domingo, 20 de febrero de 2005

Referendum

El tipo había retornado de las vacaciones con nuevos bríos, así que decidió retomar el hábito de caminar cada tanto de casa al trabajo, o del trabajo a casa.
Así fue que el tipo se encontró trajinando el recorrido Flores, Caballito, Almagro, Parque Patricios.
Una de las primeras cosas que el tipo notó fue la recurrente aparición de cintas de variado material, portando en un extremo un noble cuadrúpedo y en el otro un despistado bípedo.
A lo largo de unas cuantas cuadras, cada vez que el tipo quería adelantar alguno de esos conjuntos en movimiento, se veía en el peligro de ser llevado por delante por alguno de los animalitos en cada extremo de la cinta, o de quedar atrapado en los pliegues de la misma.
Ni qué hablar del cuidado accesorio (para no pisar regalitos) que el tipo debió agregar al que ya demandan los diversos baches, baldosas flojas que tiran agüita cuando uno las pisa, bolsas de basura rotas y etcéteras varios. O del agregado riesgo de quedar atrapado en alguna animada y espontánea discusión iniciada por algún par cualquiera de nobles cuadrúpedos saludándose al cruzarse...
En fin, tantas veces se repitieron distintas variantes de estas circunstancias, que el tipo no pudo menos que preguntarse qué cazzo estaba pasando.
Una probable respuesta es que se esté asistiendo al resultado buscado por todos los salames que durante el pico más álgido de la psicosis de seguridad se dedicaron a comprar cachorros de perros grandotes sin pensarlo demasiado. Ahora resulta que los nobles brutos crecieron, y andan por la calle flameando a sus propietarios/as de arbolito en arbolito sin que éstos/as atinen a poner un poco de orden (¿querrán?).
Ni hablar de hacerse cargo de otros detalles nimios, como podría ser el bozal, la obligación de portar palita y/o guantes para hacerse cargo de sus propias cagadas -literalmente!-, etc.
Y eso sin considerar a los que ni siquiera correa portan...
Por eso es que al tipo se le ocurrió que habría que iniciar una recolección de firmas para pasar una ley por la cual se multe debidamente a todo noble cuadrúpedo que salga a la calle sin su bozal y sin su bípedo correctamente uncido al otro extremo de la correa, debidamente munido de palita y/o guantecitos para recoger lo que ellos depositan en los suelos de la ciudad.
Es hora que los nobles cuadrúpedos respondan de una vez por las irreponsabilidades de sus despistados y desconsiderados súbditos bípedos.
Ya basta de tanto animal suelto.

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