de esas lecciones que el tipo atesoró toda la vida: también fue la forma más diplomática imaginable de evitar decirle al tipo que, con su bolichito, debía ranquear en el puesto 1000 -de uno a diez- en la escala del más grande importador de los diez que existían para el rubro.
El tipo nunca volvió a hacerse esas preguntas, ni respecto a sí mismo, ni respecto a los demás.
Mientras tanto, el tipo vive acá, se dedica a lo que le gusta -que no tiene nada que ver con lo que hacía entonces-, y encima le pagan.

Y a la vuelta de un par de décadas, ha podido comprobar -más de una vez, por suerte- que el consejo era absolutamente y rigurosamente acertado.

(*) Traído a la memoria por este post.

sábado, 20 de noviembre de 2004

Se quiere mucho, poquito, nada...

El día que el tipo recibio el llamado de la madre porque "tenía un dolor en el pecho y la espalda", largó lo que estaba haciendo, en la calle cazó el primer taxi y a los quince minutos entraba al depto de ella.
La vieja estaba en la cama. Cuando lo vio entrar como una tromba, lo miró con cara de "no era para tanto, pero ya que estás acá..." - un idishe mame genuino, bah- y le dijo: "ya llamé a la prepaga. Hacéme el favor, andá a la cocina y guardá en la heladera las cosas, que cuando me agarró me estaba preparando una ensaladita".
El tipo, obediente como buen hijo, allá fue. Agarró todo lo que estaba en la mesada, abrió la heladera para guardar las verduritas, vio lo que vio, regresó a la habitación y con la voz más neutra que encontró, preguntó: "¿Y ese mantecol en la heladera...?"
La vieja -que toma dos pastillas para la diabetes por día y durante los últimos veinte años ha portado un nivel de azúcar en sangre promedio que es el doble del normal- contestó "ah... es para los nietos, que vienen en un par de días".
El tipo -que sabe que los nietos cuando ven un mantecol cruzan de vereda- hizo como que le creía, puso cara de circunstancias y a partir de ahí se dedicó a fabricar una zanja en el piso del depto caminando de ida y vuelta por todos lados, como para descargar la tensión que no tenía más remedio que morfarse.
Llegó la doctora de la prepaga, la revisó a full, le dio de tomar un par de cosas y les dijo que ya estaba estabilizada, pero que sin falta se hiciera un electro "hoy mismo".
El tipo se comprometió a que se lo iba a hacer en cuanto la vieja se vistiera y se calzara los zapatos y, efectivamente, a la media hora rumbeaban en un taxi hacia la clínica.
Antes, levantó de la alfombra un tazo de los que vienen en los paquetes de papas fritas que, por supuesto, la vieja no tenía idea de cómo había ido a parar ahí.

martes, 16 de noviembre de 2004

..y llena de orgullo y bizarria, a San Lorenzo se dirigió inmortal.

El tipo no tenía por objetivo meterse con la lengua, más allá de usarla como le salga para llenar espacios aquí.
Pero hoy le tocaron un punto con el que se mete cada vez que puede.
Vale, por lo tanto, el link a este artículo.
Yo adhiero.

viernes, 12 de noviembre de 2004

Te quiero mucho, poquito, nada

El tipo había acompañado a su vieja a hacerse un estudio medio de urgencia. Electro(cardiograma) ordenado por la doctorcita de emergencias que tuvieron que llamar porque a la vieja -que vive sola- le agarró un "dolor en el pecho y en la espalda".
Cuestión que cuando llegan al lugar, la vieja finalmente pasa a que le hagan el estudio y el tipo se va al locutorio de enfrente, a avisar a su amigo del predicamento en que se encuentra.
El amigo le dice "no problem, de todas formas, un electro son quince minutos, en todo caso vení después".
El tipo cruza de vuelta, espera de pie unos diez minutos y como la vieja no reaparece, finalmente se resigna a sentarse y esperar bastantes minutos más.
A su izquierda, en ángulo de noventa grados hacia atrás, una pareja mayorcita (esas edades indefinidas, entre los 60 y los 70, digamos...).
Sale una doctora, llama, ellos se levantan y pasan. Al rato, salen ambos, ella con una carpetita con estudios en la mano.
Ella (aire entre incrédulo y resignado, con la furia contenida en la voz): "Esto me lo contagiaste vos..."
El: "..." (indescifrable).
Ella (Ya en la vereda, mientras la puerta de vidrio se cierra sola): "Andate a la mierda! Desde hoy, no dormimos más juntos..."

miércoles, 10 de noviembre de 2004

No, ni tampoco

"No sabía que te referías a vos en tercera persona", le dijo al tipo L por el MSN.
El tipo le explicó que lo hacía desde que era chiquito.
Y le dio un ejemplo: cuando estaba en la compu tratando de hacerla hacer algo útil y le erraba (habrán notado que las compus se empecinan en hacer lo que uno les dice, y no lo que uno quiere que hagan...), entonces decía "Es un boludo, el tipo!".
"Te puedo hacer una lectura", le contestó ella.
Ante el desconcierto del tipo, le dijo que podía tratarse de una forma de evitar la herida a su narcisismo.
El tipo le dijo que él se consideraba a sí mismo bastante nabo.
Y que, más en general, todos somos más o menos boludos, lo que algunos tardan es en darse cuenta.
"No es la imagen de vos mismo que solés mostrar", recibió por respuesta, cada vez más desconcertado.
"A vos no te cuesta hablar de vos mismo", le dijo L . Y aclaró, para mayor abundamiento: "Desde una posición de autosuficiencia y satisfacción".

Ahí descubrió el tipo que sabía muy poco sobre el tema del narcisismo.
Lo gracioso es que el tipo, al momento de ejemplificar, pensó en la situación opuesta: cuando está tratando de hacer algo, le sale de una, y dice "Qué grande, el tipo!".
Pero dio vuelta el ejemplo para evitar ser tachado de autosuficiente y satisfecho.

Cuestión que al final, ella lo único que hizo fue confirmar su lectura inicial.
Go figure...

lunes, 8 de noviembre de 2004

Hallazgo

El tipo venía caminando hacia el laburo en modo “reflexión”, totalmente ajeno al mundo a su alrededor.
Paso de marcha, polar cerrado hasta arriba, mochila a la espalda y, probablemente, puños cerrados, que es lo que hace cuando hay viento fresco.
De pronto, ocho o diez metros adelante, un gurrumín de no más de tres años, quizá cuatro. El tipito viene caminando con una mujer, camperita con cuello cerrada hasta arriba; se desvía levemente un metro a su izquierda, encaja los hombros, saca el labio inferior y frunce el ceño poniendo cara de serio, aprieta los puños y se lanza a paso de marcha en dirección al tipo, por la misma hilera de baldosas.
Para cuando el tipo se aviva, el soldadito prácticamente se lo lleva puesto.
El tipo lo esquiva a gatas –por de pronto, tiene que frenar en seco- y se da vuelta sonriendo para verlo.
¡Matías! Pega el grito la mujer cuando –tarde, tardísimo- se da cuenta que el enano se entreveró entre las gambas del tipo, ya casi diez metros detrás de ella.
El tipo sigue su camino, pensando en cómo se vería del lado de afuera caminando como venía, para provocarle esa reacción al pibito.

Hello world...!

A ver qué se ve...