martes, 29 de marzo de 2005

Autor anónimo (*)

Antes que Roland Barthes defendiera la idea de hacer anónimo al autor, de divorciarlo de su texto, Tuñón cumplió, acaso sin proponérselo, con la consigna barthesiana.
A modo de homenaje a Aída Lafuente, una mujer que murió peleando hasta el final, el poeta escribió La libertaria.
Tiempo después, cuando visitó España durante un congreso de escritores, en un festival folklórico escuchó cómo cantaban su poema, al que habían musicalizado. Todos repetían sus versos, “estaba toda manchada de sangre... estaba toda manchada de cielo”, y Tuñón quiso decir: “El autor soy yo”.
Pero no lo hizo.
Se acercó al escenario y preguntó: “¿De quiénes son esos versos?”.
Para su asombro le respondieron: “Anónimo, de autor anónimo”.
Tenía 32 años y ya era autor anónimo, universal.
En El poeta murió al amanecer (incluido en Canciones del tercer frente), Tuñón, que murió en 1974, anticipó cómo quería ser recordado:

“Fue un poeta completo de su vida y su obra.
Escribió versos casi celestes, casi mágicos,
de invención verdadera
y como hombre de su tiempo que era
también ardientes cantos y poemas civiles
de esquinas y banderas”.

(*)Tomado del diario de hoy

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