jueves, 13 de octubre de 2005

De te fabula narratur (II)

"Acá es donde nos conocimos, yo venía para que me enseñe computación", dice. Su mirada se pierde en ese punto que no es aquí ni ahora, dejándole en el rostro un gesto que recuerda aquel que Korda capturara y que luego se convirtiera en la imagen más unificadora de todo lo que apuesta al futuro.
Mucho más adelante, volverá a aparecer en escena. "Llegamos juntos a la estación Avellaneda y ahí lo perdí. Me dijo que se iba adelante, me dijo que me cuide, le dije que se cuide..." -cuenta. "Volvíamos corriendo" -relata después- "cuando llegué a la estación ya el compañero Maxi estaba en el piso. Traté de asistirlo, entonces llegó Darío y me dijo que me vaya, que ya venía la policía". La voz, por primera vez, se le quiebra. "Lo vi de lejos, levantando la mano y diciendo que lo ayudaran con el herido, pidiendo que no tiren". Se aprieta los ojos y rompe en llanto.

"Llegué a casa para comer desde el trabajo", cuenta otro entrevistado. "Prendí la tele y vi a la policía atropellar con los caballos a las madres. Ya no volví al trabajo a la tarde, me fui para la plaza". Después relatará cómo la bala entró por la parte posterior izquierda de su nuca y quedó alojada en la zona frontal derecha. Un milagro.
Su salvador dice que, simplemente, pensó: "no voy a dejarlos que me saquen otro compañero". Porque fue militante y tiene muchos compañeros desaparecidos. "Este no", dijo. Más adelante contará que en su casa hay un merendero para 170 chicos. "Sabemos lo que no queremos, pero no cómo obtener lo que queremos", reflexiona, "pero sabemos que depende de nosotros. Porque acá hay solidaridad".
Uno tras otro, durante toda la película, desfilan los héroes anónimos sin maquillaje.
Hechos históricos que caen en el olvido, empujados amablemente por el tremendismo de los medios y la cortedad de memoria que fuerzan las urgencias cotidianas: la marcha grande de los piqueteros, la recepción de la clase media en Liniers al grito de "Piquete y cacerola...", el campamento en La Matanza, y montones de historias.
En el comienzo, la combinación de combate callejero, placas fijas con fechas y fotomontajes de primeros planos me recuerdan a Octubre, de Eisenstein. El tema es el mismo.
Pino filmó Memorias del Saqueo, una compacta denuncia del neoliberalismo. Todo el mundo habla, ahora, de los desastres de los noventa, pero deja afuera lo otro que también pasó, y que es lo único que explica que todavía tengamos patria. Pino nos obsequia esta nueva película, en la que nos da la explicación, ya desde el título: "La dignidad de los nadies".

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