domingo, 19 de diciembre de 2004

Bien mirado...

Es sabido que las estadísticas indican que la mayoría absoluta de los especímenes masculinos, interrogados sobre qué es lo primero que miran en una mujer, se divide entre sus turgencias anteriores superiores y sus turgencias posteriores inferiores (los pechos o la cola, bah...).
Ante la misma pregunta, casi el mismo porcentaje de féminas que el total de especímenes masculinos abarcados por el párrafo anterior, dice que a los tipos les mira los ojos.
Esto ha dado pábulo al surgimiento de multitud de interpretaciones acerca de la espiritualidad femenina, que -vea usté- busca el reflejo del alma en los ojos de los especímenes masculinos, mientras que estos, conducidos por la cabeza equivocada, no piensan más que en "eso"(?).
Pues bien, el tipo descubrió que no es así.

El tipo tiene la costumbre de hacer largas caminatas. Desde su casa hasta el centro o visceversa, de su casa hasta Flores (al laburo) o visceversa, desde su casa hasta el Puente Pueyrredón (a lo de su vieja) o visceversa. En esas caminatas, el tipo disfruta a pleno la grata visión de la fauna femenina con la que se cruza. Y después de unos cuantos años de caminatas y evaluaciones, el tipo terminó por elaborar una teoría personal:

Las féminas suelen sopesar la carnalidad de los especímenes masculinos con la misma fruición que ellos, sólo que desde más lejos. Cuando llegan a la distancia a la cual, a su vez, son evauladas, ellas, efectivamente, miran a los ojos de los especímenes masculinos. El tipo ha comprobado esto personalmente y observando miles de esos cruces de féminas con otros especímenes.
Pero el tipo también ha comprobado que si en ese momento, a su vez, las mira franca y directamente a los ojos -como para facilitarles el trabajo, vió-, la gran mayoría de las féminas mirarán para otro lado abruptamente, como sorprendidas en falta.
Y después de mucho cavilar, llegó a una conclusión: las féminas, competitivas y autoexigentes hasta el agotamiento, cuando miran a los ojos de los tipos en esos cruces no están buscando su espíritu (el de ellos, ¿no?). Bueno, no solamente, ni principalmente, al menos.
Lo que están registrando y apuntando metódicamente, es a qué parte de su anatomía se va dirigiendo la mirada de los especímenes masculinos, y en qué orden.
Qué conclusiones sacarán de eso, qué tan acertadas serán y qué uso les darán, escapa a la pobre y masculina comprensión del tipo. Pero casi se las puede oír, pensando "Ajá, bien... mirá ahí, see. Ahora, mirá esssooo, vamos. No, no, nabo, ¿por qué me habrá mirado la...?"

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