viernes, 9 de diciembre de 2005

Entre las cuerdas

Me enredaste. Me enredaste en mí. En mi mismo enredo.
No fue a traición, pero fue de improviso.
Tendrías un plan. Pero mi desconcierto, pienso ahora, lo desbarató.
Te empujé con el sabor amargo de mi desconcierto, supongo, al sabor amargo de tu laberinto.
Cuando pude reaccionar ya estabas en el brete.
Es que a vos te gustaba que te mientan un poquito y yo no miento.
Vos pareciste resignarte a tu laberinto y yo de los laberintos salgo por arriba.
Vibramos al mismo tiempo pero sin concierto.
Lo que pudo ser un arpegio fascinante fue dos melodias sonando armónicas pero en compases distintos. O un contrapunto.
Pero eso no es lo más importante.
Tañiste un instrumento que había estado mudo mucho tiempo.
Y todavía estaba afinado.
Gracias por eso.

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