Mirando atrás: ¿Qué hago acá?
La segunda imagen que el tipo tenía grabada correspondía a un almuerzo. Recién llegado, el tipo había sido invitado a sumarse al tradicional morfi findeañero. Había aceptado ipso facto, ya que en esos eventos es donde uno empieza de a poco a romper el cubito -Ginzburg dixit- con sus nuevos cumpas de laburo. Desorientado como adán el día de la madre, el tipo montó en un vehículo al que le ofrecieron agregarse y aterrizó en el lugar elegido. La misma alma caritativa que lo llevó, lo ubicó cerca suyo en la mesa, donde el tipo todavía no distinguía pato de gallareta en el gentío. El tipo se levantó, plato y tenedor en mano, para ir a saquear alguno de los bien surtidos mostradores del tenedor libre cuando, entrando por el medio del salón, volvió a chocar con esa mirada intensa y altiva que, esta vez, vaciló por un segundo al cruzarse con la suya, que también vaciló. Dando gracias por la distancia que los separaba y maldiciéndose por su falta de aplomo, se dirigió a por el morfi. El tipo vo...