domingo, 30 de enero de 2005

Wonderland

Llovía en la costa, así que el tipo aprovechó para irse de garufa por el mundo virtual.
Intentaba, como siempre, discernir los significados ocultos de las usualmente bellas metáforas, cuando de pronto los vio: justo debajo de los picos gemelos, Dios, una turra, un puto y un tipo. Pavada de wonderland. Casi, casi, el nuevo testamento entre vértigos y cornisas...

viernes, 28 de enero de 2005

Cavilaciones

El tipo volvía caminando por la costa, sobre la arena mojada, sumido en sus propias cavilaciones.
Era el atardecer de su decimocuarto día consecutivo de playa.
Observaba, como habitualmente, la fauna humana desplegada a lo largo de cuadras y cuadras de playa y tomaba apuntes mentales sobre su comportamiento y otras yerbas (recordó, entre otras cosas, que había leído hacía poco una nota de Pavlovsky en Página, que decía que solía ponerle diálogo al lenguaje corporal de las personas que veía por la calle).
El tipo avanzaba de frente al viento norte que suele azotar las playas del partido de la costa por momentos a todo lo largo, disfrutando plenamente la novedad de no sentir frío ante su embate a a esa hora, de la misma forma en que se entretenía morosamente en el mar disfrutando la novedosa sensación de no tiritar aterido ante el frío del agua y el viento aunados. Es que desde la última vez que pisó estas playas, casi diez kilos más hacían una gran diferencia. Grandiosa, podría decirse: antes el tipo era como Tarzán después de la gripe.
Revanchas que da la vida, pensaba mientras caminaba.
Y no únicamente de esa clase. La verdad era que el tipo había salido a caminar perdido en el intenso remolino de sensaciones en que lo habían sumido las cosas que le habían ocurrido durante los últimos cinco días, tarareando y silbando distraídamente todo el tiempo partes de Nene de Antes (un tema que siempre le gustó, pero que le quedó impreso en el tímpano después de escuchar a Divididos en vivo el 24) .
Es que las emociones son como el mar.
Hay que tratarlas con respeto, porque cuando se revelan en toda su intensidad, bajo la calma aparente pueden ser inmanejables y ahogar al más pintado. Por más ducho que hubiera sido el tipo para mantenerlas a buen recaudo durante mucho tiempo.
Es que al tipo últimamente solían ocurrirle cosas inesperadas y un tanto asombrosas.
En fin. Que el tipo venía pensando en que quizás en algún tiempo, cuando ya no rozaran partes sensibilizadas, debería encontrar la manera de relatar en forma interesante hechos que -al margen de su entidad propia y específica, ora gratificante, ora inquietante, siempre sorprendente- eran, como la fiebre, síntomas que revelaban cuestiones algo más profundas.
Incluso el tipo pensó en mechar algo de ficción en el relato, para no quedar tan en evidencia, ni con las sensaciones a flor de piel ni como el flor de salame que se venía sintiendo de a ratos...
En eso andaba el tipo, cuando del mar aparece un caniche cachorrito, modelo económico, de no más de treinta centímetros de eslora, con una cabeza de payaso anaranjada entre los dientes.
El minúsculo can se para dos metros más adelante y justo, justo cuando el tipo lo alcanza, decide escurrirse el agua como sólo los perros saben hacerlo, retorciéndose desde el hocico hasta la punta de la cola.
"Un refrescante baño de realidad alternativa, podría decirse" -pensó el tipo y siguió su camino.

miércoles, 19 de enero de 2005

Síndromes de vacaciones

Después de seis años, el tipo se iba de vacaciones.
El día indicado a la hora indicada, se bajó del taxi con toda la family y se apropicuó a las plataformas indicadas para tomarse el bondi hasta Mar de Ajó.
El bondi, finalmente, salió media hora tarde.
Arriba del mismo (piso superior) fue donde el tipo descubrió que había sacado semi-cama. "Ah!" -pensó- "por eso me salieron más caros...". Sep. Colgado, como de costumbre.
No termina de salir el bondi, cuando de algún lado empieza a sonar una musiquita conocida.
"Maiajuuu, maiajaaa...". El tipo, la jermu y sus hijos, todos mirando para todas partes, a ver de dónde cazzo venía el asunto, sin poder sacarse de la cabeza la imagen del gordito fiestero...
En fin, que se rieron un buen rato...
Al final, el viaje de cinco horas y un ratito, se extendió a algo más de seis, porque llovía.
Ya en el depto alquilado, un par de días después el tipo dijo que eso era el síndrome de Callejeros, que los hacía a todos más cautos. (A los ferchos y empresas, que viajan más despacio, y a los pasajeros, que no se quejan por la demora).
Su hija (que se casó hace un mes, se fue de viaje al norte argentino, volvió y no tuvo mejor idea que darle recreo al dorima recién estrenado y caer de visita por cuatro días, antes de empezar a laburar de nuevo) lo corrigió. " Ese es el síndrome de Cromañón. El síndrome de Callejeros es otra cosa...".
Ante la cara de supina ignorancia del tipo, la hija aclaró: "el síndrome de Callejeros es el renacimiento de la mística del rock nacional".
Pfaaaaaaa! Será?

domingo, 9 de enero de 2005

De te fabula narratur (*)

El viernes pasado, el tipo se encontró con un amigo. Uno de esos saludos findeañeros atrasados.
Cuando salió del boliche, cerca de la una, no se le ocurrió mejor idea que irse a pata unas veinte cuadras hasta el banco donde tenía que pagar una cuota. Había -supo después- 42º de sensación térmica. En el preciso instante que entró, un violento aire frío le estrujó la tráquea. Puteando controló la respiración lo mejor que pudo y trató de aclimatar su sudoroso cuerpo al frío polar del lugar. ¿Quién no sabe que eso es dañino para la salud de los cientos de miles de giles que entran y salen una y otra vez de esos sitios refrigerados? ¿No se podría considerar tal situación y, en lugar de poner chorros de aire frío a la entrada para que contrarresten la pérdida de la apertura constante de puertas, hacer al revés y reducir gradualmente la temperatura a medida que uno se adentra en el ambiente? Bueh, andá a cantarle a Gardel.
Venía el tipo cavilando sobre el tema cuando, al llegar a la esquina, una hermosa van Chevrolet de esas nuevecitas se detuvo intempestivamente obstruyendo 3/4 partes de la senda peatonal por la que el tipo debía cruzar. Ya de mal talante, el tipo rodea el vehículo con ánimo de mirar fijo al conductor y mandarlo a... bueno, ahí -y por la ventanilla no se podía, porque estaba totalmente polarizada-. Pero se le congela la puteada en la boca, cuando ve que la conductora, una señora cuarentona, bastante gordita, conversa animadamente mientras sostiene con su mano izquierda a una criatura de no más de dos añitos que lleva sentada de costado sobre su pierna izquierda, entre su pecho y el volante.
Ya francamente consternado, el tipo camina otras cuatro o cinco cuadras. Llegando a un autoservicio, ve salir un nenito de unos tres o cuatro años con una sillita para sentarse en la vereda. Detrás de él, otra criatura alrededor de la misma edad, viene forcejeando con un bidón lleno, de esos de 3 o 4 litros, que el tipo calcula tendrá agua. Cuando llega hasta los chicos, ve el bidón, frena en seco y mete la cabeza en el local y pregunta "eso realmente ES lavandina?!!", justo para ver a una señora que ya viene corriendo, gritándole al nene.
Dos cuadras más adelante, patea la cubierta de goma de un cable de esos que usan para alimentar la electricidad de las farolas esas que ponen en la vereda los restaurantes.
Comenta al respecto al llegar al laburo, diciendo que si eso se moja, hace corto y puede electrocutar a cualquiera. "Justamente algo así pasó en casa el fin de semana:"-dice uno de sus cumpas- "se mojó un cable de la vereda, hizo corto, y nos quedamos sin luz tres manzanas a la redonda".
Entonces escuchó por enésima vez en la radio, la televisión, los diarios y el bondi la exigencia de que se encuentre a los culpables del incendio de Once.
Se quedó pensando que, grosso modo, el espejo no sería un mal lugar para empezar...


(*) Quid rides? Mutato nomine de te fabula narratur.
O: De qué te reís? Cambiando el nombre, el cuento habla de vos.

Tóquese algo, maestro...

El tipo está sentado leyendo post viejos del blog de otro.
Mala onda, reciente discusión absolutamente al pedo, totalmente evitable.
Mastica bronca pero se va riendo a medida que lee.
De pronto, en la radio arranca Nene de Antes.
Extático, el tipo se desembaraza de la notebook que tiene en la falda, acomoda la fuckin antenita del equipo, sube graves, reorienta bafles y aguza el oído para no perderse una nota de ese bajo fascinante.
Recupera la notebook, posa la mirada perdida en las letritas del blog, pero no lee.
Piensa fugazmente: "es al pedo, no puedo leer y escuchar esto al mismo tiempo".
Cuando viene sintiendo el estómago en la boca mientras se desliza por la montaña rusa del bajo, pasa el afilador por la vereda de enfrente y toca su agudísimo pitito.
El tipo todavía está tratando de despegarse el tímpano del hipotálamo.

sábado, 8 de enero de 2005

...y el tiempo no para

La vieja del tipo se había quedado a apoliyar, porque estaba a mitad de una mudanza. La mañana siguiente, mientras esperaba que le avisen que era la hora de ir a entregar su viejo depto, se sentó en el living junto al tipo, mientras éste leía el correo y los diarios por internet.
Escuchó los comentarios entre el tipo y su jermu, acerca de los dos compañeritos de su sobrinita que perdieron la vida en Cromañon.
Entonces contó que una compañera del centro de jubilados perdió ahí a su nieto. "Y era la super-abuela, la pobre, vivía pendiente del nieto", contó la vieja.
Y que, cuando al chico lo velaban, en el velatorio apareció el policía que lo había sacado, que se abrazó con los padres y, llorando, les pidió disculpas por no haberlo podido sacar antes.
El tipo, que el día anterior había estado pensando en un último post sobre el tema, se resignó a que todavía era probable que hubiera más antes del último, pensó en este y en la frase para cerrarlo.
Ante su estupor, la vieja terminó su relato con prácticamente la misma frase.
"Yo pienso que esto va a ser un hito. Va a haber un antes y un después de esto", dijo, con un dejo de esperanza en la voz.
Y sigo lagrimeando.

jueves, 6 de enero de 2005

Feliz 2005...

Bueno, una nota de color entre tanta densidad que todavía parece que se respira.
Más cosas que me mandan por internet.
Esto no tiene desperdicio.
Que lo disfruten.
De nada.

Ah! Esperen que el contador llegue a cien. No se impacienten.

miércoles, 5 de enero de 2005

Llamado a la solidaridad

El tipo se sentó a la máquina con un texto pre-escrito en mente.
La única duda que lo acosaba era si el lugar para ponerlo era éste, o el foro del grupo Callejeros. La realidad definió el asunto: al foro fue imposible acceder. Debía estar colapsado.

Ante ese hecho, el tipo decidió dedicarse a leer los diarios, y se topó con esta excelente notita, que resolvía la mayor parte de lo que estaba pensando.

Lo único que al tipo le quedaba agregar era el llamado a la solidaridad.
No solidaridad con los pibes callejeros, sino de los pibes callejeros.

Hay mucha gente, aparte de los que menciona la nota del diario, que está sinceramente interesada en ayudar.
Pero no sabe cómo.
Gente que no tiene ni puta idea de cómo es toda la movida de los recitales, que nunca fue a uno, que nunca se interesó siquiera en el tema.
El post del tipo del 31 es un claro ejemplo.
Leyéndolo sólo 4 días después salta a la vista todo lo que el tipo no sabía cuando lo escribió.
Algo insinuó Vir en su comment.

Como sea, hay profesionales y gente del común bien intencionada, con saberes que les pueden ser útiles, pero que no tienen idea de cómo llegar a ustedes.
Muchos han estado participando de las asambleas y les preocupa y les duele que los pongan afuera junto con el resto.
Esa gente se siente -nos sentimos- también culpables en alguna medida.
Aunque no tengan -tengamos- responsabilidades directas, ni nuestros hijos hayan sido seguidores del grupo.
Tienen -tenemos- un profundo sentimiento de culpa colectiva.
Así como ustedes se preguntan, seguramente, cómo ninguno pensó en parar a los que podían causar un desastre, la mayoría también se hace -nos hacemos- similares preguntas.
¿Cómo dejamos que pasara algo así?
¿Cómo no vimos hacia dónde se desbarrancaba esto?.

A los que se acerquen no los rajen en bloque.
Evalúen a cada uno y actúen caso por caso. Ayúdenlos a ayudarlos.
Mírenlos a los ojos.
Mezclen su emoción, su bronca, su dolor, su impotencia. Eso no falla.
Al menos yo, todavía hoy, escribiendo esto, lagrimeo inconteniblemente.


Post-post: Creo que es útil que lean el último post de Vir.

martes, 4 de enero de 2005

ju ui ar...? (*)

Hace algunos años, al tipo se le dio por conseguirse el permiso de un gurú de la informática, para armar un sitio de internet que fuera la traducción al español del de dicho gurú.
Por esas casualidades de la vida, para esa época retomó contacto con un viejo conocido local que era también admirador del antedicho gurú, pero además no era un autodidacta improvisado como el tipo, sino que, él sí, era un académico hecho y derecho. Con cargos en una universidad privada y ayudante de cátedra o algo así en una universidad pública, incluso.
El susodicho, a su vez, también andaba por su lado tratando de impulsar por estas pampas las teorías del gurú con su propio emprendimiento.
Así que el tipo sumó dos más dos y decidió proponerle aunar fuerzas y laburar en la traducción de los textos y páginas.
Se juntaron a tomar un feca. Una vez que el tipo hizo su propuesta, el otro lo miró con cara de absoluto desconcierto y preguntó -genuinamente sorprendido- "¿y para qué?".
El tipo argumentó que hay muchos jóvenes estudiantes, incluso de informática, que no la pasan bien lidiando con el inglés. La respuesta del académico fue: "hoy en día, todos saben inglés. y si no saben, que se arreglen".
No, no tenía 80 años. A gatas debía arañar los 30...

Ya varios años antes, cuando el tipo robaba haciendo como que laburaba en cierta repartición oficial (cuando recién empezaba a oirse hablar por estas pampas de algo que se llamaba WWW a lo que se accedía con Mosaic o Netscape y Microyasaben tardaba quince días en responder un fax de pedido de soporte), se vio involucrado en el diseño de un nuevo sistema interactivo. Luego de las reuniones de rigor para definir el alcance, determinar las capacidades, evaluar las herramientas, etc., etc., uno de los participantes se encargó de elaborar un borrador de propuesta formal para elevar a las autoridades. El tipo agarró su borrador y empezó a leerlo, haciendo las consabidas anotaciones al margen, correcciones de estilo, etc. Una de las cosas que corrigió era la línea en el resumen inicial que, refiriéndose al proyecto, decía algo así como "la interfaz bla bla bla nickname Nombredelproducto...".
El tipo eliminó la palabra en inglés y puso "apodada".
El otro, cuando leyó el documento terminado, vino a agradecerle al tipo y le dijo "vos sabés que me pasé casi 15 minutos tratando de acordarme cómo se decía en castellano...".
Y mirándo al tipo con cara compungida pero cómplice, terminó:

"Es que yo ya estoy culturalmente violado".

(*) Inspirado en el post de hoy de Mantantiruland.
No daba para un comment.

sábado, 1 de enero de 2005

Teoría de Los Buenos Deseos

Que no te falte tiempo
para comer con los amigos
partir el pan,
reconocerse en las miradas.

Deseo que la noche
se te transforme en música
y la mesa en un largo
sonido de campanas.

Que nada te desvíe,
que nada te disturbe
que siempre tengas algo
de hoy para mañana

y que lo sepas dar
para regar las plantas
para cortar la leña,
para encender el fuego,
para ganar la lucha,
para que tengas paz.

que es la grave tarea
que me he impuesto esta noche
hermano mío.

Hamlet Lima Quintana