jueves, 20 de octubre de 2005

What the f...??

El tipo luego de un recorrido inusual llegó al banco.
Se sentó al escritorio donde lo esperaban.
Leyeron un montón de papeles, firmaron un montón de formularios, blah.
La guita cambió de mano, el destinatario revisó morosamente todos y cada uno de los billetes.
En definitiva, que el tipo oficializó su carácter de propietario de su nueva casa.
Cuando todo parecía concluído, el escribano pela un talonario de formularios y se lo pone delante.
"Por favor, tiene que llenarme esto".
El tipo dudó. Un instante, nomás. Porque el escribano es el de su familia, lo conoce hace quichicientos años y no daba ni para putearlo ni para cagársele de risa en la jeta.
El encabezado del formulario rezaba "Unidad de Investigaciones Financieras - AFIP" o algo por el estilo. Todos los datos personales del tipo, ocupación, bla bla.
Qué compra, qué vende, por qué, para qué...
Una vez que el tipo termina, el escribano saca la hojita y le pasa el formulario a la jermu del tipo.
El tipo, que ya tiene lapicera en mano, amaga a empezar a llenar los datos.
"No" -interrumpe el escriba- "tiene que ser de su puño y letra".
Ahí el tipo se percata de que obran ya en poder del escribano las respectivas copias pertenecientes a los vendedores.
Increíble, ¿no?
"¿Por qué no se van un poco a... investigar a los que en realidad se afanan todo?" le dice el tipo al escribano. "Por ejemplo, a los dueños del banco éste donde estamos...??"

El escribano concuerda, pero qué remedio...

Ahora, lo peor, pero lo peor de todo no fue eso...
Como último requisito, el escribano pela un tinterito y con su mejor cara de circunstancias, pide: "Ahora, el pulgar, por favor, ahí, en el recuadrito de abajo" y ofrece una servilleta de papel para limpiar la mácula.

Al tipo le vino a la mente la escena esa de "La máquina del tiempo" donde los desprevenidos habitantes del paraíso marchan hacia su destino de hamburguesa sin saberlo...

martes, 18 de octubre de 2005

Comienzo

Los sentidos desbordados controlando tu energía
La sinrazón insurgente absorbiendo tu conciencia.
La acometida del desenfreno.
Y alegría por esos sentimientos.

Su presencia.
Su desasosiego. El aleteo de su duda.

Sentir. Apabullado. Después de tanto tiempo.
Poner palabras a tu sentimiento.
Saber que no hay coincidencia. Que sí correspondencia.
Llamarte a silencio. Retornar a la cordura.
Pero seguir abierto al sentimiento.
Después de tanto tiempo.

jueves, 13 de octubre de 2005

De te fabula narratur (II)

"Acá es donde nos conocimos, yo venía para que me enseñe computación", dice. Su mirada se pierde en ese punto que no es aquí ni ahora, dejándole en el rostro un gesto que recuerda aquel que Korda capturara y que luego se convirtiera en la imagen más unificadora de todo lo que apuesta al futuro.
Mucho más adelante, volverá a aparecer en escena. "Llegamos juntos a la estación Avellaneda y ahí lo perdí. Me dijo que se iba adelante, me dijo que me cuide, le dije que se cuide..." -cuenta. "Volvíamos corriendo" -relata después- "cuando llegué a la estación ya el compañero Maxi estaba en el piso. Traté de asistirlo, entonces llegó Darío y me dijo que me vaya, que ya venía la policía". La voz, por primera vez, se le quiebra. "Lo vi de lejos, levantando la mano y diciendo que lo ayudaran con el herido, pidiendo que no tiren". Se aprieta los ojos y rompe en llanto.

"Llegué a casa para comer desde el trabajo", cuenta otro entrevistado. "Prendí la tele y vi a la policía atropellar con los caballos a las madres. Ya no volví al trabajo a la tarde, me fui para la plaza". Después relatará cómo la bala entró por la parte posterior izquierda de su nuca y quedó alojada en la zona frontal derecha. Un milagro.
Su salvador dice que, simplemente, pensó: "no voy a dejarlos que me saquen otro compañero". Porque fue militante y tiene muchos compañeros desaparecidos. "Este no", dijo. Más adelante contará que en su casa hay un merendero para 170 chicos. "Sabemos lo que no queremos, pero no cómo obtener lo que queremos", reflexiona, "pero sabemos que depende de nosotros. Porque acá hay solidaridad".
Uno tras otro, durante toda la película, desfilan los héroes anónimos sin maquillaje.
Hechos históricos que caen en el olvido, empujados amablemente por el tremendismo de los medios y la cortedad de memoria que fuerzan las urgencias cotidianas: la marcha grande de los piqueteros, la recepción de la clase media en Liniers al grito de "Piquete y cacerola...", el campamento en La Matanza, y montones de historias.
En el comienzo, la combinación de combate callejero, placas fijas con fechas y fotomontajes de primeros planos me recuerdan a Octubre, de Eisenstein. El tema es el mismo.
Pino filmó Memorias del Saqueo, una compacta denuncia del neoliberalismo. Todo el mundo habla, ahora, de los desastres de los noventa, pero deja afuera lo otro que también pasó, y que es lo único que explica que todavía tengamos patria. Pino nos obsequia esta nueva película, en la que nos da la explicación, ya desde el título: "La dignidad de los nadies".

sábado, 1 de octubre de 2005

Ley de la Selva

A partir de hoy, en el estado de Florida, Miami incluido, rige la ley que otorga a los pobladores el derecho a usar armas de fuego contra cualquier persona que a simple vista pueda ser una presunta amenaza para la seguridad individual del que tire del gatillo.

Asegurar por ley la ley de la selva no es algo que cualquiera pueda jactarse de haber hecho...
Lamentablemente, no se les puede negar consistencia en su brutalidad, no...?

Parafraseando a los sufridos mejicanos:
Pobrecito el mundo, tan cerca de Estados Unidos y tan lejos de dios...