lunes, 29 de noviembre de 2004

Casualidades

El paso del tipo por la Empresa estuvo signado –entre otras cosas más relevantes y perdurables- por varias casualidades:

* El jefe del tipo se crió a la vuelta manzana de su casa.
* Uno de sus compañeros hizo toda la secundaria con uno de sus mejores amigos.
* Otro estudió en el mismo industrial al que el tipo concurrió de noche.
* Una compañera se lo encontró en colectivo y horario completamente inusuales para ambos, máxime considerando que ella estaba fuera de su rumbo cotidiano y el tipo se fue a tomar un bondi que se le piantó y se conformó con ese.

Bueno. Un día, cuando ya no laburaba en la Empresa, el tipo –hijo atento y cariñoso- se fue con su vieja a Rodó, en San Juan y Boedo, para elegir una nueva heladera para ella.
Aclaremos que, en realidad, la cita original era para dos días antes, pero el encuentro fue postergado en el último minuto.
Luego de los usuales trajines y una vez resuelta la selección y compra, el tipo, que ya pensaba rajar para el laburo, escucha a su madre que le dice “Vamos hasta la esquina, que quiero ir al baño. Pedite un par de cortados, en todo caso, porque si no, no te lo dejan usar”.
Dicho y hecho, cortado para la vieja y –ya que estaba- capuchino para él mediante, el tipo pierde otros 40 minutos no previstos.
Finalmente salen. Cuando la vieja se va a tomar el 53 en dirección a Constitución y él se va a ir hacia Carlos Calvo a tomarlo en la otra, cae en la cuenta de que ahí nomás, a 4 cuadras, pasa el 134, con lo que la vieja se ahorra un boleto.
Allá van, hacia la parada del 134 que va para la provincia.
El tipo espera el bondi, la vieja se sube. Él se va una cuadrita más, a tomar el 134 pero para Flores.
Llega a Boedo y Garay –destino inusual para él- y cuando está dando vuelta a la esquina, ¿quién está justo, justo, esperando para entrar al cajero automático del banco?
L.
Que desde el primero del mes está de licencia por maternidad y que, para más datos, cuenta, acaba de mudarse.
A 8 cuadras de la casa del tipo, literalmente a la vuelta manzana del gimnasio al que el tipo concurre.
Ahora, se pregunta uno, ¿cuáles serían las probabilidades de que en ese exacto instante en que el tipo pasa por esa esquina inusual, L. esté justo ahí, y no llegando, o yéndose, o adentro del cubículo del cajero…?
Si se acababa de mudar, ¿no sería mucho, pero mucho más probable que se la cruce cualquiera de los tres días de la semana en que va al gimnasio a 150 metros de la nueva casa de L…?

En fin, en tiempos en que la humanidad era (más) ignorante, este tipo de cosas alimentaba el misticismo.
En estos tiempos, en el peor de los casos, podría alentar cierta paranoia.
En el mejor, alienta a escribir estas huevadas…

3 comentarios:

peluca dijo...

nada es casual, nada

el_tipo dijo...

Ok. Peluca: Guau! First comment ever.
Lastima que no se ve. Me llegó por mail.
No creo que nada sea casual.
Hay de todo, vio.

el_tipo dijo...

I'm lost. Ahora se ve todo...
(??)