martes, 27 de diciembre de 2005

Llamado a la solidaridad

Otrosidigo: Esta nota de Eduardo Fabregat y los comentarios asociados tampoco tienen desperdicio...

Dentro de tres días se cumple un año de Cromañón.
Mucho se dice y se escribe. Yo dije lo mío al calor de los hechos y un par de veces más. Hoy me encuentro con esta nota de Clarín, que me gusta para darle un posible cierre. Porque pinta un fresco amplísimo no sólo de lo que pasó ahí, sino de algunas otras cosas que pasaron antes y durante todo el año después. Vayan, lean y lagrimeen un poco. Como siempre, para abrirles el apetito, acá un pedacito:

En 18 años de periodismo, la mitad de mi vida, aprendí que el destino suele preparar emboscadas. Uno puede ir hacia un lugar seguro, pero de pronto, algo que nos empuja a cambiar de dirección. Hace más de un año preparaba una nota sobre la Campaña Nacional de Alfabetización, que iba a convocar a voluntarios independientes de la política. Para poder contar la experiencia, en noviembre de 2004, hice el curso de capacitación en el Palacio Sarmiento. En Florencio Varela, una beba dormía en el pecho de su padre, debajo de un ventilador. Tenían un amor de caricias y miradas, ausente de palabras. Ella no tendría tiempo de aprender ninguna, ni siquiera "papá".

—¿Y qué te parece si te ponés al frente de un curso, hay siete adultos que viven cerca de tu trabajo y tienen ganas de aprender? —me tentaron.

Tenía que reacomodar horarios, suspender actividades y pasar más tiempo fuera de casa. Mi hijo, de cuatro años, me sorprendía con la lectura de las primeras letras. Corría el riesgo de perderme esos momentos.

Ya parado al lado del pizarrón, con historias de pobreza que me miraban desde los pupitres, era tarde para arrepentirse. Sólo tuve tiempo para renunciar por escrito a los viáticos de 50 pesos que daban por mes. Luego de nueve encuentros, con el curso avanzado y los alumnos toreando a la ignorancia, recibí un llamado inesperado, que denotaba suma preocupación:

—Tenemos un caso muy delicado, un sobreviviente de Cromañón que perdió a su esposa y a su hija, y no sabe leer ni escribir. Es un pedido especial del Presidente... ¿vos te animás?

jueves, 22 de diciembre de 2005

Harold Pinter: Arte, verdad y política

Hace unos días leí en su versión en inglés el discurso grabado que envió el escritor Harold Pinter a la ceremonia de entrega de los Nobel para recibir el suyo de Literatura. Hoy lo encontré en español. No tiene desperdicio. Para abrirles el apetito, acá van un par de parrafitos...:


"La invasión directa de un estado soberano nunca ha sido el método favorito de Estados Unidos. En la mayoría de los casos, han preferido lo que ellos han descrito como “conflicto de baja intensidad”. Conflicto de baja intensidad significa que miles de personas mueren pero más lentamente que si lanzases una bomba sobre ellos de una sola vez. Significa que infectas el corazón del país, que estableces un tumor maligno y observas el desarrollo de la gangrena. Cuando el pueblo ha sido sometido - o molido a palos, que viene a ser lo mismo – y tus propios amigos, los militares y las grandes corporaciones, se sientan confortablemente en el poder, tú te pones frente a la cámara y dices que la democracia ha prevalecido. Esto fue lo normal en la política exterior de los Estados Unidos durante los años de los que estoy hablando.

La tragedia de Nicaragua fue un ejemplo muy significativo. La escogí para exponerla aquí como un ejemplo claro de cómo ve Estados Unidos su papel en el mundo, tanto entonces como ahora.

Yo estuve presente en una reunión en la embajada de los EEUU en Londres a finales de los 80.

El Congreso de Estados Unidos estaba a punto de decidir si dar más dinero a la Contra para su campaña contra el estado de Nicaragua. Yo era un miembro de una delegación que venía a hablar en nombre de Nicaragua, pero la persona más importante en esta delegación era el Padre John Metcalf. El líder del grupo de EEUU era Raymond Seitz (por aquel entonces el ayudante del embajador, más tarde él mismo sería embajador). El Padre Metcalf dijo: “Señor, dirijo una parroquia en el norte de Nicaragua. Mis feligreses construyeron una escuela, un centro de salud, un centro cultural. Vivíamos en paz. Hace unos pocos meses un grupo de la Contra atacó la parroquia. Lo destruyeron todo: la escuela, el centro de salud, el centro cultural. Violaron a las enfermeras y las maestras, asesinaron a los médicos, de la forma más brutal. Se comportaron como salvajes. Por favor, exija que el gobierno de EEUU retire su apoyo a esta repugnante actividad terrorista.”

Raymond Seitz tenía muy buena reputación como hombre racional, responsable y altamente sofisticado. Era muy respetado en los círculos diplomáticos. Escuchó, hizo una pausa, y entonces habló con gravedad. 'Padre', dijo, 'déjame decirte algo. En la guerra, la gente inocente siempre sufre'. Hubo un frío silencio. Le miramos. Él no parpadeó."

lunes, 19 de diciembre de 2005

Eterno resplandor...

Sábado a la tardecita.
El tipo se había puesto a esperar el bondi cerca de Plaza Congreso.
El bondi llega, pero para como veinte metros antes.
La gente baja. La morocha pasa delante del bondi.
El tipo la mira, ella mira al tipo. Fijo.
Cruza la calle. El tipo sonríe y cruza en su dirección.
La saluda con la mano. Ella sonríe y devuelve el saludo.
- "Hola".
- "Hola. ¿Te conozco?"
- "Sí, claro, M., vos sos A."
- "No me acuerdo..."
- "¿No?"

El bondi se va, sin el tipo...

- "En serio, no..."
- "¡Uh! ¡Es como en la peli esa con Drew Barrymore!"
- "..."
- "Tesplico: Resulta que yo estaba ahí esperando el bondi. El bondi llegó, pero paró como veinte metros antes. Vos te bajaste..."
- "¡Ajajajaaa...! ¿Y cómo sabías que yo era A.? "
- "Por la medallita en el cuello..."

El tipo y A. se van charlando.

viernes, 9 de diciembre de 2005

Entre las cuerdas

Me enredaste. Me enredaste en mí. En mi mismo enredo.
No fue a traición, pero fue de improviso.
Tendrías un plan. Pero mi desconcierto, pienso ahora, lo desbarató.
Te empujé con el sabor amargo de mi desconcierto, supongo, al sabor amargo de tu laberinto.
Cuando pude reaccionar ya estabas en el brete.
Es que a vos te gustaba que te mientan un poquito y yo no miento.
Vos pareciste resignarte a tu laberinto y yo de los laberintos salgo por arriba.
Vibramos al mismo tiempo pero sin concierto.
Lo que pudo ser un arpegio fascinante fue dos melodias sonando armónicas pero en compases distintos. O un contrapunto.
Pero eso no es lo más importante.
Tañiste un instrumento que había estado mudo mucho tiempo.
Y todavía estaba afinado.
Gracias por eso.

miércoles, 23 de noviembre de 2005

Porque lo que es ya no era...

Uno no termina con la nariz rota por escribir mal;
al contrario, escribimos porque nos hemos roto la
nariz y no tenemos ningún lugar al que ir.
Anton Chejov

vacío
hastío
no escribir
de más
no poner
lo que sabés
no saber
lo que ponés
no decir
lo que sentís
no sentir
lo que decís
no buscar
lo que no tenés
no tener
lo que buscás
no callar
lo que querés

no seguir mintiéndote

y entonces
un nuevo momento
volver a empezar
lo que no terminaste
volver a decir
lo que debe decirse
volver a comprobar
lo olvidado,
plenamente
recuperado:
que tu nariz se cura.

miércoles, 9 de noviembre de 2005

Antitéticas

La rubiecita había subido al bondi primero. Una clásica universitaria veinteañera. Ojos claros de mirada atenta aunque lejana, saquito negro sobre remera sobre musculosa, pantalón negro tipo vaquero, cartera tipo alforja y carpetas.
La morocha subió después. Retacona, con obvia ascendencia guaraní. Un poco rellenita, prácticamente sin cintura. Con una pollera cortísima que dejaba ver las piernas, siempre delgadas, de ese tipo de mujer. Pechos firmes, generosos pero no grandes, cuyas tres cuartas partes quedaban ostentosamente a la vista, levantados por un pushup y apenas cubiertos por un top fucsia cruzado, alevosa e intencionalmente abierto. El tipo notó su presencia cuando levantó los ojos en un descanso de su lectura y revoleando la vista se encontró primero con su escote y luego con la mirada intensamente violenta de sus ojos oscuros. La morocha buscaba hacerse notar, ostensiblemente. No con esa actitud falsamente seductora de las prostitutas, sino con acentuada agresividad. Miraba desafiante, casi patotera, a quien la mirara, como diciendo "¿¡qué mirás!?". "Esta mina debe tener problemitas", pensó el tipo distraído de su lectura.
El asiento doble delante del tipo se vació. Primero se sentó la rubiecita, hacia el lado de la ventanilla izquierda del bondi. La morocha se le sentó al lado. En ese momento el tipo pudo ver que traía un par de bolsas. También vio su pelo negro, hirsuto y rebelde, con algo de caspa. Recién ahí la rubiecita la vio. Su mano, que acababa de meter en el bolso para sacar los auriculares del walkman, quedó congelada. La miró como si no pudiera creer lo que veía. Alejó la cabeza, incluso, diez centímetros hacia la ventanilla para abarcar mejor el conjunto a su lado. Se colocó los auriculares, mirando de costado una y otra vez. El tipo se imaginó toda clase de pensamientos referidos a la cuestión de género emergiendo en tropel de la cabeza de la rubiecita, que sacó un libro y lo abrió sobre el bolso que apoyaba en la falda. Empezó a leer, pero volvió a alejar la cabeza para mirar a su compañera de asiento. A esas alturas, la morocha, que atraída por el libro intentaba ver de qué se trataba, se percató del desconcierto de la otra. Entonces, agregando obscenidad a la provocación, se despatarró un poco en el asiento y, ajena, llevó los dos brazos hacia arriba, tomándose del pasamanos de su propio asiento y ofreciendo con los brazos abiertos sus pechos semidesnudos al estupor, el desconcierto y el pudor ajeno generales y la lascivia de uno que otro par de ojos desorbitados.

viernes, 4 de noviembre de 2005

En camino

El tipo había llegado a la parada para tomar el bondi. Eran cerca de las diez de la noche. Cinco o seis personas ya hacían cola. Una de ellas había prendido un pucho recién. Justificando la leyenda urbana, en la esquina dobla el bondi y arrima a la parada. La mina tira el pucho para subir. De la entrada de un local surgen dos pibes. Uno aparenta alrededor de los 10 u 11, así que debe tener 13 o 14. El otro aparenta 14 o 15, así que debe andar por los 16 o 17. El más chico se apresura a levantar el pucho casi entero. Lo saborea con fruición, sobreactuando el gesto. Un cuadro de Alonso el rostro enjuto. Los ojos marrones enormes y esa sonrisa increíblemente fresca de que son capaces esos pibes a veces, en medio de la mugre que los cubre, mucho más literalmente de lo que quisieramos. Otro pasajero ve la escena y lo mira al tipo con una cara de preocupación simpática, semisonriente, que encierra todo un mundo de reflexiones. El tipo, distraído por la escena, al ir a subir no ve el caño de desagüe que interrumpe el cordón y pisa en falso, trastablillando aparatosamente. El pibito ríe mientras dice: "¡Qué boludo... el cordón, eh...!". El tipo lo mira a los ojos, levanta las cejas como diciendo "ha visto!" y sonríe. Mientras sube, siente que le tocan el pantalón y el pibe dice "eh, don, chistecito, eh..."
Una vez arriba, el tipo se va al fondo del bondi y se sienta.
Momentos después, los dos pibes llegan ahí. El más grande se sienta al lado del tipo, el pibito en el escalón delante de él. Cuadras más adelante baja el pasajero sentado a la derecha del tipo. El tipo se corre y deja el lugar para que se siente el pibito. El pibito se sienta y toma una de esas aguas saborizadas con limonada. En su roñosísima mano izquierda, cuatro o cinco pesos en monedas de diez centavos.
El tipo piensa en qué podría decirle. ¿Que él también debería tener una oportunidad, pero que nadie se lo dijo? ¿Que puede que esta vez, como pinta la cosa, pueda llegar a tenerla, si sobrevive el tiempo suficiente? ¿Que aunque la taba parece estarse dando vuelta, todavía falta muchísimo?
No hay que decir nada. Toda la secuencia: la naturalidad con que los pibes suben y se sientan, con que los pasajeros aceptan ese roce y esa convivencia, eran inexistentes hace unos años. Algunos cambios se extienden imperceptibles a simple vista pero profundos.
Cuando va a bajar, el tipo lo mira fijo al pibito y lo interpela cómplice: "¡Permiso, señor!". El pibito corre la gamba. Cuando el tipo se está parando ya delante de la puerta, el pibito le retruca: "¡Caballero, eh!".
Tres o cuatro días después, cuando va a entrar al cajero automático de la avenida, el tipo lo ve al pibito durmiendo ahí, en la entrada, despatarrado al amparo del clima benévolo. Algún alma caritativa le dejó encima, entre el pecho y el brazo, una bolsita de nylon con un bruto sanguche de milanesa adentro.

jueves, 20 de octubre de 2005

What the f...??

El tipo luego de un recorrido inusual llegó al banco.
Se sentó al escritorio donde lo esperaban.
Leyeron un montón de papeles, firmaron un montón de formularios, blah.
La guita cambió de mano, el destinatario revisó morosamente todos y cada uno de los billetes.
En definitiva, que el tipo oficializó su carácter de propietario de su nueva casa.
Cuando todo parecía concluído, el escribano pela un talonario de formularios y se lo pone delante.
"Por favor, tiene que llenarme esto".
El tipo dudó. Un instante, nomás. Porque el escribano es el de su familia, lo conoce hace quichicientos años y no daba ni para putearlo ni para cagársele de risa en la jeta.
El encabezado del formulario rezaba "Unidad de Investigaciones Financieras - AFIP" o algo por el estilo. Todos los datos personales del tipo, ocupación, bla bla.
Qué compra, qué vende, por qué, para qué...
Una vez que el tipo termina, el escribano saca la hojita y le pasa el formulario a la jermu del tipo.
El tipo, que ya tiene lapicera en mano, amaga a empezar a llenar los datos.
"No" -interrumpe el escriba- "tiene que ser de su puño y letra".
Ahí el tipo se percata de que obran ya en poder del escribano las respectivas copias pertenecientes a los vendedores.
Increíble, ¿no?
"¿Por qué no se van un poco a... investigar a los que en realidad se afanan todo?" le dice el tipo al escribano. "Por ejemplo, a los dueños del banco éste donde estamos...??"

El escribano concuerda, pero qué remedio...

Ahora, lo peor, pero lo peor de todo no fue eso...
Como último requisito, el escribano pela un tinterito y con su mejor cara de circunstancias, pide: "Ahora, el pulgar, por favor, ahí, en el recuadrito de abajo" y ofrece una servilleta de papel para limpiar la mácula.

Al tipo le vino a la mente la escena esa de "La máquina del tiempo" donde los desprevenidos habitantes del paraíso marchan hacia su destino de hamburguesa sin saberlo...

martes, 18 de octubre de 2005

Comienzo

Los sentidos desbordados controlando tu energía
La sinrazón insurgente absorbiendo tu conciencia.
La acometida del desenfreno.
Y alegría por esos sentimientos.

Su presencia.
Su desasosiego. El aleteo de su duda.

Sentir. Apabullado. Después de tanto tiempo.
Poner palabras a tu sentimiento.
Saber que no hay coincidencia. Que sí correspondencia.
Llamarte a silencio. Retornar a la cordura.
Pero seguir abierto al sentimiento.
Después de tanto tiempo.

jueves, 13 de octubre de 2005

De te fabula narratur (II)

"Acá es donde nos conocimos, yo venía para que me enseñe computación", dice. Su mirada se pierde en ese punto que no es aquí ni ahora, dejándole en el rostro un gesto que recuerda aquel que Korda capturara y que luego se convirtiera en la imagen más unificadora de todo lo que apuesta al futuro.
Mucho más adelante, volverá a aparecer en escena. "Llegamos juntos a la estación Avellaneda y ahí lo perdí. Me dijo que se iba adelante, me dijo que me cuide, le dije que se cuide..." -cuenta. "Volvíamos corriendo" -relata después- "cuando llegué a la estación ya el compañero Maxi estaba en el piso. Traté de asistirlo, entonces llegó Darío y me dijo que me vaya, que ya venía la policía". La voz, por primera vez, se le quiebra. "Lo vi de lejos, levantando la mano y diciendo que lo ayudaran con el herido, pidiendo que no tiren". Se aprieta los ojos y rompe en llanto.

"Llegué a casa para comer desde el trabajo", cuenta otro entrevistado. "Prendí la tele y vi a la policía atropellar con los caballos a las madres. Ya no volví al trabajo a la tarde, me fui para la plaza". Después relatará cómo la bala entró por la parte posterior izquierda de su nuca y quedó alojada en la zona frontal derecha. Un milagro.
Su salvador dice que, simplemente, pensó: "no voy a dejarlos que me saquen otro compañero". Porque fue militante y tiene muchos compañeros desaparecidos. "Este no", dijo. Más adelante contará que en su casa hay un merendero para 170 chicos. "Sabemos lo que no queremos, pero no cómo obtener lo que queremos", reflexiona, "pero sabemos que depende de nosotros. Porque acá hay solidaridad".
Uno tras otro, durante toda la película, desfilan los héroes anónimos sin maquillaje.
Hechos históricos que caen en el olvido, empujados amablemente por el tremendismo de los medios y la cortedad de memoria que fuerzan las urgencias cotidianas: la marcha grande de los piqueteros, la recepción de la clase media en Liniers al grito de "Piquete y cacerola...", el campamento en La Matanza, y montones de historias.
En el comienzo, la combinación de combate callejero, placas fijas con fechas y fotomontajes de primeros planos me recuerdan a Octubre, de Eisenstein. El tema es el mismo.
Pino filmó Memorias del Saqueo, una compacta denuncia del neoliberalismo. Todo el mundo habla, ahora, de los desastres de los noventa, pero deja afuera lo otro que también pasó, y que es lo único que explica que todavía tengamos patria. Pino nos obsequia esta nueva película, en la que nos da la explicación, ya desde el título: "La dignidad de los nadies".

sábado, 1 de octubre de 2005

Ley de la Selva

A partir de hoy, en el estado de Florida, Miami incluido, rige la ley que otorga a los pobladores el derecho a usar armas de fuego contra cualquier persona que a simple vista pueda ser una presunta amenaza para la seguridad individual del que tire del gatillo.

Asegurar por ley la ley de la selva no es algo que cualquiera pueda jactarse de haber hecho...
Lamentablemente, no se les puede negar consistencia en su brutalidad, no...?

Parafraseando a los sufridos mejicanos:
Pobrecito el mundo, tan cerca de Estados Unidos y tan lejos de dios...

miércoles, 28 de septiembre de 2005

Peculiaridades

(I)
"I have kids. Please help me."
Así rezaba el cartón apoyado contra la cadera de la mujer mendicante.
Por extraño que parezca, la mujer estaba sentada a la entrada de la catedral metropolitana, actuando su papel de atracción turística for export.
Por supuesto, similares explicaciones en argento ornaban parecidos cartones situados al lado del primero.

(II)
Viajando hacia J.M.Moreno en un subte de la línea E, de pronto el tipo vio una formación que circulaba por la otra vía.
Contra toda lógica, iba en la misma dirección que la formación en que viajaba el tipo, aunque a velocidad menor. Peor aún, cuando la formación en que viajaba el tipo arrancó de la estación en la que se detuvo luego de adelantarla, la otra, por la otra vía, llegó y se detuvo lo más pancha junto al andén contrario.
Así perdió el tipo una de las certezas que constituyen la seguridad cotidiana de circunstancias que, de otra forma, serían imposibles de afrontar: que los subtes no circulan de contramano.

viernes, 16 de septiembre de 2005

Etiamsi omnes, ego non (III)

Yo no se si usted
lloró de impotencia
alguna vez,
si odió su ser
alguna vez
por prohibirle la sonrisa.
Yo no se si usted
odió queriendo
alguna vez, si
quiso y fue ciego, si
le atrajeron los diez pisos
que nos separan desde el suelo
o tuvo miedo.
Yo no se si
escuchó a moris o
vio belleza o dio tristeza
alguna vez.
Yo no se si
alguna vez
a sus amigos los necesitó,
pero no le alcanzó;
si soñó alguna vez, si
escuchó "Basta" alguna vez, si
se tragó una pared y
después, nada.
Yo no se si
sus problemas se olvidaron o
se acostumbraron,
si vio pureza entre su
cuerpo y el de ella
alguna vez si se durmió
abranzando a alguien
sin quererse despertar,
si comprendió que "dos"
es muy difícil de lograr,
si buscó sin encontrar,
si vio el mar alguna vez
si apretó una mano y
se quedó callado, si
encontró una mirada
alguna vez, si
estuvo en paz y con felicidad,
si en la fuerza de un
abrazo quiso demostrar
lo que sentía y
apretujó un cuerpo frágil.
Yo no se si
no encontró sentido
alguna vez
si se sintió solo y
se cansó de preguntar:
¿POR QUÉ?


Así después
14-12-1974

Porque no hay dos sin tres...

martes, 6 de septiembre de 2005

Katrina

Para quienes se dedican a autoflagelarse con monsergas del tipo "cómo somos los argentinos, eh...": No me jodan más con "la gran democracia del norte", o la supuesta superioridad civilizada de los norteamericanos. Cuando empezaron a verse las primeras imágenes dantescas, un cumpa de laburo incluso me dijo "mirá, y eso les pasó a ellos. Imaginate lo que hubiera sido acá...". Yo me quedé mirándolo sorprendido y le dije que en Santa Fe, sin ir más lejos, no pasó ni una fracción del desastre social y humano que se vio en Nueva Orleans. Como dice Atilio Borón en esta nota de P/12 de hoy:
"En muchos países del mundo desarrollado han ocurrido catástrofes similares a la del Katrina, como en Japón, con el terremoto de Kobe, y lo que invariablemente ha ocurrido fue un florecimiento de la solidaridad social. En los Estados Unidos, en cambio, la profunda patología social de ese país produjo el efecto contrario: un feroz “sálvese quien pueda” que generó saqueos en gran escala, violencia indiscriminada y bandas armadas sueltas por las calles aterrorizando a sobrevivientes y a las patrullas de rescate. Tales aberraciones nos hablan de una sociedad alienada y profundamente escindida, que si no se desintegra en una horrorosa pesadilla hobbesiana de guerra de todos contratodos es merced a su formidable aparato represivo: esos millones de policías, guardias privados y destacamentos armados de todo tipo, más un sistema carcelario que, medido en términos per cápita, no tiene parangón en el mundo. Una sociedad que, en realidad, no es tal a causa de su exacerbado individualismo y total falta de solidaridad". (...) "Los bien pagados impostores que siguen proponiéndonos a los Estados Unidos como un ejemplo, y que apenas ayer cantaban loas a Pinochet y Videla, quedaron también ellos al desnudo, como los sufridos habitantes de Nueva Orleans. Pero a diferencia de éstos, que gritan su rabia, aquéllos permanecen en un vergonzoso silencio."

Ya no hay que imaginarse lo que podría haber sido de este país sin las creaciones populares que significaron los piqueteros, las asambleas, los comedores, los emprendimientos, la Red Solidaria y las miles y miles de iniciativas solidarias de nuestro pueblo. Quedó a la vista en Nueva Orleans...

jueves, 25 de agosto de 2005

Desconfianza

El tipo había tomado el bondi para volver a casa del laburo. Serían las nueve, nueve y media de la noche. Se había sentado en el último asiento individual. La gente iba y venía y el tipo, inmerso en sus propios asuntos, prestaba poca atención.
En algún momento vio subir a una pareja. Él se sentó en el asiento doble a la altura del tipo, del lado del pasillo. Ella un asiento más adelante. Ella se dio vuelta sacando las piernas al pasillo para charlar con él.
El tipo notó que cada tanto ella miraba con disimulo y algo de repulsión a alguien sentado detrás del tipo.
Al rato, el tipo siente que le tocan el hombro y le hablan. No entiende ni jota. Se da vuelta y recibe en pleno rostro el vaho agrio de un aliento alcohólico. Un hombre con rostro del noroeste le está diciendo algo, que finalmente descifra: “Rioja y Parque Patricios…”.
El tipo asiente y le dice que sí, que el bondi lo lleva. Que se tiene que bajar dos paradas después que él. Que se quede tranquilo, que el tipo le va a avisar.
Menos de diez minutos después, el hombre del altiplano insiste. Con un tono entre suplicante y plañidero, dice “Por favoooooor, por favoooooooor” -arrastrando mucho la o- “señor, le pido, de compatriota boliviano a compatriota argentino, yo no me ubico mucho por acá y no sé en quién confiaaaar…”
El tipo se da vuelta nuevamente, hace un gesto de “qué querés que te diga…” e insiste en que se quede tranquilo, que él le va a avisar. La cosa se vuelve a repetir, dos o tres veces.
La minita ya mira al boliviano medio incómoda, mira al tipo con cara de no explicarse qué hace hablándole al otro y después pone esa cara de nada comúnmente conocida como “de perro que lo están culeando”, tan característica de nuestra clase media bien pensante cuando la realidad de la pobreza le juega esa mala pasada de salir del noticiero y pasarle demasiado cerca.
De pronto el tipo se aviva que está viajando en un bondi de la otra línea que lo lleva a su casa y que, en realidad, el boliviano se tiene que bajar no dos paradas después, sino varias vueltas después, ya que el bondi toma por adentro del parque. La explicación no es tan trivial, así que decide que en el punto correcto le va a mostrar el paredón ese, le va a decir “dobla para allá, después para allá y ahí usté se tiene que bajar”. El estado del pobre hombre no amerita una explicación muy abstracta ni muy anticipada…
Varias cuadras antes de ese punto y viendo que el bondi abandona la avenida, el muchacho de la parejita cambia de asiento, se sienta delante del tipo de costado y, él también, pregunta si el bondi vuelve al punto en que, casualmente, el boliviano debe bajar. El tipo le dice que sí y suspira aliviado: ellos le pueden avisar dónde bajar…
En eso, la minita mira al boliviano, mira a su noviecito asustada, hace un par de gestos con los ojos y le dice, moviendo los labios sin sonido: “tiene un cuchillo”. El novio mira al tipo con sonrisa cómplice, pone cara de “¿y?” y le dice a ella que no se caliente, total, en el estado que está, a quién va a joder…
El tipo ya entendió a qué se refería el boliviano: llegó a la conclusión de que estos dos no son confiables. Llegan al punto donde el tipo iba a explicar. Se da vuelta para hablarle y se lo encuentra desparramado sobre el asiento del fondo y profundamente dormido. Seis cuadras completas lo zamarrea, tratando de despertarlo para explicarle, pero no hay caso…
El tipo llega a su parada y se baja. Vaya a saber dónde se despertará ese hombre, pero pasadas las diez y media de la noche no da cruzar a pie seis cuadras de parque que incluye campamento de gente durmiendo en cajas de cartón sumadas a las seis que ahora camina sintiéndose culpable y tan poco confiable como los otros dos...

viernes, 19 de agosto de 2005

Etiamsi omnes, ego non (II)

Ella es
como se me ocurre
Rubia, negra y morena;
y cuando me emborracho de color
arrayán y canela.
Y es una estructura de carne
cuando no tengo frío.
Y es azúcar.
Y se acuesta conmigo
cuando mirando al techo
sueño;
cigarrillos compañeros,
medias luces melancólicas
formando mi escenografía.
Y cuando estoy loco de figuras
es un girasol
y luz y lluvia y olor a tierra
y arco iris
y arenas con cuatro pisadas.
En ella el hoy es mañana.
Y en esos momentos únicos
comparte mi egoismo.
Y tomando coraje
te armo y te desarmo
una pieza niña,
otra pieza mujer
y otra adolescente.
Es ventajoso pensarte,
pensarte y no tenerte;
solo te imagino,
sos irreal
o quizás existas
pero no te ubico
que es lo mismo;
simplemente te asocio con el mar
en un sencillo pensamiento
y el sol tímido
y una caminata
y un girasol
y la lluvia
y el olor a tierra
y arenas
y cuatro pisadas.
Nos contamos pasados
compartimos presentes
y esperamos futuros.

Insomnio
28-01-1974

Otro poemita rescatado del arcón de los recuerdos.
Unos cuantos años después de escrito y con el consiguiente permiso del autor, las últimas tres estrofas cargaron de contenido la tarjeta de invitación a un casamiento.

sábado, 13 de agosto de 2005

Disparos en las sombras

Hablando de hijos y otras yerbas por vaya a saber qué razón, hace un tiempo me acordé de este poema, en particular lo del arco... Hoy de pura casualidad, buscando otras cosas lo encontré.
Acá lo dejo, para solaz de los caminantes que se asomen a mi ventana:


LOS HIJOS

Tus hijos no son tus hijos
son hijos e hijas de la vida
deseosa de sí misma.

No vienen de ti, sino a través de ti
y aunque estén contigo
no te pertenecen.

Puedes darles tu amor,
pero no tus pensamientos, pues,
ellos tienen sus propios pensamientos.

Puedes abrigar sus cuerpos,
pero no sus almas, porque ellas,
viven en la casa del mañana,
que no puedes visitar
ni siquiera en sueños.

Puedes esforzarte en ser como ellos,
pero no procures hacerlos semejantes a ti
porque la vida no retrocede,
ni se detiene en el ayer.

Tú eres el arco del cual, tus hijos
como flechas vivas son lanzados.
Deja que la inclinación
en tu mano de arquero
sea para la felicidad.
Khalil Gibran

lunes, 8 de agosto de 2005

Mutaciones

El tipo andaba en plan de mudanza. Había decidido salir de recorrida por las inmobiliarias de la zona y se mandó para el lado comercial del barrio, donde conviven varias de ellas unas junto a otras en un radio de pocas cuadras.
El tipo se detenía ante cada una de ellas y estudiaba atentamente la oferta de las tarjetas, mirando la vidriera con la ñata contra el vidrio: la casa despampanante y con valor de seis dígitos en dólares, el chalet venido a menos, el PH a refaccionar, el depto coqueto pero chiquito, el depto grande pero oscurísimo...
A la hora, o algo así, ya tenía una ensalada en el coco y trataba de agrupar con alguna lógica la variadísima muestra que venía recolectando. ¿Qué sería lo mejor? ¿Privilegiamos la zona, aunque sea más chico el PH...? ¿Elegimos el más lindo, aunque nos quede en el culo del mundo...? ¿El PH aquél a refaccionar, que está a diez cuadras de casa, o el depto ese que es impresionante, pero tiene un ambiente menos...? ¿Compramos barato y gastamos lo que nos queda en arreglar a nuestro gusto, o ponemos lo que hay y lo que no hay y compramos como para mudarnos ya...? ¿Qué hacer? La ansiedad se iba apoderando de él, las opciones iban creando una enorme bola de nieve que crecía a cada momento, sometiéndolo a la presión de tener que optar entre cosas tan diferentes.
En eso venía cuando a mitad de una cuadra entre dos inmobiliarias, pasó por un local cerrado. Un clásico de los noventa, con seguridad había sido un banco, o una financiera, o una casa de cambio: frente amplio y con detalles de arquitectura, vidrieras de cristal templado esfumado en tono verde para impedir el paso del sol, la evidencia de una puerta giratoria amurallada en un cilindro de acero inoxidable, un umbral amplísimo de sección triangular, ya que el frente hacía ángulo a treinta grados con la línea de la vereda.
En el umbral, una incontable cantidad de objetos de todo tipo y tamaño, coronada por dos colchones totalmente desvencijados, uno con los resortes afuera. Sobre un costado, una improvisada mesita con un termo y un mate, un par de atados indescifrables de ropa, mantas y vaya a saber uno qué.
Toda la instalación rebosando mugre, servía de habitáculo a un hombre en los cuarenta, barba y pelo renegridos e hirsutos enmarcando un rostro que al tipo le recordó a los daguerrotipos de Facundo Quiroga. El hombre miró al tipo fijo, con unos ojos verdeazules limpios y directos y con esa mirada inconmovible e impenetrable de quien ha visto demasiado.
En ese preciso instante, la inmensa bola de nieve de sus ansiedades y angustias se derritió hasta dejar una microscópica bolita que lograba, apenas, superar la insignificancia.

jueves, 21 de julio de 2005

Etiamsi omnes, ego non

Celebramos nuestra amistad cada minuto de nuestras vidas. Como amigos, entre quienes nos conocían -nos quisieran más o menos- fuimos leyenda. Yo era su conciencia crítica y él la mía. Y aunque buena parte del tiempo no estuviéramos de acuerdo, era práctica común preguntarle a uno qué opinaba el otro de algo y que éste pudiera responder con exactitud. Era impensable que alguno de nosotros tomara una decisión sin la opinión del otro.
Fue un honor conocerlo. Y una suerte. Sin él, más de la mitad de lo que soy no sería...
No recuerdo la primera vez que lo ví. O probablemente sí, pero no la identifico como la primera. Andábamos por los 13 y todavía yo era más alto; él todavía no había pegado el estirón que lo llevaría a su metro noventa y su estampa de vikingo.
Sí recuerdo la última vez que lo ví. Su hermana me avisó que no estaba bien, en qué hospital estaba y que sería una buena idea ir a visitarlo. Por esas vueltas de la vida, hacía muchísimo que no nos veíamos. Se sorprendió al verme entrar. Preguntó qué hacía ahí.
A mí me sorprendió su estado. Casi calvo, semidesdentado, el cuerpo hinchado por la medicación, el soporte del suero y sus idas y venidas, similares a las de Tom Hanks en Filadelfia, el rostro gastado. El cáncer, inoperable.
Él a pesar de todo seguía siendo el mismo. Empecinado, cálido, agudo, pensador profundo, sensible, caprichoso por momentos. "Tracción a sangre", como le gustaba definirse.
Pasamos dos o tres horas charlando con él, su compañera, su hermana mayor, su hermana más chiquita que venía directamente del aeropuerto.
Uno o dos meses después, su compañera me llamó por teléfono.
"Quedate tranquilo, no vengas. Yo sé lo que él y vos pensaban de todo este asunto, de los velorios y los entierros. Pero es por la familia. No te hagas problema. Sí, sí. Si necesito algo te aviso".

Como corrector "oficial" de lo que escribía, guardo hace décadas algunos de sus poemas que más me gustaron. Vaya el más largo, porque sí:

Estoy acostado al lado de la música,
Daniel y Miguel dormitan
una mujer-niña bajo la lluvia
en sus tibios pensamientos,
me crucé algunas miradas con las gentes pasajeras,
leí una poesía de Walt Whitman,
escuché canciones de dulzura y
a media luz,
me sentí bien...

Cuando escriba un poema,... realmente
sin una sola mentira... corriendo
por un campo atado a un barrilete,
con todo el sol y el pasto
verde me llegue
hasta la cintura por lo menos,
cuanto tenga una sonrisa
tan grande,
bella,
plena,
libre, cuando
inaugure mi asombro
a cada instante,... cuando
tenga un guante grande,
muy, tan grande
que pueda
pegarle en la cara
a todas las tristezas y
la felicidad me someta déspota;
cuando aconglomere todo lo bueno,
seguro
pensaré en vos...

Ahora estoy bien, realmente y
(me es inevitable)
tu color está aquí;
sumo preguntas
e hipotéticas respuestas y
(me es inevitable)
TE IMAGINO contestando
las cosas que yo quiero...

Tu crisálida posibilidad
llegará por fin,
florecerá
tu ternura, tu belleza
emergerá
libertará
todos los duendes de tu almohada,
arribará
a tus convulsiones y
te sentirás
fresca y nueva de
jazmín rocío y limonero, de
21 de setiembre verde y categórico, de
sol cronológico y radiante, de
pequeñas miradas cachorritas vivas torpes y anhelantes.
Serás como América feroz maravillosa...
te sentirás
como recién bañada, al secarte
tersamente bella y pura...

Yo se que llegará,
tu nuevo nacimiento llegará, pero
si mezquinaste tu máxima posibilidad o
no estás esbozando una sonrisa;
no te lo reproches en ese maravilloso momento,
reprochátelo ahora y preguntate
si sos
una regadera o
una esponja,
si regás
compromiso o
complacencia,
si absorbés
lágrima sonrisa o
mezquindades,... preguntate
si tu corazón es
una promesa o
una registradora...

Cuando te sientas
como en domingo por la tarde,
y te preguntes qué es la vida,
sacate tu ropa hecha a la medida y
ponete paradita frente a tu espejo,
verás:
la belleza
subir por tu cintura,
la alegría
jugando con tu ombligo y dedo gordo,
el futuro de granero
esperando paciente en tu vientre,
las gorrionas intenciones
en tus ojos titilantes,
la elección de un camino
en tus pies,
un terrón de azúcar dentro de tus senos,
la transparente diafaneidad adolescente
en tu conjunto...,
oirás
un "Quiero amar al mundo"
en tu boca... y
si después de verte así,
tal cual
expropiada tu mentira,
descubrís
una lloviznita en tus ojos,
largate a llover nomás,
largate alegre, a chaparrones porque
me ha pasado a mí también,
con un poco de vergüenza lo confieso...

No me digas que
después de esas noches feroces,
después de la violencia cotidiana,
al momento de acostarte,
no te preguntaste y
luego convenciste que sí,
sí hay belleza;
solo que
a veces otras cosas parecen dominantes...

Hacé memoria,
acordate de tu día
más claro,
más puro,
más libre,
más feliz y
preguntate si no podés
repetirlo
cien veces por lo menos,
poniendo
algo de tu parte,
desurbanizando
tu mirada,
pensando
en todos para así pensar
en uno mismo,
impregnándote
de todos los colores
que son bandera de
los cofrades
que tienen buenas intenciones claras,
reproduciéndote
en la alegría que pretendas...

Claro,
vos preguntarás
qué puedo hacer,
mi vocación de vida
no encuentra la salida,
pero
al hacer la pregunta
empezaste a contestar...

Estoy preparando un asalto
(confidencialmente te lo cuento)
mirá,
nos vamos al zoológico y
le decimos al venado triste de la entrada:
- Señor Venado esto es un asalto - y
lo apuntamos con una llave, después
soltamos a todos los animales
para que vuelva la armonía
a reinar;
vení, podés
hacerme de "campana"...

Bueno pero ahora me siento bien, realmente,
Litto dice que quiere
comprender
el sentido de
la palabra y
que comprendan
además
el calor de
una mirada que
hay en él;
me siento bien,
realmente
cuando toda mi mente y mi piel sean
un estetoscopio veraz,
cuanto tenga tanto miedo que
me asuma
la humildad,
cada vez que me sienta libre,
seguro
pensaré en vos,
en un caballito de mar cabalga
esta afirmación...

Serás una crisálida o
un par de armónicas palabras,
en tu beso en la mejilla
estará la respuesta cuando
nos crucemos por la calle...

Me pregunto
dónde estarás en estos momentos,
¿cómo...? ¿En plenitud...?
Si te encuentras en
algún vacío
triste
perdida,
no te preguntes
cómo pudo ser o por qué,
preguntate
(es lo realmente importante)
preguntate
si has podido elegir.

Crisálida
21-3-1976

lunes, 18 de julio de 2005

Bueh, andá to sing to him to Gardel

Resulta que estaba con el fono en la mano, esperando que la AFIP me diera bola para hacer una consulta, así que para entretenerme entretanto, me puse a curiosear el ortivador -como dice una amiga-, a ver de dónde entraba la gente.
Como había uno que entró de Japón, quise ver de dónde había venido, y me encontré con este link.
Si cazan algo de inglés, se van a descostillar de risa.
Yo todavía no puedo parar de reirme...

lunes, 11 de julio de 2005

Consumiéndonos

"Yo antes escribía, ahora solamente puteo", le dijo alguien al tipo.
Otro por ahí se quejaba de que en su época oscura escribía mejor.
Después -o antes- el tipo leyó un cuentito bastante escabroso cuya lectura por el autor en giras de presentación, según el diario, había provocado vómitos y desmayos en el auditorio. La primera pregunta que al tipo le vino a la mente fue "¿quién necesita escribir cuentos así?".
El autor, en nota aparte del mismo diario, lo explica: "Mi objetivo era escribir un nuevo tipo de historia de terror, algo basado en el mundo común y corriente, sin monstruos sobrenaturales ni magia". Básicamente: dar una nueva vuelta de tuerca a la apuesta efectista.

El tipo se acordó de un reportaje a Joan Manuel Serrat en el que el cantautor se refería al deletéreo efecto de la industria musical sobre la música popular.
Decía Serrat que antiguamente los episodios, acontecimientos, leyendas, enseñanzas populares, eran recogidos en poemas y canciones que los juglares repetían de boca en boca.
Con el advenimiento de los soportes para el sonido, las obras más populares fueron llevadas al disco, la cinta, el cassete, etc., como forma de hacerlos perdurar y transmitirlos.
Pero las exigencias de la industria habían subvertido radicalmente esto: con el arte convertido en mercancía de consumo masivo, el objetivo de la industria no es preservar el acervo de las culturas populares y distribuirlo, sino vender cuanto pueda y obtener la máxima renta posible.
Ahora el autor compone y musicaliza para publicar una cantidad obligada de "arte" en períodos constreñidos por un contrato. A posteriori se convence al público de que eso que le quieren vender es lo bueno. Puede que lo sea, como puede que no.
El diccionario de la Real Academia define "arte" como:
  1. amb. Virtud, disposición y habilidad para hacer algo.
  2. amb. Manifestación de la actividad humana mediante la cual se expresa una visión personal y desinteresada que interpreta lo real o imaginado con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros.
No parece totalmente adecuado el vocablo "desinteresada": siempre hay un interés, aunque no sea material o económico.
Si lo que uno tiene para decir son puteadas, y bueno... ese es su interés: que sean.
Y si no hay nada para decir, y bueno...
En todo caso, uno se queda pensando que la línea pasa (o: debería pasar) entre el interés en decir lo que uno tiene para decir y el interés en decir lo que uno -o la editorial, o la discográfica, o la galería- piensa que los otros quieren que diga para que se lo "compren" y todos "ganen"...

Dice Eduardo Galeano: se trata de lograr un lenguaje que sea capaz de transmitir electricidad de vida suprimiendo todo lo que no sea digno de existencia. Para mí siempre ha sido fundamental la lección del maestro Juan Carlos Onetti, un gran escritor uruguayo muerto hace poco, que me guió los primeros pasos.
Siempre me decía: "Vos acordate aquello que decían los chinos (yo creo que los chinos no decían eso, pero el viejo se lo había inventado para darle prestigio a lo que decía); las únicas palabras que merecen existir son las palabras mejores que el silencio". Entonces cuando escribo me voy preguntando: ¿estas palabras son mejores que el silencio?, ¿merecen existir realmente?
Hago una versión, dos o tres, quince, veinte versiones, cada vez más cortas, más apretadas: edición corregida y disminuida.

sábado, 9 de julio de 2005

Presentes

  • Esther Ballestrino de Careaga
  • María Ponce de Bianco
  • Azucena Villaflor de De Vincenti

jueves, 7 de julio de 2005

Probando, probando, uno, dos, tres...

El tipo estaba ante su compu en el laburo, leyendo un paper en inglés sobre software testing (sí, el tipo miente que labura con sistemas, programación, y esas cosas...).
Absorto descubría cómo preparar diagramas de flujo de casos de prueba, usando casos de uso, bla.
No es cuestión de aburrir entrando en nerdismos...
De pronto, abajito a la derecha aparece la fichita azul esa tan bonita del Outlook que le muestra el título del mail que acaba de entrar.
El tipo lee con el rabillo del ojo "Pattern testing" (Testeo de patrones: una técnica de software) y se queda duro...
"Merde", piensa, "menos de quince minutos que estuve buscando en gugle y ya me empezó a caer spam sobre el tema...!"
Va y abre el mail, recien entonces presta atención y lee:

"Paternity testing. Take a paternity test: know for shure"
("Test de paternidad. Hágase un test de paternidad para saber con seguridad.")

El tipo no supo si reirse o preocuparse...

viernes, 1 de julio de 2005

Reflexión sobre Cromañón

Una excelente nota sobre el tema. He aquí algunos párrafos:

Así, diversos actores sociales, por acción o por omisión, contribuyeron durante el primer semestre de 2005 a apañar un estado de linchamiento permanente y un estrechamiento brutal de la conciencia colectiva, que sumerge las representaciones de la esfera pública en un estado de reducción y pobreza propios de las sociedades totalitarias y fascistas, en lo que concierne al episodio y a sus ramificaciones y consecuencias. Si estas ramificaciones totalitarias y fascistas no tienen un éxito más señalado es porque encarnan una política de derechas, orientada a poner en jaque a diversas líneas de la administración pública (a veces con alguna razón parcial en los fundamentos, enseguida desmentida por el curso de los acontecimientos mediatizados) y a los sectores democráticos y progresistas de la sociedad argentina que, como se sabe, están lejos de constituir una mayoría.
(...)
No hay aquí una estrategia conspirativa de un actor coherente y centralizado, sino una serie de concomitancias, convergencias, omisiones y negligencias. Se puede advertir que el tratamiento del desastre Cromañón asume una lógica en cierto modo similar a las condiciones en que se produjo el accidente (para usar por una vez el término que corresponde) y que, por la complejidad de la causalidad plural que lo produjo, vuelve de segundo orden –en términos de sensatez– la cuestión de la responsabilidad jurídica –sin por eso anularla, ni siquiera atenuarla–, pero sí la deja en un plano muy diferente de la agenda que sería de esperarse en una esfera pública democrática y en una sociedad en que imperara un grado mayor de sensatez colectiva.
(...)
De esta manera, en lugar de la constitución de una agenda constructiva, susceptible de aportar a procesos de consolidación de los vínculos intersubjetivos, entre nosotros aconteció otra cosa que, desde el punto de vista ético político, podría alcanzar similar gravedad a la del propio desastre de Cromañón. Las derechas mediáticas y políticas, lejos de propiciar el tono y la importancia que este acontecimiento, deberían haber adoptado en la esfera pública, lejos de resguardar y proteger el pudor del duelo de los familiares, lejos de todo ello, se dedicaron a exhibirlos, provocarlos, incentivar un festival de la ira, la venganza y el desgarro inconsolable.
(...)
En conclusión, una agenda política de resistencia sociocultural ha de establecer una tarea compatible con las verdaderas necesidades del colectivo social y, por lo tanto, con la apertura de debates abiertos y libres alrededor de dichas necesidades. Una tarea de difícil realización si a la vez no se ejercen prácticas críticas de desmontaje de las narrativas dominantes.

miércoles, 29 de junio de 2005

¿Y vos qué sos?


Le dijeron al tipo que entrara en ésta paginola y pusiera su DNI.
Resulta que ahí aparece la filiación política si alguna vez el dueño del DNI se afilió a un partido...
En una época, ahí se leía un cartelito que decía si estabas afiliado (en rojo) o no (en verde) a algún partido. Se supone que es para garantizar que si el tipo quiere votar en las internas abiertas de un partido, éste pueda confirmar que el tipo no es uno de la contra que viene a ensuciar el comicio. Debe ser así, nomás, pero el tipo, que viene desde la noche de los tiempos, no pudo evitar que se le ericen los pelitos de la nuca. En particular, después de que ingresando aleatoriamente datos, embocó los dos que se muestran...

domingo, 26 de junio de 2005

Crónica de un encuentro fallido

"Yo nací en una ciudad de dos millones de habitantes", contaba el hermano del tipo que le dijo a una mina allá en un pueblito de Eslovaquia. La mina, con cara de asombro, le dijo "¡pero eso es la mitad de todo este país!". Antes, la mina le había explicado que para los estándares eslovacos, el pueblito, de dieciocho o veinte mil habitantes, era mediano. El hermano había ido a ver el pueblito donde nació su abuelo.
De esto se acordó el tipo mientras paseaba por el lugar. Había llegado una media hora antes de lo indicado, pensando en que habría tiempo para mate y esas minucias esenciales de las relaciones gratas.
Encontró el sitio indicado con facilidad. Lo primero que lo sorprendió fue un cartel rojo: "Libertad a los presos políticos" y la firma de la asamblea del lugar.
Como la hora indicada se acercaba sin visos de que empezara el espectáculo prometido, el tipo se fue a dar un corto paseo.
La plazoleta estaba toda cruzada de carteles que reclamaban por trabajo, contra los desalojos, etc. etc. y rodeada por una miríada de puestos de artesanos, exposiciones de pintores (y grabadores y serigrafistas) que enganchan sus obras en las rejas que circundan los juegos infantiles y rodeados a su vez por bares variopintos: el barcito rasca con mesas plásticas, el bar tradicional -cerrado- con mesas de madera, el boliche modernoso ocupando acera y calzada y monopolizando la mayoría del público.
El Secretario del Congreso de Tucumán había sido reemplazado por el escritor ciego de lenguaje insuperable. Convivían democráticamente con la plaza contestataria: un café con merchandising oficial de Ferrari, un local de Stone, un Hogar (¿de jóvenes? ¿de ancianos? ¿de señoritas?) cuyo nombre se le escapa, una sucursal de Prometeo Libros y todo local de pilchas imaginable, incluyendo a Elsa Serrano. Todo con notable despliegue de diseño y decoración.
Entre grupitos de jóvenes tomando mate, artesanos desarrapados y conjuntos de músicos alternativos circulaban niñas palermitanas un tanto producidas y atentas a los especímenes a la vista, en una reedición posmoderna de la vuelta al perro.
El tipo no tiene la cifra, pero apostaría que sólo en unas cuantas manzanas a la redonda, hay tantos habitantes como en todo ese pueblito eslovaco.
Juntos, pero no revueltos.

viernes, 24 de junio de 2005

Casualidades

Al tipo le habían pasado la url de Sandra Russo, cuyas notas en P/12 lee sistemáticamente. Así que se dedicó a curiosear aquí y allá por el sitio, leyó un par de textitos que le gustaron y de pronto encontró una foto.
Llamó a su jermu y le dijo: "mirá, por fin le podemos poner cara a Sandra" (porque en la casa del tipo, Sandra Russo es "Sandra", como si fuera una habitué).
La jermu vino, miró, calcularon más o menos la edad, dijeron "linda mina" y la jermu, mirando más detenidamente, dice "che, qué parecida esa escalera a la que hay en la casa de mi sicóloga".

Anoche la jermu volvió y contó que fue a lo de la sicóloga y que le había comentado el asunto.
"Sí, vive acá, en el departamento del fondo".

Ahora, pensando en la cadena de casualidades que llevaron a descubrir el hecho, uno se pregunta nuevamente: ¿a todo el mundo le pasan estas cosas todo el tiempo...?

domingo, 19 de junio de 2005

Acerca del Vivir

I
El vivir no admite bromas.
Has de vivir con toda seriedad,
como una ardilla, por ejemplo;
es decir, sin esperar nada fuera y más allá del vivir;
es decir, toda tu tarea se resume en una palabra:
VIVIR.

Has de tomar en serio el vivir.
Es decir, hasta tal punto y de tal manera
que aun teniendo los brazos atados a la espalda,
y la espalda pegada al paredón,
o bien llevando grandes gafas
y luciendo bata blanca en un laboratorio,
has de saber morir por los hombres.

Y además por hombres que quizás nunca viste,
y además sin que nadie te obligue a hacerlo,
y además sabiendo que la cosa más real y bella es
VIVIR.

Es decir:
has de tomar tan en serio el vivir
que a los setenta años, por ejemplo,
si fuera necesario plantarías olivos
sin pensar que algún día serían para tus hijos;
debes hacerlo, amigo, debes hacerlo,
no porque, aunque la temas, no creas en la muerte,
sino porque vivir es tu tarea.

II
Sucede, por ejemplo,
que estamos muy enfermos;
que hemos de soportar una difícil operación;
que cabe la posibilidad
de que no volvamos a levantarnos de la blanca mesa.
Aunque sea imposible no sentir
la tristeza de partir antes de tiempo,
seguiremos riendo con el último chiste,
mirando por la ventana para ver
si el tiempo sigue lluvioso,
esperando con impaciencia
las últimas noticias de prensa.

Sucede, por ejemplo, que estamos en el frente,
por algo, por ejemplo, que vale la pena que se luche.
Nada más comenzar el ataque, al primer movimiento,
Puede caerse cara a tierra, y morir.
Todo esto hemos de aceptarlo con singular valor,
y a pesar de todo, preocuparnos apasionadamente
por esa guerra que puede durar años y años.

Sucede
que estamos en la cárcel.
Sucede
que nos acercamos
a los cincuenta años,
y que falten dieciocho más
para ver abrirse las puertas de hierro.
Sin embargo, hemos de seguir viviendo con los de fuera,
con los hombres, los animales, los conflictos y los vientos,
es decir, con todo el mundo exterior que se halla
tras el muro de nuestros sufrimientos;
es decir: estemos donde estemos
hemos de vivir
como si nunca hubiésemos de morir.

III
Se enfriará este mundo,
una estrella entre las estrellas;
por otra parte una de las más pequeñas del universo,
es decir, una gota brillante en el terciopelo azul,
es decir, este inmenso mundo nuestro.

Se enfriará este mundo un día,
algún día se deslizará
en la ciega tiniebla del infinito
-no como una bola de nieve,
no como una nube muerta-,
como una nuez vacía.
Desde ahora mismo se ha de sufrir por todo esto,
ha de sentirse su tristeza desde ahora,
tanto ha de amarse el mundo en todo instante,
se le ha de amar tan conscientemente
que se pueda decir: "HE VIVIDO".
Nazim Hikmet

viernes, 17 de junio de 2005

Chicos en marcha

Con ustedes, la señora Sandra Russo, quien dice, entre otras cosas:

"La vida es un accidente extraordinario. Cada niño que nace es el resultado de una cadena de buenos resultados. Miles de antepasados que lograron llegar a la etapa reproductiva, miles de circunstancias que remaron a favor de la continuidad de un árbol genealógico. Esta última figura, árbol genealógico, remite sin embargo solamente a cierta clase de personas. ¿A quién se le ocurriría bucear en el árbol genealógico de un desarrapado? ¿Podemos imaginarnos a alguien interesado en revolver el barro de su pasado? ¿No hay acaso, en la figura del árbol genealógico, una capa de barniz con la que se recubre el hecho no declamado, pero sí admitido, de que no todas las personas son igualmente personas? "
(...)
"Se dicen cosas que no se corresponden con lo que se hace. Los niños nos importan, los niños son el mañana, los niños son la esperanza, en fin, proclamas vacías de sentido en un mundo que ha naturalizado otro tipo de razas que las que el discurso políticamente correcto defiende: los pobres no buscan su árbol genealógico porque parecen no tenerlo, porque parecen no tener pasado ni futuro, porque han nacido pobres y así permanecerán si sobreviven. Cada tanto, alguna historia de Selecciones o de Hollywood nos relata el caso extraordinario de un pobre que tuvo una vida."

jueves, 16 de junio de 2005

Hagan sus apuestas...

En una época, si el pozo superaba los, digamos, cinco o seis palos, el tipo se tentaba y, como el que no quiere la cosa, cada semana entraba a una agencia y se jugaba uno, tal vez dos cartoncitos del Loto. Nunca embocó nada. Y la verdad es que nunca cifró mayores expectativas en que tal cosa ocurriera. Era algo así como un resabio de compulsión por el juego, que le venía de su abuelo -jugador compulsivo- y de su padre -jugador social, si es que puede copiarse la adjetivación del ámbito de la bebida-. Como que era tentador, ese pozo inmenso ahí.
Hay jugadores que viven pendientes del tema. Para ellos hay una trampa adicional, puesta ahí desde tiempos inmemoriales: esos premios que superan, apenas, el valor de lo apostado, como diciendo "y dale, si ya la habías perdido, ahora para qué vas a abandonar... probá de nuevo".
A veces existen relaciones así entre las personas. Una de ellas se tienta con la otra (o se tientan mutuamente, vaya a saber uno...). A veces, una de ellas pasa por estados en los que -como el jugador- cree tener asegurado el premio mayor, poco a poco desciende de su euforia y, al final, como con desgano, sigue apostando, cada vez más chiquito, cada vez más espaciado. Nunca emboca nada. Y cuando ya parece que es hora de abandonar el juego, la banca regala un premio chiquito que más que un premio es una promesa velada, como diciendo "y dale, si ya la habías perdido, ahora para qué vas a abandonar... probá de nuevo".

El tipo abandonó el Loto hace como cinco años...

lunes, 13 de junio de 2005

I N C R E I B L E

Sabias, que (a través del banco de datos de la OTAN) podes consultar y ver tus propios datos del pasaporte en internet?
Sin secretos, solamente con tu nombre. Todos pueden ver sus datos.

Pulsa sobre esta dirección

sábado, 11 de junio de 2005

¿Cómo no se me ocurrió...?

Si todavía no anduvieron por acá, vayan, lean, ríanse y aporten.

jueves, 9 de junio de 2005

Más divague, pero no tanto...

El tipo va en el bondi para el laburo y de pronto la pregunta se le cae encima:

¿Cómo definir el vínculo con alguien que rechazó sistemáticamente imaginarse en su futuro, se resiste a corporizarse en su presente, pero se niega a entrar en su pasado?
¡Ampliaremos!

¿Ampliaremos...?

Divaguemos

El tipo está bajo la ducha.
Piensa en un post que leyó anoche en un blog que describía cierta situación que le consume más energías que las recomendables mejor de lo que el tipo hubiera podido describirla.
Imagina el parlamento para una conversación telefónica que amenazó con sostener.
Imagina una serie de posts imitando estilos ajenos.
Le viene a la memoria que tiene que buscar el librito aquel donde está la foto para el post sobre Yugoslavia que dijo en un comentario que iba a escribir.
Imagina un comentario socarrón en lo de la Señorita M., diciendo algo así como que podría mandarle una foto para tentarla y rescatarla de su situación estrambótica, con lo que la ayudaría a empeorarla.
De pronto cae en la cuenta de que precisamente las últimas generaciones, que hacen un culto de la ingesta de colesterol frito en hidrocarburos, han reemplazado las metáforas alusivas más acordes a esa dieta ("estar frito", "saltar de la sartén al fuego") por otra mucho más "light": "estar en el horno".
Qué sería de la creatividad literaria de los que no reciben emolumento por ejercerla, si no fuera por la ducha y el colectivo.

lunes, 6 de junio de 2005

Negocios son negocios (*)

Salim dice a su hijo: - Hijo mio, quiero que te cases con una dama que ya escogí para tí.
El hijo responde: - Pero padre, yo quiero escoger a mi mujer.
Salim dice a su hijo: - Mi querido hijo, ella es hija de Bill Gates.
El hijo responde: - Bueno, en ese caso acepto.
Entonces Salim se reúne con Bill Gates...y le dice: - Bill, ya tengo al marido ideal para su hija.
Bill Gates responde: - Pero mi hija es muy joven aún para casarse.
Salim dice a Bill Gates: - Tal vez, pero este joven es el Vicepresidente del Banco Mundial.
Bill Gates responde: - En ese caso, creo que lo podemos arreglar, convenceré a mi hija para que acepte al muchacho.
Finalmente, Salim se reúne con el Presidente del Banco Mundial...
- Señor Presidente, tengo a un joven recomendado para ocupar el cargo de Vicepresidente de este banco..
Presidente: - Pero ya tengo muchos vicepresidentes, inclusive más de los que son necesarios realmente.
Salim: - Lo que pasa es que este joven es el yerno de Bill Gates.
Presidente: - En ese caso... considérelo contratado.

...ASÍ SE HACEN LOS NEGOCIOS

(*) Hemos reido, hemos shorado... hora de postear más huevadas que llegan por la internec.

martes, 31 de mayo de 2005

Una de cal, una de arena

Una de arena
El tipo llega a la parada. En medio de la vereda, dos chicos (uno de ocho o nueve, otro de seis o siete) se revuelcan por las baldosas, trenzados en una pelea. Una mujer de treinta y pico sale de la cola del bondi y forcejea con ellos para separarlos. Duramente: a gatas contiene al más chico, que se lo quiere comer al otro. Prácticamente tiene que pellizcarle la mano para que suelte al más grande. Tras una breve duda, queda claro que es la madre de ambos.
Vuelven a la cola. Parada casi sobre el cordón, la madre cubre con su brazo izquierdo al más chiquito, que llora contra su cadera. Más hacia la izquierda está el poste del semáforo,a menos de medio metro. El más grande se abraza a él y como al descuido revolea la pierna y roza intencionalmente al chiquito, provocándolo. Se ríe de él y le hace burlas por lo bajo. El chiquito estalla de ira e impotencia; sin soltarse de su madre patea hacia atrás como un caballo. El más grande actúa un desconcierto poco creíble y devuelve casi con saña la patada. Por suerte le erra.
Casi cinco minutos así, la madre insistiéndole al más grande para que se aleje y amenazándolo con que se lo va a contar a no se entiende quién, el más grande ignorándola. La madre, a todas luces, no controla nada. El tipo piensa en cómo puede ser que la madre no haga una maniobra tan obvia como cambiar lugares con el más chico, quedando entre medio de los dos.
Consciente de que maneja la situación, el más grande vuelve a la carga una y otra vez.
Provoca y tortura al más chico, abusando de su edad, de la impotencia descontrolada del otro y de la inoperancia de la madre.
Finalmente llegan dos colectivos de la misma línea. El tipo piensa por un instante en subir al mismo que el trío, pero después se sube al otro. Hay algo de intolerable en esa disfuncionalidad familiar. Todos los dolores que se pueden infligir a terceros brotan de esa actitud ebria de poder que le da al pibe su conciencia de dominar la situación y la claramente perceptible costumbre de salirse con la suya, reflejada en la sonrisa arrogante -casi sádica- del impune. Todos los Aushwitz, todos los Kosovo y los Sarajevo, todos los Bagdad, todos los Sabra y Shatila, todas las ESMA pueden tener su germen en una mirada fría y malvada como la del más grande.

Una de cal
El tipo toma el bondi para volver. Suben dos pibes de quince, quizá dieciseis, vendiendo sahumerios. Nada nuevo. A lo sumo, que todos y cada uno de los pasajeros acepta agarrar el sobrecito. Pero para desconcierto del tipo, el pibe que vende explica que no consiguen trabajo por "un par de causas penales" que todavía tienen abiertas, así que están rascando para el puchero vendiendo los sahumerios que aprendieron a hacer en el centro de rehabilitación del que acaban de salir, hasta tanto su situación judicial se resuelva.
Casi la mitad del pasaje colabora con los pibes, aunque la mitad de esos les devuelve los sahumerios junto con las monedas.

El principio de Peter

Un camino para cada uno
Aunque algunos hombres trabajan de una manera competente, he observado a otros que han alcanzado su nivel de competencia de una manera precaria, realizan su trabajo deficientemente, frustrando a sus compañeros y erosionando la eficiencia de la organización. Era lógico llegar a la conclusión de que por cada empleo que hubiese en el mundo habría alguien, en algún lugar, que no podría hacerlo. Con el tiempo y las promociones suficientes, ese alguien podría realizar dicho trabajo.
Ello no incluía el simple error, la equivocación verbal, el error ocasional, que puede ser un obstáculo para cualquiera de nosotros. Todos pueden cometer un error. A través de la Historia, hasta los hombres más competentes cometieron sus equivocaciones. A la inversa, el incompetente por hábito puede, por una acción casual, acertar a veces. En cambio, yo investigaba el subordinado principio que pudiera explicar por qué tantos puestos importantes son ocupados por individuos incompetentes para desempeñar los deberes y responsabilidades de sus respectivas ocupaciones.

La muerte es una advertencia de la Naturaleza a ir despacio
Como individuos, tendemos a trepar hacia nuestros niveles de incompetencia. Nos comportamos como si lo mejor fuese trepar cada vez más arriba, y el resultado lo tenemos a nuestro alrededor: las trágicas víctimas de su irreflexiva escalada.
Vemos a los hombres en grupos, y a la mayoría de la raza humana pugnando por alcanzar una mejor posición como sobre un molino de ruedas de escalones irregulares, escalando con uñas y dientes para aniquilar a la población del mundo, escalando producción de fuerza y elementos, mientras se contamina el ambiente y se perturba el equilibrio ecológico que mantiene la vida.
Si el hombre quiere rescatarse a sí mismo de una futura existencia intolerable, debe, ante todo, ver adónde lo conduce su insensata escalada. Debe examinar sus objetivos y comprender que el verdadero progreso se logra moviéndose hacia delante en busca de una mejor forma de vida, en vez de hacerlo hacia arriba, hacia la incompetencia total de la vida. El hombre debe comprender que la calidad de la experiencia es más importante que la adquisición de inútiles artefactos y posesiones materiales. Debe dar de nuevo significación a la vida y decidir si usará su inteligencia para la preservación de la raza humana y el desarrollo de las características humanísticas del hombre, o bien si seguirá utilizando su potencial creador en la escalada hacia una supercolosal trampa mortal.
Ocasionalmente, el hombre capta un destello de su imagen en un espejo, por no reconocerse inmediatamente a sí mismo en él, empieza reír antes de comprender lo que está haciendo. Y en tales momentos es cuando se produce el verdadero progreso hacia el entendimiento. Este libro trata de ser ese espejo.


El Principio de Peter
Laurence J. Peter
Agosto de 1970

lunes, 23 de mayo de 2005

Nec plus ultra

No se si escuchas
O quizas ya no sirve de nada
Solo murmuras
Solo me das vuelta la cara
Ayer nomás
Tu sol me entusiasmaba
No llorabas por mi
No llorabas por nada
Dejaste que el dolor te curtiera la piel
Ojalá no sea tarde
Para volver a nacer
para poder levantarte
Me encantaria que estuvieras dormida
Me encantaria volver a verte reir
Como me gusta verte reir

Hacía un par de días que esa cancioncita de NTVG se le había pegado. Le volvía a la cabeza una y otra vez.
Esa mañana se fue a tomar el bondi cantándola por lo bajo.
Subió al bondi, se sentó en un asiento de uno y siguió cantando.
De pronto y sin que nada hiciera preverlo, cuando llegó a la estrofa que dice "Me encantaría volver a verte reír", sintió un nudo en la garganta.
Cuando cantó "cómo me gusta verte reir", se le llenaron los ojos de lágrimas.
Lloró en silencio, mirando empecinadamente hacia afuera para ocultarse del resto del pasaje.
¿Cuánto hacía que no reían juntos de algo...?
Esa pregunta se sumó a la lista de otros tantos ¿Cuánto hace que no...?
Lo que los unió alguna vez fue, justamente, que podían ser tan ellos mismos con el otro como con nadie más.
Lo que hoy los separaba era la sensación de que con nadie podían ser menos ellos mismos que con el otro.
Que con nada exasperaban más al otro que siendo ellos mismos. No había agachadas, o malas intenciones, o dobles discursos. ¿Cómo se remonta eso?
Llegó al laburo con la angustia a flor de piel.
Por suerte todavía no había llegado nadie. Subió los dos pisos hasta su escritorio y ahí, en la semipenumbra de la mañana encapotada, se sentó en su escritorio y con el rostro entre las manos, rompió en sollozos.

viernes, 20 de mayo de 2005

Tarde

La última vez que recordaba haber llorado fue cuando se murió ese casi segundo padre que tuvo, cirrótico por el whisky. Bueno, en realidad, en el velorio. Todo iba bárbaro, considerando el mal momento, hasta que le contaron que la muerte de su compañera de toda la vida lo había conducido inexorablemente a la depresión, que ahogaba en el alcohol. Y que el sujeto -que se bajaba una o dos botellas por tarde-, a mitad de la segunda empezaba a gritar su nombre y que se dormía invocándolo a él.
Ese comentario disparó todas las impotencias acumuladas que delimitaba esa muerte de alguien a quien en sus últimos años prácticamente no vió, siempre con una u otra causa, más o menos justificada...
Siempre había pensado en que cuando le fuera bien iba a retribuirle todo lo que le enseñó asegurándole una buena vejez, haciéndolo partícipe de su bienestar, incluyéndolo en su éxito.
Pero no llegó a tiempo.
Y la impotencia se trocó en llanto desconsolado.

viernes, 13 de mayo de 2005

Mirando atrás: Cese de hostilidades

Entre una cosa y otra, llegó el cumple del tipo, que como es habitual aportó las correspondientes facturas para el desayuno. Invitó a todos en general y cada uno fue pasando por la bandeja y por el escritorio del tipo para los consabidos saludos, felicitaciones, etc.
Ella no fue la excepción. Se acercó, le deseó un feliz cumpleaños, le dió un beso, preguntó cuántos, hizo las observaciones de costumbre ("¿sí? no parece, para nada...").
El tipo sobrellevó el asunto entre monosílabos y medias sonrisas y siguió con su laburo.
Al tiempo, mientras el tipo esperaba la partida del micro en su asiento habitual, mirando por la ventanilla hacia el cielo soleado, escuchó una voz que le decía: "Perdón, ¿puedo sentarme acá?". Se volvió sorprendido para encontrarse con ella, que con una sonrisa traviesa y una mirada cómplice hacía lo que el tipo le había hecho con anterioridad.
El tipo contestó que sí, obviamente, y en el camino descubrió que quizás no fuera actitud sobradora la de ella el día en que prácticamente no le contestó. Al tipo no le salía algo muy diferente. Pero de a poco, sin embargo, se abrió un diálogo en el que, aunque todavía acechándose, ambos, cuidadosamente, casi con sutileza, buscaban temas de charla más o menos anodinos y generales, vinculados al laburo, o a lo que cada uno hacía o le gustaba.
A partir de ese día la rutina cambió imperceptiblemente. El tipo pasaba hacia el fondo al subir y emitía un día sí y otro no un casi inaudible "buenos días", a lo que ella y su compañera respondían, un día sí y otro no.
La situación fue encontrando su cauce, y palabra va, palabra viene, al tiempo ya el tipo se sentaba al fondo y charlaba un poquito con ambas, esas charlas semiincómodas y un tanto entrecortadas, que se interrumpen con brusquedad cuando los interlocutores no se conocen el ritmo y el temario y dudan de cuándo hacer su comentario o de por dónde seguir.
En el laburo la cosa seguía igual, hasta que el tipo un día se sentó sobre el escritorio del compañero de isla de ella, mate y termo en mano, mientras charlaban con el otro sobre un tema laboral.
Ella, sorpresivamente, se dio vuelta y a boca de jarro lo conminó casi: "¿no me convidás un mate?".
El tipo se lo alcanzó y le avisó que a partir de ese momento quedaba oficialmente inscripta en la ronda (que se extendía por varias islas) y, efectivamente, de ahí en más fueron pocos los días en que cuando ella llegaba no la recibiera con un mate. Y si el tipo se distraía, ella se lo reclamaba.
Tanto así que a un cumpa que ya venía chuceándolo al tipo cada vez que lo pescaba mirándola, se sumó otro que cada tanto ponía en escena una imitación de ella elogiándole los mates, lo que no hizo más que reforzar la idea de partir. Las tratativas para cambiar de laburo estaban en marcha, alentadas además por el hecho de que el cambio resultaba bastante ventajoso económicamente.
Un día y sin pensarlo mucho, el tipo le preguntó si quería que le guarde un lugar. Ella le dijo que bueno. A partir de entonces, con cierta frecuencia volvían juntos y charlando. De a poco se fueron aflojando. Empezaron a contarse sus historias, se hablaron de sus familias. Las distancias se acortaban vertiginosamente y las afinidades afloraban cada vez más naturalmente, distendiéndolos pero preocupándolos a ambos.

jueves, 5 de mayo de 2005

Ella en su laberinto (*)

(*) Autora invitada: vosEnOff


Él la había visto por primera vez hacía más o menos un año. Ella era nueva en la empresa y portaba unos grandes ojos curiosos que llamaron la atención de él. Ella lo registraba, pero no sobresalía del montón. Él era un tipo común y corriente. Al menos eso parecía. Supo su nombre al tiempo que él ya se había hecho de más datos personales: nombre y apellido, edad, profesión y estado civil de ella.
De vez en cuando la cruzaba en algún pasillo o en los lugares para comer que los empleados solían frecuentar al mediodía, y se saludaban a lo lejos, pero no había lugar ni oportunidad ni tema para iniciar una charla.
El sabía claramente que iba a la caza. Tenía la atención puesta en la presa. Cuando pudiera iba a lanzarse. Esperaba sin desesperar.
Ella vivía en su mundo, en su grupo laboral cerrado y odioso, y con una familia como soporte que la contenía y le daba bastantes satisfacciones. El también tenía su familia, pero no era la primera vez que buscaba afuera.
A ella le gustaba coquetear pero no histeriquear. Sabía muy bien como plantarse ante los hombres y conocía los puntos débiles del otro género.
No todos hablaban bien de ella, pero no le preocupaba. Se sentía en su mejor momento. Sabia y segura.
Poco tiempo antes había tenido un incidente con un tipo que había sido compañero de trabajo. No le cabía la dimensión que él le había dado a la relación, ni el compromiso afectivo que eso podía acarrear, ni que el tipo ocupara tiempo pensando en ella, ni el peso de la responsabilidad de que él la hubiera comparado con un muy buen amigo suyo.
Prefirió temporalmente alejarse, pero eso le dejó un sabor amargo en la boca. Ella no solía comportarse así. Tampoco era tan fácil como terminar un capítulo de un libro, dar vuelta la hoja y empezar con otro. No quería hacerlo. Le quedaba una asignatura pendiente que tendría y querría resolver más adelante. Lo apreciaba mucho.
Y volviendo a "Él" en cuestión, un día se le hizo la luz y vio la oportunidad de acercarse a ella. Encontró un intermediario, encontró el tema en común. Tuvo permiso implícito para llamarla a su interno y escribirle a su e-mail. Amasó la situación hasta que pudo acercarse lo suficiente como para que ella le dijera, tan abiertamente que se sorprendió a sí misma, y temió rebotar por las paredes y hasta por los techos: "Mirá, ya somos grandes, sabemos a donde vamos, por favor mantengámonos de este lado de la línea, del límite para acá". Fue firme y determinante, y tenía la convicción de que era posible.
Él pudo haberle respondido: "Flaca, te equivocaste, todo fue una ilusión óptica tuya"...pero no. Se asumió en su papel de cazador ante una presa desafiante que no hizo más que afianzar su intención de terminar con la empresa.
Por el momento tendría que ir más despacio, con la mentira piadosa de que se iba a mantener al margen como habían acordado. A ella le gustaba que le mintieran un poquito.
Ella descubrió en el mientras tanto que él la podía. Encontraba en este hombre las cosas que una y otra vez hallaba en los tipos que le terminaban gustando: inteligencia, calidez, seguridad, masculinidad, contención. Pero no lo asumía. Y además notaba que había piel. Esperaba los escasos momentos que podía compartir con él para disfrutarlos lo mas posible.
Llegó el día que se desdobló. Fue en su casa la esposa y madre ideal, y se animó a ser afuera simplemente ella misma. Se sintió con el suficiente valor como para poder disfrutar de la intimidad con él sin compromiso alguno. Creyó que iba a poder hacerlo sin culpa y sin que quedaran deudas. Placer por el sólo hecho del placer. Él la haría sentir muy cómoda y todo sería ideal.
Y lo fue. Superó sus expectativas. Tanto que pudo jurar que se divirtió. Fue libre, y adulta e irresponsable. Pudo volver a su casa luego de cambiarse el disquito y asumir enteramente el papel que allí le correspondía jugar. No hubo culpas, pero sí otra vez “ el sabor amargo”. No pudo evitar quererlo un poquito a partir de ese día. No se lo dijo pero se lo insinuó. Es más, por cábala ni se lo mencionó a sí misma en voz alta, jamás.
Él temió estar enamorándose y prefirió sacar de su agenda el tema muy políticamente para no sufrir ni hacer sufrir.Ella entendió también que no era momento de replantearse la vida, de modo que le quedaba un solo problema a resolver y era evitar transitar diariamente los mismos pasillos que él.

domingo, 1 de mayo de 2005

Angustia

Él decidió un día, al cabo de cuarenta años, que ya era suficiente. El tipo fue el encargado, ese día, de buscar las cosas de él. Y fue, poco tiempo después, el amigable componedor entre las partes para que la sangre no llegara al río y diferencias y posesiones se distribuyeran equitativamente.Aunque, justo es decirlo, no fue equitativo el reparto, y él, voluntariamente, llevó las de perder. Y se fue con ella.
La única vez que hablaron directamente del tema, él le contó al tipo que algunos pensaban que ella lo estaba cagando. Y que no le parecía que fuera así. Que él nunca había sentido lo que sentía ahora, dijo. Y afirmó: "Y si esto es cagarme, que me caguen, nomás".
El tipo comprendió que la cosa iba en serio cuando, a pesar de la ola de rumores familiares, a pesar de las disimilitudes, a pesar de los cuatro hijos de ella, a pesar de los treinta y dos años de diferencia, decidieron casarse.
El tipo pensó -se convenció- que estaban locos cuando decidieron ser padres nuevamente.
Pero la vida, otra vez, probó la viabilidad de lo imposible. Esa hija increíble, por lo linda y por lo inteligente y por todo.
Después la cosa se complicó. Primero fue la diabetes. Odiosa enferemedad que pone a prueba la voluntad de quien la padece y de los que lo quieren. Después, el quiste inoperable en el coco, del que zafó con una intervención no ortodoxa, nombre elegante para "manotón de ahogado". Que, increíblemente, salió bien de nuevo.
Y hace muy poquito, la noticia de la falla cardíaca que produce arritmias y taquicardias que terminó en internación en terapia intermedia.
Y ahí están. Cruzando los dedos para que no sea nada, para que todo se encarrile, para que todo vuelva a su cauce previsto.Confrontados de pronto con la inadmisibilidad del posible desenlace. Asomados, de pronto, al abismo insondable de lo inimaginable.
Obligados, de pronto, a pensar como factible que un hombre a cuatro meses de convertirse en octogenario deba hacerse cargo de una criatura de diez, sabiendo que no está capacitado bajo ningún punto de vista, pero que no tendrá demasiadas alternativas si ella, esta vez, no zafa como las anteriores.

miércoles, 27 de abril de 2005

Atando cabos

Salí un rato de recorrida por un par de blogs y me encontré con dos notas dispares pero que, vaya uno a saber por qué, me pareció que en el fondo hablan de lo mismo:
Una en lo de chirusa, otra en un blog que no conocía.
¿O no?

viernes, 22 de abril de 2005

En familia

El colectivo está bastante cargado de pasajeros de a pie.
Escucho alguien que empieza a vender lapiceras: una voz femenina de maestra jardinera.
Cuando aparece en el fondo compruebo, además, que tiene aspecto y actitud concordante.
Vende como diez. Raro, estamos a 22, la gente no suele andar con plata.
Una dulzura, la mina. A cada uno le arrima el anotador: "¿quiere probar la roja?".
Todos, menos uno, le dicen que no hace falta. Culmina su asunto y baja.
Sube un rengo. Lo tengo más que visto durante años en esta línea.
Ahora anda con un buen buzo. Y buenas zapatillas.
Saluda al chofer con una de esas complicadas figuras que antes se veían sólo en las películas cuando se saludaban los "pandilleros".
El chofer manotea una foto que tiene al costado y se la muestra.
"Esta quién es?" -pregunta el rengo.
"Mi mujer", le dice el fercho.
Dos paradas más allá, sube un cafetero, también habitué de la línea.
Empiezan a charlar y a joderse entre ellos.
Muy buen humor, mucha buena onda. Y no era parte del mangazo. No.
Le pasan la foto. El cafetero lo jode al fercho: "Ojalá una mina así me diera bola".
"Cómo lo dejás subir al rengo este, che? Te va a llenar el bondi de plumas."
Lo jode al rengo ( "Estás jodido, sos rengo, pobre y gallina") y cuando éste empieza su discursito de mangazo le manda: "claro, éste viene a mangar acá, pero ahí donde lo ve, señora, no se puede creer el piso en el que vive. Acá viene todo rotosito..."
El rengo se caga de risa y le contesta: "claaro, todo un piso, tengo..."
Y todo un diálogo chispeante que nos tuvo veinte cuadras con todo el bondi llorando de la risa.
Apenas un atisbo de lo que podría ser la ciudad si, como dice el Pibe, saliéramos un poco más de adentro nuestro.

sábado, 16 de abril de 2005

Susceptible de modificación sin previo aviso

Alguien a quien no pensaba ver hasta fin de año me avisó que va a andar por acá la semana que viene. Alguien más, con quien no pensaba encontrarme hasta fin de año me invitó a tomar mate la semana que viene. Y hubo alguien más, con quien no hablo hace más tiempo que el que quisiera, que me hizo un favor que le pedí. A la media hora, con creces y sin dudar.
"¿Estás contento de que te vengan a visitar?"
La pregunta se repitió varias veces. No contesté directamente ninguna de ellas.
Mal hábito, el de bajar la persiana y quedarse del lado de adentro.
Sip. Me alegra que vos vengas.
Sip. Me alegra que la semana que viene, con vos nos chupemos unos mates.
Y sip: lo que más me alegra es que vos me hicieras ese favor. Y más aún que me escribieras.
Semana rara, esta. Punto de llegada y de partida. Momento de inflexión.
Susceptible de modificación sin previo aviso y sabiéndolo, aunque haga de cuenta que no, disfruto el momento. Y me quedo a cuidar el boliche, mientras el tipo se toma unas cortas, merecidas vacaciones, hasta que le den ganas de escribir de nuevo.
Ah, hola.

/V\i

martes, 12 de abril de 2005

Mirando atrás: Rumbo a lo desconocido

A partir del episodio del micro el tipo quedó un tanto amoscado y logró comportarse casi normalmente. Además poco a poco iba adueñándose de los sistemas que estaban a su cargo, lo que en alguna medida lo mantenía ocupado. Un día cualquiera finalmente lo invitaron a almorzar a la mesa común de un grupo de compañeros, así que tenía quién le diera charla y mantuviera su atención un tanto alejada del devenir de ella.
Una mañana notó cierto revuelo en el piso: una compañera de laburo con licencia por maternidad había venido de visita con su retoño. En la isla de su izquierda, se armó una conversación entre varios.
Ella, que atinaba a pasar por ahí, comentó algo acerca de "mi piojita", en ese tono un tanto forzado que denota el interés de que alguien nos oiga. El tipo registró el dato y al mismo tiempo registró que no sabía nada de ella, excepto que debía tener unos quince años menos que él y que a pesar de sí misma se lo tragaba como un remolino. A la hora del almuerzo pasó por el escritorio de ella y escaneó el lugar con mirada atenta, aunque rápida: nada. Casi tan limpio y ordenado como el suyo. Y una sola foto, pegada en el mamparo: una beba. Ella no usaba anillo, no había foto de ningún sujeto. ¿Cómo vendría la mano...?
Varios días después, cuando se preparaba para descender en su parada, el tipo notó movimientos en el asiento de ella, que comentaba inquieta con su compañera de viaje habitual si era ahí o no. Cuando fue hacia adelante para descender vio que ninguno de los que bajaban con él había viajado de vuelta. Notó que ella se había ido hacia el frente del bondi y miraba atentamente las calles.
Cuando el bondi se detuvo, el tipo bajó. Solo. Con el rabillo del ojo alcanzó a ver que alguien más bajaba. Vio que era ella y se agitó. Ella, también bastante insegura, apenas farfulló, sin mirarlo, que iba hacia el hipermercado cercano, dando una explicación que nadie había pedido. El tipo pensó en ofrecerse para acompañarla. Al instante supo que si lo hacía, no llegarían a terminar la primera cuadra antes de que se lanzara. El tipo estaba anonadado por la certeza de que no podría controlar sus impulsos. Entró en pánico. No habían hecho más que ocho o diez pasos, todavía con rumbos no determinados, casi paralelos. Estaban todavía sobre la acera, a dos pasos de cruzar. En el último segundo el tipo viró a su derecha, tomó la vereda por el medio alejándose de ella, mientras extendía el brazo y, sin mirarla, le decía "son seis cuadras derecho por allá".
Hizo las veintitantas cuadras hasta su casa a pie, tratando de recobrar la compostura. Y surgió por primera vez el germen de una idea que le pareció la única viable: ese quizá no fuera su último laburo, finalmente...

viernes, 8 de abril de 2005

GALLEGOS VERSUS AMERICANOS (*)

CONVERSACIÓN REAL GRABADA DE LA FRECUENCIA DE EMERGENCIA MARÍTIMA CANAL 106, EN LA COSTA DE FINISTERRA (GALICIA), ENTRE GALLEGOS Y NORTEAMERICANOS, EN OCTUBRE, 16 DE 1997

Gallegos: (ruido de fondo).... Les habla el A-853, por favor, desvíen su rumbo quince grados sur para evitar colisionarnos... Se aproximan directo hacia nosotros, distancia 25 millas náuticas.

Americanos: (ruido de fondo)... Recomendamos que desvíen su rumbo quince grados norte para evitar colisión.

Gallegos: Negativo. Repetimos, desvíen su rumbo quince grados sur para evitar colisión.

Americanos: (otra voz americana) Al habla el Capitán de un navío de los Estados Unidos de América. Insistimos, desvíen ustedes su rumbo quince grados norte para evitar colisión.

Gallegos: No lo consideramos factible ni conveniente, les sugerimos que desvíen su rumbo quince grados sur para evitar colisionarnos.

Americanos: (muy caliente) LES HABLA EL CAPITÁN RICHARD JAMES HOWARD, AL MANDO DEL PORTAAVIONES USS LINCOLN, DE LA MARINA DE LOS E.E.U.U., EL SEGUNDO NAVÍO DE GUERRA MÁS GRANDE DE LA FLOTA NORTEAMERICANA. NOS ESCOLTAN DOS ACORAZADOS, SEIS DESTRUCTORES, CINCO CRUCEROS, CUATRO SUBMARINOS Y NUMEROSAS EMBARCACIONES DE APOYO.
NOS DIRIGIMOS HACIA AGUAS DEL GOLFO PÉRSICO PARA PREPARAR MANIOBRAS MILITARES ANTE UNA EVENTUAL OFENSIVA DE IRAQ. NO LES SUGIERO... LES ORDENO QUE DESVÍEN SU CURSO QUINCE GRADOS NORTE!!!!! EN CASO CONTRARIO NOS VEREMOS OBLIGADOS A TOMAR LAS MEDIDAS QUE SEAN NECESARIAS PARA GARANTIZAR LA SEGURIDAD DE ESTE BUQUE Y DE LA FUERZA DE ESTA COALICIÓN. UDS. PERTENECEN A UN PAÍS ALIADO, MIEMBRO DE LA OTAN Y DE ESTA COALICIÓN... POR FAVOR, OBEDEZCAN INMEDIATAMENTE Y QUITENSE DE NUESTRO CAMINO!!!!!

Gallegos: Les habla Juan Manuel Salas Alcántara. Somos dos personas. Nos escoltan nuestro perro, nuestra comida, dos cervezas y un canario que ahora esta durmiendo. Tenemos el apoyo de Cadena Dial de La Coruña y el canal 106 de emergencia marítimas. No nos dirigimos a ningún lado ya que les hablamos desde tierra firme, estamos en el faro A-853 Finnisterra, de la costa de Galicia. No tenemos la más puta idea en que puesto estamos en el ranking de faros españoles. Pueden tomar las medidas que consideren oportunas y hacer los que le dé la puta gana para garantizar la seguridad de su buque de mierda, que se va a hacer hostia contra las rocas, por lo que volvemos a insistir y le sugerimos que lo mejor, mas sano y más recomendable es que desvíen su rumbo quince grados sur para evitar colisiónarnos.....!!!!

Americanos: Bien, recibido, gracias.

(*) Más chistes que cayeron por mail...
Sí, ya sé, ya sé, es hora de que escriba algo decente y lo postee...

lunes, 4 de abril de 2005

La venganza será terrible... (*)

García estaba emocionado con su nuevo rifle, así que fue a cazar osos.
Se encontró con un pequeño oso de color marrón y le disparó. Fue entonces que sintió un golpecito sobre su hombro y se dio vuelta para ver un gran oso negro el cual le dijo: "Tenés dos opciones, o te mato a golpes o nos entendemos con sexo".
García decidió someterse antes que perder la vida...
Aunque se sintió dolorido por dos semanas, rápidamente se recuperó y juró venganza.
Inició otro viaje para encontrar al oso negro y cuando por fin lo encontró, le disparó. Entonces sintió otro golpecito en el hombro. Esta vez un enorme oso grisáceo estaba a su derecha. Era más grande que el oso negro, y le dijo: "Esto va a dolerte más a vos que a mí, pero tenés dos opciones, o te mato a golpes o nos entendemos con sexo".
Otra vez García pensó que era mejor perder su dignidad que su vida. Aunque sobrevivió, pasaron muchos meses hasta que logró recuperarse. Ultrajado, se dirigió de nuevo al bosque con una sola meta: venganza. Logró encontrar la pista del oso grisáceo, lo ubicó y le disparó. Fue entonces que sintió un nuevo golpecito en el hombro, giró y vio un gigantesco oso polar mirándolo fijo, que le dijo:

"Aceptalo García: ¡vos no venís a cazar!".

(*) Más cuentitos que me caen por el mail.

domingo, 3 de abril de 2005

Progama MiPC: O te garco de nuevo y van...

A raíz de la aparición de esta nueva estafa publicitada como programa MiPC, pensaba decir algo, pero en este lugar ya está dicho todo lo útil que se puede decir...
Como para darles ganas de leer, un par de parrafitos:

¿Por que el estado tiene que intervenir en promocionar a estas empresas?
¿es acaso ahora una agencia de publicidad?
¿no tienen acaso que hacer cosas más importantes?

La educación es lamentable, en algunos lugares del país ni sueñan con una PC porque no saben que es, en otros ni luz tienen, o agua potable. Y este programa de venta masiva de basura informática es auspiciado por el estado?????

¿Donde quedó la supuesta movida del Gobierno Kirchnerista de pasarse al Software Libre? ¿Desde cuando Microsoft es una empresa que piensa en el bien de la gente? que yo sepa, como toda empresa, sólo piensa en SU bien. (y eso no se si está mal, una empresa surge para ganar plata, por lo general)
(...)
El gobierno de De La Rúa ya hizo algo parecido y al final casi nadie cayó en la joda ¿Caerá la gente esta vez? es probable con la maquinaria de prensa y con el dinero invertido en publicidad. Los mayores beneficiados son Microsoft, en un país donde el 80% de su software es trucho, Intel, que perdió un abismal mercado ante su rival AMD (porque los AMD son mejores, el Celeron de Intel es invendible, tienen remanentes por todos lados), las grandes cadenas distribuidoras, las cuales, en su mayoría y al igual que las dos empresas antes mencionadas... son de capital extrangero, es decir, ese dinero sale en un 70%, no se queda.

¿Quien pierde? principalmente PYMES y pequeñas empresas que arman PCs, hoy por ejemplo me detuve frente a un local que vendía un Athlon Sempron 2.4 y el resto de similares características que esta PC "barata" y costaba... exactamente lo mismo! es más, te la vendían en 6 cuotas... SIN INTERÉS!!

¿como puede ser que si te financian una compu barata sea con intereses? ¿que mierda está aportando el estado?

viernes, 1 de abril de 2005

Enfoques

El tipo viajaba en el bondi hacia su casa.
Parado donde siempre (al fondo, agarrado al pasamanos vertical), de pronto ve una carpeta con una etiqueta circular pegada que dice Shorthorn.
Por insólito que pareciera, nunca había caído en la cuenta de que aquello que desde chico escuchaba a su vieja -que al referirse a ciertas damas de tamaño respetable las definía como "tamaño shorton"- o que leía cada tanto en el diario, en la página de remates vacunos, quería decir, en inglés, cuerno corto.
Ahí se acordó de aquella vez en que alguien -que le estaba contando vaya a saber qué anécdota que no recordó- le hizo una comparación que involucraba "una C como la del logo de Carrefour".
Aquella vez, el tipo al momento perdió el hilo del relato e inquirió "pará, pará, ¿cuál C...?".
Su interlocutor, incrédulo, le contestó que "¿cómo cuál C? La del logo, adentro del rombo de carrefour..."
Más perdido todavía, el tipo se preguntó de qué rombo le estaban hablando.
Recién cuando pasó por un aviso del hipermercado, con un esfuerzo de abstracción, el tipo logró ver el rombo con la C en su interior.
Y es que, para el tipo, el logo ese siempre había representado dos flechas opuestas, una roja y una azul, lo cual era algo pleno de sentido, teniendo en cuenta que en francés, carrefour significa "encrucijada".
Mucho más loco le pareció cuando, mucho tiempo después, al contarle risueño la anécdota a un compañero de laburo, analista de sistemas como él, éste lo interrumpió para preguntarle "pará, pará, ¿cuál C...?"

Pero lo más loco de todo fue cuando, años más tarde, al referirle lo antedicho a su hermano, éste le dijo "ah, claro, como las estrellitas del logo de Multicanal, que en el medio forman la M.
Y el tipo no tuvo más remedio que preguntar "pará, pará, ¿cuál M...?"

martes, 29 de marzo de 2005

Autor anónimo (*)

Antes que Roland Barthes defendiera la idea de hacer anónimo al autor, de divorciarlo de su texto, Tuñón cumplió, acaso sin proponérselo, con la consigna barthesiana.
A modo de homenaje a Aída Lafuente, una mujer que murió peleando hasta el final, el poeta escribió La libertaria.
Tiempo después, cuando visitó España durante un congreso de escritores, en un festival folklórico escuchó cómo cantaban su poema, al que habían musicalizado. Todos repetían sus versos, “estaba toda manchada de sangre... estaba toda manchada de cielo”, y Tuñón quiso decir: “El autor soy yo”.
Pero no lo hizo.
Se acercó al escenario y preguntó: “¿De quiénes son esos versos?”.
Para su asombro le respondieron: “Anónimo, de autor anónimo”.
Tenía 32 años y ya era autor anónimo, universal.
En El poeta murió al amanecer (incluido en Canciones del tercer frente), Tuñón, que murió en 1974, anticipó cómo quería ser recordado:

“Fue un poeta completo de su vida y su obra.
Escribió versos casi celestes, casi mágicos,
de invención verdadera
y como hombre de su tiempo que era
también ardientes cantos y poemas civiles
de esquinas y banderas”.

(*)Tomado del diario de hoy

domingo, 27 de marzo de 2005

Mirando atrás: Nos siguen pegando abajo.

Con el correr de los días, el tipo y ella fueron encontrando un protocolo medianamente aceptable: hasta aproximadamente cinco metros, ni siquiera se miraban. A partir de esa distancia, no dejaban de mirarse. Por supuesto, no lograban hablarse. A duras penas cambiaban un hola lanzado a todos y a nadie y algún que otro monosílabo -si era inevitable y siempre que hubiera al menos otra persona presente-.
Durante los viajes se seguían rastreando, mientras alternativamente hacían como que charlaban con alguien, como que leían, como que dormían, o como que miraban el paisaje.
En el viaje de ida, el tipo había encontado un asiento bastante adelante, al lado de una rubiecita cuya principal virtud consistía en estar dormida ya cuando el tipo subía y dormir todo el viaje. Eso le ahorraba al tipo la incomodidad de la charla mientras tenía la cabeza en otra parte. De todos modos, cada mañana podía ver la cabeza pelirroja estirarse para verificar si subía.
En el viaje de vuelta, el tipo descubrió que había cierta ventaja posicional que se podía obtener: sentándose atrás de todo evitaba los cruces de miradas por el simple hecho de que ella debería volverse para mirarlo y no haría semejante cosa. Excepto una vez en que, sentada en el último asiento de dos se deslizó hasta casi quedar acostada en el asiento y miró hacia el tipo, que estaba en la hilera del fondo, a dos asientos. Mucho tiempo después todavía cierta ternura le entibiaba al tipo el corazón al recordar la ingenuamente desolada expresión de desconcierto de ella al verse tan en evidencia cuando justo en ese momento el tipo a su vez la miró.
El resto del día, en cualquier circunstancia, fuera en el puesto de trabajo, en el comedor, donde cada uno podía estar sentado con su grupo a quince, veinte metros de distancia, cada vez que el tipo la miraba -casi compulsivamente, hay que admitirlo-, los dos faroles a su vez lo enfocaban. Y al tipo le parecía que cada vez era más evidente para la mayoría a su alrededor.
Una mañana, alguien subió antes que el tipo y le copó el lugar junto a la rubia. Sin otra alternativa que derivar hacia el fondo, el tipo descubrió, para su sorpresa, que ella viajaba sin su compañera cotidiana. Tomó una determinación: era hora de darle un corte a todo el asunto y para eso había que socializar civilizadamente, desmitificar, digamos. Se acercó y preguntó: "Perdón, ¿puedo sentarme acá?"
Superado el desconcierto, ella -que obviamente lo vió venir por el pasillo y miraba por la ventanilla esperando que pasara de largo- dijo que sí, por supuesto...
Todo el viaje el tipo apeló a cuanta pavada se le ocurrió que pudiera servir para llenar los silencios y dar pie a algún tipo de interacción más fluída.
Ella casi no se dignó mirarlo. Sus ojos se clavaban persistentemente en el paisaje afuera y respondía prácticamente con monosílabos. A tal punto que el tipo, con los nervios de punta, llegó a la conclusión de que ella lo estaba sobrando.
Al llegar a la planta, se levantó pensando "Bueno, fangulo, si esto sigue así, ya no es culpa mía. Maldita histérica. Nadie va a poder decir que no hice el esfuerzo".
Ipso facto pensó "Ja. ¿Nadie va a poder decir...?" La ridiculez de la situación era palpable. Tan palpable como la desesperante certeza de que ninguno de los dos la quería, de que los dos se resistían, de que no le encontraban la salida.

sábado, 26 de marzo de 2005

Queda prohibido

Queda prohibido llorar sin aprender,
levantarte un día sin saber que hacer,
tener miedo a tus recuerdos.

Queda prohibido no sonreír a los problemas,
no luchar por lo que quieres,
abandonarlo todo por miedo,
no convertir en realidad tus sueños.

Queda prohibido no demostrar tu amor,
hacer que alguien pague tus deudas y mal humor.

Queda prohibido dejar a tus amigos,
no intentar comprender lo que vivieron juntos,
llamarles solo cuando los necesitas.

Queda prohibido no ser tú ante la gente,
fingir ante las personas que no te importan,
hacerte el gracioso con tal de que te recuerden,
olvidar a toda la gente que te quiere.

Queda prohibido no hacer las cosas por ti mismo,
no creer en Dios y hacer tu destino,
tener miedo a la vida y a sus compromisos,
no vivir cada DIA como si fuera un ultimo suspiro.

Queda prohibido echar a alguien de menos sin alegrarte,
olvidar sus ojos, su risa, todo,
porque sus caminos han dejado de abrazarse,
olvidar su pasado y pagarlo con su presente.

Queda prohibido no intentar comprender a las personas,
pensar que sus vidas valen mas que la tuya,
no saber que cada uno tiene su camino y su dicha.

Queda prohibido no crear tu historia,
dejar de dar las gracias a Dios por tu vida,
no tener un momento para la gente que te necesita,
no comprender que lo que la vida te da, también te lo quita.

Queda prohibido no buscar tu felicidad,
no vivir tu vida con una actitud positiva,
no pensar en que podemos ser mejores,
no sentir que sin ti este mundo no seria igual.

Pablo Neruda