martes, 29 de marzo de 2005

Autor anónimo (*)

Antes que Roland Barthes defendiera la idea de hacer anónimo al autor, de divorciarlo de su texto, Tuñón cumplió, acaso sin proponérselo, con la consigna barthesiana.
A modo de homenaje a Aída Lafuente, una mujer que murió peleando hasta el final, el poeta escribió La libertaria.
Tiempo después, cuando visitó España durante un congreso de escritores, en un festival folklórico escuchó cómo cantaban su poema, al que habían musicalizado. Todos repetían sus versos, “estaba toda manchada de sangre... estaba toda manchada de cielo”, y Tuñón quiso decir: “El autor soy yo”.
Pero no lo hizo.
Se acercó al escenario y preguntó: “¿De quiénes son esos versos?”.
Para su asombro le respondieron: “Anónimo, de autor anónimo”.
Tenía 32 años y ya era autor anónimo, universal.
En El poeta murió al amanecer (incluido en Canciones del tercer frente), Tuñón, que murió en 1974, anticipó cómo quería ser recordado:

“Fue un poeta completo de su vida y su obra.
Escribió versos casi celestes, casi mágicos,
de invención verdadera
y como hombre de su tiempo que era
también ardientes cantos y poemas civiles
de esquinas y banderas”.

(*)Tomado del diario de hoy

domingo, 27 de marzo de 2005

Mirando atrás: Nos siguen pegando abajo.

Con el correr de los días, el tipo y ella fueron encontrando un protocolo medianamente aceptable: hasta aproximadamente cinco metros, ni siquiera se miraban. A partir de esa distancia, no dejaban de mirarse. Por supuesto, no lograban hablarse. A duras penas cambiaban un hola lanzado a todos y a nadie y algún que otro monosílabo -si era inevitable y siempre que hubiera al menos otra persona presente-.
Durante los viajes se seguían rastreando, mientras alternativamente hacían como que charlaban con alguien, como que leían, como que dormían, o como que miraban el paisaje.
En el viaje de ida, el tipo había encontado un asiento bastante adelante, al lado de una rubiecita cuya principal virtud consistía en estar dormida ya cuando el tipo subía y dormir todo el viaje. Eso le ahorraba al tipo la incomodidad de la charla mientras tenía la cabeza en otra parte. De todos modos, cada mañana podía ver la cabeza pelirroja estirarse para verificar si subía.
En el viaje de vuelta, el tipo descubrió que había cierta ventaja posicional que se podía obtener: sentándose atrás de todo evitaba los cruces de miradas por el simple hecho de que ella debería volverse para mirarlo y no haría semejante cosa. Excepto una vez en que, sentada en el último asiento de dos se deslizó hasta casi quedar acostada en el asiento y miró hacia el tipo, que estaba en la hilera del fondo, a dos asientos. Mucho tiempo después todavía cierta ternura le entibiaba al tipo el corazón al recordar la ingenuamente desolada expresión de desconcierto de ella al verse tan en evidencia cuando justo en ese momento el tipo a su vez la miró.
El resto del día, en cualquier circunstancia, fuera en el puesto de trabajo, en el comedor, donde cada uno podía estar sentado con su grupo a quince, veinte metros de distancia, cada vez que el tipo la miraba -casi compulsivamente, hay que admitirlo-, los dos faroles a su vez lo enfocaban. Y al tipo le parecía que cada vez era más evidente para la mayoría a su alrededor.
Una mañana, alguien subió antes que el tipo y le copó el lugar junto a la rubia. Sin otra alternativa que derivar hacia el fondo, el tipo descubrió, para su sorpresa, que ella viajaba sin su compañera cotidiana. Tomó una determinación: era hora de darle un corte a todo el asunto y para eso había que socializar civilizadamente, desmitificar, digamos. Se acercó y preguntó: "Perdón, ¿puedo sentarme acá?"
Superado el desconcierto, ella -que obviamente lo vió venir por el pasillo y miraba por la ventanilla esperando que pasara de largo- dijo que sí, por supuesto...
Todo el viaje el tipo apeló a cuanta pavada se le ocurrió que pudiera servir para llenar los silencios y dar pie a algún tipo de interacción más fluída.
Ella casi no se dignó mirarlo. Sus ojos se clavaban persistentemente en el paisaje afuera y respondía prácticamente con monosílabos. A tal punto que el tipo, con los nervios de punta, llegó a la conclusión de que ella lo estaba sobrando.
Al llegar a la planta, se levantó pensando "Bueno, fangulo, si esto sigue así, ya no es culpa mía. Maldita histérica. Nadie va a poder decir que no hice el esfuerzo".
Ipso facto pensó "Ja. ¿Nadie va a poder decir...?" La ridiculez de la situación era palpable. Tan palpable como la desesperante certeza de que ninguno de los dos la quería, de que los dos se resistían, de que no le encontraban la salida.

sábado, 26 de marzo de 2005

Queda prohibido

Queda prohibido llorar sin aprender,
levantarte un día sin saber que hacer,
tener miedo a tus recuerdos.

Queda prohibido no sonreír a los problemas,
no luchar por lo que quieres,
abandonarlo todo por miedo,
no convertir en realidad tus sueños.

Queda prohibido no demostrar tu amor,
hacer que alguien pague tus deudas y mal humor.

Queda prohibido dejar a tus amigos,
no intentar comprender lo que vivieron juntos,
llamarles solo cuando los necesitas.

Queda prohibido no ser tú ante la gente,
fingir ante las personas que no te importan,
hacerte el gracioso con tal de que te recuerden,
olvidar a toda la gente que te quiere.

Queda prohibido no hacer las cosas por ti mismo,
no creer en Dios y hacer tu destino,
tener miedo a la vida y a sus compromisos,
no vivir cada DIA como si fuera un ultimo suspiro.

Queda prohibido echar a alguien de menos sin alegrarte,
olvidar sus ojos, su risa, todo,
porque sus caminos han dejado de abrazarse,
olvidar su pasado y pagarlo con su presente.

Queda prohibido no intentar comprender a las personas,
pensar que sus vidas valen mas que la tuya,
no saber que cada uno tiene su camino y su dicha.

Queda prohibido no crear tu historia,
dejar de dar las gracias a Dios por tu vida,
no tener un momento para la gente que te necesita,
no comprender que lo que la vida te da, también te lo quita.

Queda prohibido no buscar tu felicidad,
no vivir tu vida con una actitud positiva,
no pensar en que podemos ser mejores,
no sentir que sin ti este mundo no seria igual.

Pablo Neruda

miércoles, 23 de marzo de 2005

Nunca más

Tres poemas. Eso, nomás.








Por qué cantamos
M. Benedetti y A. Favero

Si cada hora vino con su muerte,
si el tiempo era una cueva de ladrones,
los aires ya no son tan buenos aires,
la vida nada más que un blanco móvil
y usted preguntará por qué cantamos...

Si los nuestros quedaron sin abrazo,
la patria casi muerta de tristeza,
y el corazón del hombre se hizo añicos
antes de que estallara la vergüenza
Usted preguntará por qué cantamos...

Cantamos porque el río está sonando,
y cuando el río suena suena el río.
Cantamos porque el cruel no tiene nombre
y en cambio tiene nombre su destino.
Cantamos porque el niño y porque todo
y porque algún futuro y porque el pueblo.
Cantamos porque los sobrevivientes
y nuestros muertos quieren que cantemos.
Si fuimos lejos como un horizonte,
si aquí quedaron árboles y cielo,
si cada noche siempre era una ausencia
y cada despertar un desencuentro
Usted preguntará por qué cantamos...

Cantamos porque llueve sobre el surco
y somos militantes de la Vida
y porque no podemos, ni queremos
dejar que la canción se haga cenizas.
Cantamos porque el grito no es bastante
y no es bastante el llanto, ni la bronca.
Cantamos porque creemos en la gente
y porque venceremos la derrota.
Cantamos porque el Sol nos reconoce
y porque el campo huele a primavera
y porque en este tallo, en aquel fruto
cada pregunta tiene su respuesta...

Como la cigarra
María Elena Walsh

Tantas veces me mataron,
tantas veces me morí,
sin embargo estoy aqui
resucitando.
Gracias doy a la desgracia
y a la mano con puñal
porque me mató tan mal,
y seguí cantando.

Cantando al sol como la cigarra
después de un año bajo la tierra,
igual que sobreviviente
que vuelve de la guerra.

Tantas veces me borraron,
tantas desaparecí,
a mi propio entierro fui
sola y llorando.
Hice un nudo en el pañuelo
pero me olvidé después
que no era la única vez,
y volví cantando.

Tantas veces te mataron,
tantas resucitarás,
tantas noches pasarás
desesperando.
A la hora del naufragio
y la de la oscuridad
alguien te rescatará
para ir cantando.

Informe de situación
Víctor Heredia


Paso a detallar a continuación
el suscinto informe que usted demandó;
duele a mi persona tener que expresar
que aquí no ha quedado casi nada en pie.
Mas no desespere, le quiero aclarar
que –aunque el daño es grave - bien pudiera ser
que podamos salvar
todo el trigo joven,
si actuamos con fe
y celeridad.
Parece ser que el temporal
trajo también la calamidad
de cierto tipo de langosta,
que come en grande y a nuestra costa
y de punta a punta del país
se han deglutido todo el maíz.
A los manzanos se los ve
cayendo antes de florecer,
se agusanaron los tomates,
y a las verduras, por más que trate,
ya no hay manera de hacerles bien...
Ya no sé qué hacer
ni tengo con quién.
La gente duda en empezar
la tarea dura de cosechar,
lo poco que queda se va a perder
si, como le dije, no ponemos fe
y celeridad.
Y entre los males y los desmanes
hay cierta gente que – ya se sabe -,
saca provecho de la ocasión;
comprando a uno lo que vale dos
y, haciendo abuso de autoridad,
se llevan hasta la integridad.
Suscribo nombre y apellido
y ruego a usted tome partido
para intentar una solución,
que bien podría ser la unión
de los que aún estamos vivos
para torcer nuestro destino...
Saluda a Ud. un servidor.

Ella no leyó la descripción

El tipo se tomó el bondi como todos los días, pero en horario inusual.
Esa línea cuenta con unas cuántas unidades de las que en el fondo tienen dos asientos, el motor y la puerta de descenso.
Junto al anteúltimo asiento de a uno hay un pasamano vertical de piso a techo, donde al tipo le gusta ubicarse porque levanta el brazo y sostiene la mochilita.
Cuestión que el tipo se va al dofón y se para ahí, colgado en uno de sus pensamientos recurrentes y delirantes de los últimos días.
El bondi para en Puán y Pedro Goyena, esquina por la que pulula una variopinta fauna.
Sube minita (entre veintipico y treintipico, el tipo perdió la habilidad de calcular edades femeninas...), jogging azul de esos que en la época de joven del tipo se usaban para ir a gimnasia. Ojos celestes claros, un metro cincuenta, pelo castaño oscuro recogido en un rodete descuidado. Ni linda ni fea...
Va derechito hacia el mismo lugar y se para al lado del tipo, agarrándose del dichoso pasamanos vertical. El bondi arranca, el tipo se cuelga. Un par de minutos después, mano cerca de la del tipo. El tipo ni mira, sube la mano.
Pasan cinco minutos, el tipo siente pelito en el brazo. Sube más la mano por el pasamano, ya casi a la altura del techo. Sigue contando sílabas de haikus.
Otro par de paradas y la niña decididamente está a cinco centímetros del tipo. El tipo, en otra, ya se agarra del pasamanos del techo y se arrincona hacia el pobre pibe que viene sentado en el último asiento, pie con pie, para hacerle lugar a la minita. Ni modo: otro par de paradas, y la niña mágicamente (?) vuelve a ocupar el espacio libre entre ambos. Se apoya contra el asiento que tiene delante y vira su... pantalón jogging, digamos, hacia el tipo, que ya por muy colgado que sea, baja a tierra. Bueno, mejor dicho, vuelve a la realidad... Un par de minutillos y, cuando ve que el tipo -que es un tipo serio y no se dá con desconocidos/as- no hace ni mu, graciosamente pasa al otro lado del bondi, donde hay un único asiento de uno, y se acomoda ahí. Recién ahí, el tipo cae... ¡Se lo apoyaron...! Desde que era joven que no le pasaba algo así. Se ve que la minita no leyó la descripción del tipo que está pegada abajo, a la izquierda, en su blog...

martes, 22 de marzo de 2005

Yo, consumidor

Vengo piloteando cierta recarga de laburo, combinada con pensamientos delirantes que no permiten hilvanar una redacción decente y presentable (me sale decente o presentable, las dos cosas no. Lo lamento...).
Menos mal que existe ella, que escribe cosas inteligentes para que yo los mande a leerla...

jueves, 17 de marzo de 2005

Clase de español(*)

Una profesora yanqui de español le explicaba a su clase que, a diferencia del inglés, en español los sustantivos tienen género masculino o femenino. "House", por ejemplo, es femenino: "la casa". "Pencil", por otro lado, es masculino: "el lápiz".
Un estudiante preguntó: "¿what gender is computer?". En lugar de darles la respuesta, la profesora dividió la clase en dos grupos, masculino y femenino, y les pidió que decidieran por sí mismos si el sustantivo debía ser masculino o femenino y que dieran tres razones para su decisión.
El grupo de los muchachos decidió que "computer" debía ser definitivamente de género femenino ("la computadora"), porque:

  • Nadie más que su creador puede comprender su lógica interna.

  • Hasta el error más pequeño queda almacenado en la memoria a largo plazo para poder recuperarlo más tarde.

  • En cuanto te comprometés con una, te encontrás gastando la mitad de tu sueldo en accesorios para ella.


El grupo de las chicas decidió que "computer" debía ser definitivamente de género masculino ("el computador"), porque:

  • Tiene un montón de datos, pero ni así puede pensar por sí mismo.

  • Se supone que te ayuda a resolver problemas, pero la mitad del tiempo ES el problema.

  • En cuanto te comprometés con uno, te das cuenta que si hubieras esperado un poquito más, hubieras podido obtener un modelo mejor.


Y ustedes, qué dicen?
(*) Más cosillas que llegan por internet.
De nada, nuevamente...

miércoles, 16 de marzo de 2005

No hay imagen icónica más cool que la del Che!

Ayer o anteayer en un comment le decía a alguien que la realidad siempre supera la ficción. Bueno, pocas lecturas más insólitas he visto en los últimos tiempos que esta.
Pero no por lo que dice la nota, sino por el desalentador hecho de que un diario realmente le dedique su contratapa a semejante pelotudez.
Algo parecido me quedé pensando la semana pasada, viendo la entrevista de los dos muppets de "A dos voces" a mister K: nos guste o no, mister K habla clarito y va al punto, con lo que dejó al descubierto cantidad de tics y agachadas habituales, empezando por la crónica falta de respeto por el entrevistado y por el televidente que consiste en preguntar algo y no dejar contestar "porque tenemos que ir a un corte" (DOS veces lo intentaron. ¡Al presidente de la nación! -que, gracias a dios, se negó a la boutade y contestó antes) y siguiendo con la absoluta orfandad intelectual de estos preclaros exponentes de nuestra fauna "periodística"(?), particularmente a la hora en que ambas "luminarias" tuvieron que sintetizar y rescatar lo esencial de su reportaje.

martes, 15 de marzo de 2005

El Viejo de las ovejas (*)

Estaba un hombre dando de pastar a su rebaño de ovejas, cuando de repente aparece por el inhóspito camino una camioneta 4x4 reluciente. Se detiene frente al viejito y se baja un tipo de no más de 30 años. Se acerca al viejo y le dice: "Señor si yo le adivino cuántas ovejas tiene UD. en su rebaño, ¿me regala una?"
El viejo responde con algo de asombro: "Sí, cómo no, haga nomás."
Entonces el joven vuelve a su 4x4 y saca una Toshiba Tecra 9000 Pentium IV a 2.3Ghz con 512 MB de RAM. Se conecta a la web, baja una base de datos de 50 MB.
Entra a una página de la NASA, mediante un satélite identifica la zona exacta de donde está el rebaño, calcula el promedio histórico del tamaño de una oveja tipo "Merino" mediante una tabla dinámica de Excel y, con la ejecución de algunas Macros personalizadas en Visual Basic, logra completar el diagrama de flujo. Luego de tres horas le responde al viejo:
"Usted tiene 1347 ovejas, 256 machos y 1.091 hembras y 4 pueden estar embarazadas"
El viejo asintió y le dijo que, efectivamente, así era y que se podía llevar una oveja. El joven tomó una y la cargó en su 4x4. Ya estaba por irse, cuando el viejo lo detuvo y le preguntó: "Disculpe, pero si yo llegase a adivinar cuál es su profesión, ¿Ud. me devuelve lo que se acaba de ganar?"
El joven le dijo sonriente:
"¡Seguro, hombre!" mientras abría la puerta de su camioneta para marcharse.
El viejo entonces contestó: "Usted es Consultor"
El joven, completamente sorprendido, dijo: "¡Exacto! ¿Cómo se dio cuenta?"
El viejo le respondió:
"Por 4 razones:
Primero, por pendejo.
Segundo, porque vino sin que yo le llamara.
Tercero, porque me cobró por decirme algo que yo ya sabía y...
Cuarto, porque se nota que no tiene la más puta idea del negocio"

"Ahora, si es tan amable, devuélvame mi PERRO".

(*) Más cosillas que llegan por internet.
De nada, nuevamente...

viernes, 11 de marzo de 2005

Mirando atrás: Si sabía no venía...

A la semana siguiente del desopilante almuerzo, el tipo había llegado a su escritorio. Encendió la compu y la dejó arrancar (era uno de los carromatos clásicos). Se fue hasta la cocina a prepararse el brebaje matinal (mate cocido o café: todavía no se había llevado su equipito de mate). Venía saliendo cuando, al final del larguísimo pasillo, la vio venir.
El tipo midió la distancia que lo separaba de su escritorio y calculó que llegaba a tiempo para no cruzarla, así que se apresuró a volver a su cubículo, que compartía con otro. Él se sentaba a la izquierda, el otro a la derecha, casi dándose la espalda y dejando un pasillo entre ambos, perpendicular al de entrada.
El tipo intentó enfrascarse en el estudio del sistema que debía mantener, pero permaneció atento a verla pasar. Ella no pasó. Escuchó que entraba en una de las oficinas al otro lado del pasillo y saludaba. Luego la escuchó emitir un "buenos días" de esos que se lanzan al aire cuando uno no sabe bien a quién saludar y a quién no.
Al rato, la vio pasar por el pasillo, detrás suyo y hacia la izquierda, con una taza en la mano. Saludó a los de la isla contigua al pasar, se metió en la cocina, dejó la taza, volvió a salir y giró hacia su izquierda dirigiéndose a los baños.
Dio varios pasos y pareció detenerse por un instante imperceptible. Como de casualidad, casi indolentemente, barrió las islas con su mirada, que se detuvo una fracción de segundo en el tipo. Sus ojos volvieron a cruzarse. Siguió su camino. El tipo se sintió confuso: se detuvo donde él lo hubiera hecho, miró como él hubiera mirado. Demasiado familiar todo. "Mejor me meto en el laburo", pensó. Pero no pudo. Sus ojos derivaban con voluntad propia hacia el final de la pared por donde ella debía reaparecer. Finalmente, ella volvió a la cocina sin mirar una sola vez hacia el tipo. Tomó su taza, salió, abrió el armario de los brebajes y ahí, justo en el instante de volver a levantarse, otra vez como al descuido, volvió a clavarle la vista. El tipo, que ya "sabía" que iba a hacer eso, la estaba esperando. Volvieron a clavarse los ojos con empecinamiento. Otro shock. Esto venía mal. Vuelta al monitor. Ella avanzó nuevamente hacia el tipo taza en mano, mirando al frente como sin verlo y se perdió detrás de él por el pasillo.
El tipo escuchó los rudios característicos de alguien que se sienta, abre cajones, enciende su máquina. Resistió el impulso de darse vuelta.
Quince minutos después, en el cristal protector del monitor vió reflejados la melenita de ella y sus ojos. Desaparecieron.
Al rato, la vio nuevamente reflejada en el monitor. "Hasta en la sopa", pensó el tipo desconcertado. Miró a su derecha, algo hacia atrás y la vió. Sus miradas se cruzaron nuevamente. Ella demoró una fracción su mirada en él. Imperceptible, casi como si no lo hiciera pero como si ella tampoco pudiera evitarlo.
Después, se sentó. Ahí. En la isla de al lado, en la misma ubicación que él, separada de su compañero por el mamparo de un metro y pico. A dos metros de distancia. Justo detrás de él. A partir de ese día, cada vez que ella se levantaba o sentaba, sus dos ojos aparecían en el monitor. Antes de seguir su rumbo y desaparecer con esa cadencia que quedaba suspendida en el aire por un segundo, indefectiblemete se clavaban en el tipo . Bang! Bang! Estás liquidado.

lunes, 7 de marzo de 2005

Aclaremos, dijo Lemos

Ayer, el honorable camarada ChamameSoldier se refirió en un comentario en el post precedente a la "invitación a la lujuria sodomilitar inaugurada por Epaminondas, que defendió occidente de los Persas".
Se ve que limitado por el contexto de un comentario, no quiso extenderse más allá, por lo que, humildemente, cumplimos en llevar a vuestro conocimiento que la referida inauguración se produjo en ocasión de encontrarse el general paseando por el lugar donde acampaban sus tropas.
En ese momento un desgarbado soldaducho de provincias, encandilado por la longilínea figura del general, lo llamó por su nombre, pero no pudo evitar que su mala dicción y pronunciación plagada de vicios del lenguaje resultara en: "Epa, minón! ¿Das?".
El general, tomado por sorpresa luego de meses de campaña apenas atenuada por callosas autoayudas, sólo atinó a responder "y bueeeno, si me lo preguntás así...", dando origen a la lujuria sadomilitar mencionada.

Ah, y como ayer cometimos la boutade de no dedicar a quien debíamos el post intitulado "Cosita linda", le dedicamos este:
Para Geiya que lo mira por BlogTV.

Cumplido nuestro cometido, nos retiramos por donde vinimos.
A partir de este momento, "Amo de mi silencio" continúa con su programación habitual.
Muchas gracias.

domingo, 6 de marzo de 2005

Cosita linda

El tipo estaba en la "colimba". Era lo que se llama un soldado "viejo", es decir, de los que llevan cerca de un año y ya conocen la dinámica del asunto, así que a algunas cosas les dan pelota y a otras no.
El cabo primero lo había adoptado de terapeuta ad-honorem -rol que por alguna ignota razón demasiada gente le encaja desde los diez o doce años...- y le contaba su vida, sus historias familiares, sus mambos con la novia, etc., usándolo de hombre de consulta.
Ese lunes, el cabo primero llegó un tanto demacrado, como si hubiera descansado mal, nervioso, mal vestido y mal afeitado. Le contó al tipo que el sábado a la noche, con un grupete de camaradas de armas se habían ido a ese cabarute que el tipo no sabía bien si era en San Miguel, Palomar, o para el lado de Pilar o Tigre, vaya a saber. Lugar con buena onda, del que eran habitués varios de sus compinches de juerga.
Cuestión que cada uno hizo lo que pudo, y el cabo primero se apalabró a una minita que navegaba el lugar sin prisa y con buen lomo. Agrandado como alpargata mojada, el cabo primero garpó tragos, probablemente se hizo gárgaras de autobombo sobre su destacado papel en vaya a saber qué heroicas acciones -eran tiempos movidos, digamos...- y, finalmente, disfrutando de las miradas cómplices de sus compinches, abandonó el lugar con rumbo a algún sitio menos trajinado por terceros.
Todo iba bárbaro, chupón va chupón viene, hasta que el cabo primero metió mano, y encontró... una cosita linda que no debería haber estado ahí. Salió huyendo, probablemente después de golpear al travestido.
Al día siguiente, todo le cerró: la sonrisa cómplice de sus compañeros de parranda se debía, en realidad, a que todos conocían el secreto de la "potra" y lo gastaron a morir.
En fin: una tragedia, vea.
Pero la pregunta que en realidad el cabo primero le hizo al tipo, la que realmente lo dejó turulato durante más de tres meses, fue: "¿pero entonces, de qué es de lo que queda prendado uno...? Yo la toqué y se sentía bien, yo la olí y olía a ensueño, la besé y fue un beso maravilloso... ¿Quiere decir que uno se deja engañar por las apariencias? ¿O...?" y nunca terminó la última pregunta. No volvió a salir de noche durante más de tres meses.
Le hubiera venido bien consultar con un sicólogo, pero en esa época, consultar sicólogos era de putos.
Y con ese tema, el pobre cabo primero tenía más de una pregunta sin respuesta, parece...

jueves, 3 de marzo de 2005

Otro llamado a la solidaridad.

Hace nada más que dos meses.
Otras historias ocupan hoy los titulares de los diarios.
Pareciera que otros intereses ocupan, también, los esfuerzos de algunos de los damnificados.
Porque en su momento me pareció bien pedirles que se dejaran ayudar.
Por lo que nos pegó. Por lo que nos hizo lagrimear. Por que no termine como parece.
Los que pusieron el cuerpo el día de la tragedia -de cualesquiera de las formas posibles, desde víctimas y familiares hasta socorristas-, deberían leer éste artículo con detenimiento y sin preconceptos.