viernes, 3 de diciembre de 2004

¿Qué vas a ser cuando seas grande, Má...?

El día que a la vieja le dio el "dolorcito entre el pecho y la espalda", después de esperar bastante más de veinte minutos que saliera de hacerse el electro, apareció una enfermera y le dijo al tipo: "la señora está bien, pero el clínico quiere que la vea el cardiólogo, así que va a tener que esperar. Puede pasar".
El tipo pasó y la vió, acostada en la camilla de uno de los cubículos.
Otro rato esperando y aparece el cardiólogo. Repite punto por punto el interrogatorio de la doctorcita de la prepaga, y le recomienda exactamente lo mismo: respeto a la dieta (en lo posible, que ese día directamente no coma nada) y en vista de lo acontecido, estricto reposo.
"Hay dos alternativas:" -dice- "dejarla en observación, o dejarla ir, pero que haga lo que debe". Y se va.
La vieja, que estaba empezando a considerar que la vio cerca, hizo un comentario... ¿distractivo?: "qué querrá decir reposo, para el doctor...?".
Al tipo le quedaba poco aguante, así que le dijo que le preguntara al tordo.
"De la cama al sofá y del sofá a la cama", le contestó.
La vieja se vistió y salieron.
En la calle, la vieja amagó: "acá a unas cuadras pasa el colectivo".
El tipo le preguntó si estaba del tomate, y la hizo subir a un taxi.
A las diez o quince cuadras, el tipo escucha estupefacto que la vieja dice: "ahora llego, me termino de preparar la ensaladita, y me la como con un bifecito".
Ahí el tipo le dijo al tachero: "cuando agarre San Juan, a una cuadra está la estación del subte. Pare que tengo que irme para otro lado".
Se bajó y se fue a lo de su amigo, justo a tiempo para evitar estrangularla con el cinturón de seguridad.

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